Historia de Sansui: del transformador al mito de la alta fidelidad japonesa

Hablar de Sansui es hablar de una de las marcas que contribuyeron a convertir la alta fidelidad japonesa en una referencia mundial, pero también de una empresa cuya historia refleja como pocas la transformación de la industria electrónica durante la segunda mitad del siglo XX. Desde sus orígenes como fabricante de transformadores, Sansui desarrolló una filosofía basada en la calidad de la construcción, la investigación y la búsqueda de una reproducción sonora cada vez más fiel, principios que alcanzarían su máxima expresión durante la edad de oro del audio japonés. Sus amplificadores, receptores y componentes llegaron a convertirse en objetos de culto entre los aficionados, gracias a una combinación de ingeniería, prestaciones y una construcción que todavía hoy despierta admiración. Sin embargo, la evolución del mercado, las decisiones empresariales, la diversificación y los profundos cambios de la industria terminarían llevando a la compañía por un camino muy diferente. Esta es la historia de Sansui: desde aquellos primeros transformadores hasta los grandes amplificadores que hicieron legendario su nombre y, finalmente, hasta la desaparición de la empresa que los creó.

Amplificador integrado Sansui AU-919
Sansui AU-919. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)

Parte 1: La historia de Sansui: del transformador al mito

Antes que nada queremos expresar nuestro agradecimiento a Silvio Pomar de Hifiman, gran conocedor de la mítica marca japonesa además de importador para la Argentina de firmas de prestigio como McIntosh o Accuphase. Sin su colaboración este reportaje no habría sido posible.

Sansui antes de ser Sansui

Cuando hoy se pronuncia el nombre de Sansui, es difícil no pensar inmediatamente en grandes amplificadores japoneses, enormes transformadores, paneles de aluminio y aquellas características letras doradas que durante los años sesenta y setenta se convirtieron en sinónimo de alta fidelidad. Sin embargo, la historia de Sansui comenzó mucho antes de que la compañía fabricara su primer amplificador. Su origen está en un pequeño taller de Tokio dedicado a una pieza que, aunque pueda parecer mucho menos atractiva que un amplificador, terminaría siendo fundamental para comprender la filosofía técnica de la marca: el transformador.

En diciembre de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, Kōsaku Kikuchi puso en marcha en Yoyogi-Uehara, Tokio, un pequeño negocio dedicado a la fabricación de transformadores y componentes eléctricos. Kikuchi había trabajado anteriormente como empleado de un distribuidor de componentes para radio y había comprobado de primera mano la irregular calidad de algunos de los materiales disponibles en aquella época. Su respuesta fue crear su propia empresa y fabricar aquello que consideraba que no estaba encontrando en el mercado con el nivel de calidad que buscaba.

Aquella decisión quedó resumida en una filosofía empresarial que acompañaría a Sansui durante buena parte de su historia: hacer productos de mayor calidad aunque eso significara que tuvieran un precio más elevado. No era todavía una declaración relacionada con la alta fidelidad, porque Sansui ni siquiera había llegado a ella, pero sí establecía una forma de entender la fabricación que más tarde resultaría esencial para explicar por qué sus amplificadores adquirieron semejante reputación. Una historia publicada por la propia compañía en los años ochenta recordaba además que el nombre Sansui —山水, «montaña y agua»— fue elegido por Kikuchi asociando la montaña con la fortaleza y el agua con la belleza, la claridad y el movimiento.

En junio de 1947, aquella pequeña empresa se transformó oficialmente en Sansui Electric Co., Ltd. El cambio no fue únicamente administrativo. La compañía comenzaba a sentar las bases para pasar de ser un fabricante de componentes destinados a otros equipos electrónicos a desarrollar productos propios. En sus primeros años continuó trabajando fundamentalmente alrededor de los transformadores y otros componentes eléctricos, suministrando material a fabricantes de mayor tamaño. Una investigación reciente basada en documentación empresarial japonesa señala, por ejemplo, que entre sus clientes llegaron a encontrarse compañías como Sony, NEC, JVC, Matsushita y Toshiba.

Y aquí aparece uno de los elementos que más nos interesa para comprender todo lo que vendrá después. Sansui aprendió primero a fabricar la pieza que proporcionaba energía a un equipo de audio antes de intentar fabricar el equipo de audio completo. Durante aquellos primeros años desarrolló una experiencia considerable en transformadores, incluyendo transformadores de salida para equipos de radio y posteriormente transformadores destinados a otras aplicaciones electrónicas. Esa especialización terminaría proporcionando a la compañía un conocimiento que tendría una enorme importancia cuando decidió entrar en el mundo de la amplificación.

La transformación comenzó a producirse a mediados de los años cincuenta. En 1954 Sansui empezó a fabricar amplificadores y kits de amplificación basados en válvulas, incluyendo sus primeros modelos HPR-100 y HF2A3S. Dos años después, la tecnología de amplificación de Sansui ya se incorporaba a un receptor, y en 1958 la compañía presentó sus primeros conjuntos estéreo de preamplificación y amplificación a válvulas.

Kōsaku Kikuchi, fundador de Sansui.
Kōsaku Kikuchi, fundador de Sansui.

La era de las válvulas

A mediados de los años cincuenta, Sansui comenzó a dar el paso que acabaría transformando por completo la identidad de la compañía. Después de una década dedicada principalmente a los transformadores y otros componentes eléctricos, en 1954 comenzó a fabricar amplificadores a válvulas, tanto en forma de kits de preamplificación y amplificación de potencia como en equipos terminados. Entre los primeros modelos que la propia Sansui recuerda en su documentación histórica se encuentran el HPR-100 y el HF2A3S, presentados aquel mismo año.

La elección tenía mucho sentido. La experiencia acumulada durante años en la fabricación de transformadores había proporcionado a Sansui un conocimiento especialmente valioso para la construcción de amplificadores a válvulas, en los que los transformadores de alimentación y, sobre todo, los transformadores de salida desempeñaban un papel fundamental. La propia compañía resumiría años después aquella filosofía diciendo que, mediante la mejora de la calidad de sus transformadores y de sus tecnologías, buscaba conseguir una reproducción del sonido más natural y musical. La alta fidelidad no iba a ser para Sansui simplemente una nueva línea de productos: era la aplicación de conocimientos que la empresa ya dominaba.

La evolución fue rápida. En 1956, Sansui ya había incorporado su tecnología de amplificación a válvulas a receptores de radio, y dos años más tarde llegó uno de los primeros grandes hitos de su historia: la presentación de su primera generación de electrónica estéreo a válvulas. El SP-220 se convirtió en su primer preamplificador estéreo y el Q-3535 en uno de sus primeros amplificadores de potencia estéreo. La documentación histórica de la marca sitúa precisamente en 1958 la introducción de sus primeros preamplificadores y amplificadores de potencia estéreo a válvulas.

Aquello ocurría en un momento en el que el estéreo doméstico todavía estaba dando sus primeros pasos. Por eso estos equipos tienen una importancia que va mucho más allá de ser simplemente los primeros Sansui con dos canales. La compañía estaba entrando en un mercado que todavía estaba definiendo sus estándares, y lo hacía con una experiencia particular: sabía fabricar los componentes que estaban en el corazón de un amplificador y comenzaba a desarrollar también la electrónica que los rodeaba.

La apuesta por la alta fidelidad empezó además a adquirir una dimensión internacional. A finales de los años cincuenta Sansui comenzó sus primeras exportaciones y la compañía tenía una ambición considerable para una empresa japonesa que apenas llevaba unos años fabricando equipos de audio: Kōsaku Kikuchi quería que sus productos de alta fidelidad pudieran competir con las grandes referencias estadounidenses de la época, entre ellas Fisher y H. H. Scott.

En 1959 Sansui amplió todavía más su catálogo con nuevos componentes estéreo, entre ellos el preamplificador SM-88 y el receptor SM-20, mientras la empresa experimentaba ya un crecimiento extraordinario. La compañía que había comenzado quince años antes en un pequeño taller de Tokio se estaba convirtiendo rápidamente en un fabricante de electrónica de consumo con ambiciones internacionales.

Y aquí empieza a aparecer una característica que acompañará a Sansui durante toda su trayectoria: la búsqueda de la calidad no se limitaba a un determinado tipo de tecnología. Las válvulas eran el camino disponible en aquellos años, pero Sansui no tardaría en enfrentarse a una revolución que cambiaría para siempre la electrónica: el transistor.

La compañía entraría en los años sesenta con una reputación creciente y con una decisión que acabaría marcando el siguiente gran capítulo de su historia. La Sansui de las válvulas estaba a punto de dejar paso a la Sansui del estado sólido.

Sansui Q-3535 stereo power amplifier.
Amplificador de potencia Sansui Q-3535

El salto a los transistores

A comienzos de los años sesenta, la industria del audio estaba entrando en una nueva etapa. Las válvulas seguían ofreciendo excelentes resultados y Sansui continuaba perfeccionando su tecnología, pero los transistores prometían equipos más compactos, menor consumo, mayor fiabilidad y nuevas posibilidades de diseño. Para una empresa que llevaba dos décadas trabajando con transformadores y amplificación, aquello no significaba abandonar su experiencia anterior, sino trasladarla a una tecnología completamente diferente.

Sansui comenzó a experimentar con los semiconductores mientras todavía desarrollaba algunos de sus amplificadores a válvulas más importantes. Un buen ejemplo es precisamente el AU-111, presentado en 1965: aunque seguía siendo un amplificador a válvulas, su circuito de entrada de fono ya utilizaba semiconductores para mejorar la relación señal/ruido. Ese mismo año, la compañía presentó el TR-707A, un receptor estéreo transistorizado destinado al mercado de exportación.

El paso definitivo llegó poco después. En 1967 Sansui presentó el AU-777, su primer amplificador integrado basado en transistores de silicio, un modelo que tendría una importancia especial en la evolución posterior de la marca. Ese mismo periodo también vio aparecer otros componentes de estado sólido, mientras la compañía iba dejando atrás progresivamente las válvulas como tecnología principal de sus amplificadores.

El cambio no consistía simplemente en sustituir una válvula por un transistor. La nueva tecnología permitía replantear por completo la arquitectura de los equipos. Los amplificadores podían hacerse más compactos y eficientes, pero también podían diseñarse con mayores márgenes de potencia y con circuitos de realimentación y corrección mucho más sofisticados. Para Sansui, además, suponía una oportunidad para aplicar a la electrónica de estado sólido algo que ya formaba parte de su identidad: el control de la alimentación y de los transformadores.

La transición tampoco fue inmediata. Durante unos años convivieron en el catálogo equipos de válvulas y de transistores, mientras la compañía acumulaba experiencia con estos últimos. El resultado fue una generación de amplificadores que ya no tenía como referencia la tradición de los grandes equipos a válvulas, sino una nueva filosofía de diseño que acabaría llevando a Sansui hacia una posición destacada dentro de la alta fidelidad japonesa.

El AU-777 ocupa un lugar especial en ese recorrido. Su aparición en 1967 marcó el comienzo de una etapa en la que Sansui empezó a desarrollar una sucesión de amplificadores de estado sólido cada vez más ambiciosos. A partir de aquí, la compañía ya no tendría que demostrar que los transistores podían sustituir a las válvulas: tendría que demostrar hasta dónde podían llegar.

Y esa búsqueda sería precisamente la que conduciría a Sansui hacia su época de mayor esplendor.

Sansui AU-111
Sansui AU-111. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)
Sansui AU-111 vista trasera
Trasera Sansui AU-111. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)
Sansui AU-777
Sansui AU-777, primer amplificador integrado de estado sólido de la marca.

El AU-777 y la nueva Sansui

El paso de las válvulas a los transistores no fue para Sansui un simple cambio de componentes. La compañía llevaba años acumulando experiencia en amplificación, transformadores y fuentes de alimentación, y cuando la tecnología de estado sólido comenzó a imponerse decidió trasladar buena parte de esa filosofía a una arquitectura completamente nueva. El resultado fue el AU-777, presentado en mayo de 1967 y convertido en uno de los modelos fundamentales de la historia de Sansui.

El AU-777 fue el primer amplificador integrado de Sansui construido íntegramente con transistores de silicio. La elección no era casual: los nuevos dispositivos ofrecían mejores posibilidades en cuanto a respuesta en frecuencia y linealidad, al tiempo que permitían abandonar definitivamente las válvulas como elemento activo de la amplificación. El circuito utilizaba una etapa de salida con inversión de fase y una arquitectura de realimentación negativa aplicada a las diferentes etapas de amplificación, buscando mejorar la respuesta en frecuencia, la distorsión y la relación señal/ruido. Sansui también incorporó su propio sistema electrónico de protección para evitar daños en los transistores de potencia en caso de cortocircuito en las salidas.

Pero quizá lo más interesante del AU-777 no está solamente en sus especificaciones. Su diseño nació con una filosofía heredada de la generación anterior. La propia documentación del modelo señala que fue concebido con una intención de diseño similar a la del AU-111, algo que ayuda a entender que Sansui no pretendía empezar de cero, sino llevar al mundo del transistor los conocimientos adquiridos durante su etapa de válvulas.

Aquella transición se produjo además en un momento de enorme transformación para la industria. Los fabricantes japoneses estaban desarrollando rápidamente sus propias tecnologías de estado sólido y los equipos de audio comenzaban a hacerse más pequeños, fiables y accesibles. Sansui comprendió que el futuro de la alta fidelidad pasaba por los transistores y, a partir del AU-777, comenzó una sucesión de amplificadores que en pocos años cambiaría por completo la imagen de la marca.

El AU-777 fue también el comienzo de una nueva familia. Tras él llegaron modelos como los AU-222, AU-555, AU-777A, AU-666 y AU-999, mientras Sansui ampliaba progresivamente su catálogo y aumentaba las prestaciones y la potencia de sus amplificadores de estado sólido. La evolución fue especialmente rápida: entre 1967 y los primeros años de la década siguiente, la compañía pasó de aquel primer integrado de 25 vatios por canal a diseños de mucha mayor potencia y complejidad.

La importancia del AU-777, por tanto, no reside únicamente en haber sido un modelo pionero. Representa el momento en que Sansui dejó atrás definitivamente la etapa de las válvulas y comenzó a desarrollar una identidad propia alrededor del transistor. Y lo hizo conservando una idea que había acompañado a la empresa desde sus orígenes: que la tecnología solo tenía sentido cuando servía para construir mejores equipos.

A partir de aquí, la historia de Sansui se acelera. Los años setenta traerán una sucesión de amplificadores cada vez más ambiciosos, nuevas soluciones de circuito y una expansión internacional que convertiría a la marca en uno de los grandes nombres mundiales de la alta fidelidad.

La gran ofensiva de 1975-1977

A mediados de los años setenta, Sansui ya no era simplemente uno de los muchos fabricantes japoneses que competían por hacerse un hueco en el mercado internacional. La compañía había alcanzado una posición de prestigio y estaba en condiciones de presentar una gama de componentes que hoy resulta difícil de contemplar sin cierta admiración. Entre 1975 y 1977 aparecieron algunos de los equipos más ambiciosos de toda su historia, desde integrados de enorme potencia hasta combinaciones de previo y etapa concebidas para competir en la parte más alta del mercado.

Uno de los protagonistas fue el AU-20000, presentado dentro de la llamada Definition Series. Era un amplificador integrado de 170 vatios por canal sobre 8 ohmios con ambos canales funcionando, una cifra extraordinaria para un aparato integrado de aquella época. Su respuesta en frecuencia se extendía de 10 Hz a 50 kHz y la distorsión armónica total declarada era inferior al 0,05 %. Pero las cifras de potencia no cuentan por sí solas la historia: el AU-20000 incorporaba dos circuitos de ecualización de fono, sensibilidad e impedancia seleccionables para las entradas de giradiscos, tres conexiones para grabadores con diferentes posibilidades de monitorización y copia, tres controles de tono y tres sistemas independientes de protección.

Su aspecto también dejaba claro que Sansui estaba jugando en otra liga. El enorme chasis, los medidores de nivel y los acabados en negro y granate característicos de la Definition Series transmitían una imagen de componente de referencia. Y había una razón para que aquella gama resultara tan imponente: Sansui no estaba intentando construir simplemente un amplificador potente, sino ofrecer en un único aparato muchas de las prestaciones que normalmente se asociaban a un sistema formado por previo y etapa independientes.

Pero la compañía podía ir todavía más lejos. Para quienes preferían separar completamente ambas funciones, Sansui disponía de las CA-2000 y CA-3000 como previos y de las BA-2000, BA-3000 y BA-5000 como etapas de potencia. La BA-5000 era el auténtico gigante de la familia: 300 vatios por canal sobre 8 ohmios, capacidad para trabajar con cargas de 2, 4 u 8 ohmios y posibilidad de funcionar en configuración mono para alcanzar 600 vatios. Su construcción alcanzaba aproximadamente los 49 kilogramos y contaba incluso con ventilación forzada y varios sistemas de protección para controlar temperatura, sobrecarga y condiciones de funcionamiento de los transistores de potencia.

No era una potencia puramente simbólica. La BA-5000 estaba diseñada para entregar esos 300 vatios de forma continua y estable, y su fuente de alimentación y sus circuitos de protección estaban concebidos para soportar las enormes exigencias que implicaba trabajar a esos niveles. Incluso incorporaba dos grandes medidores capaces de mostrar la potencia de salida y un esquema del propio aparato impreso en la cubierta, un detalle que resume bastante bien la mentalidad de aquella época: la ingeniería no tenía que esconderse, también podía formar parte del espectáculo visual del equipo.

La gama de aquellos años resulta todavía más interesante cuando se observa en conjunto. Sansui no disponía de un único modelo de referencia, sino de una auténtica escalera de productos. El catálogo de 1976-77 incluía desde los AU-2900 y AU-3900 hasta los AU-9900, AU-11000 y AU-20000, junto a las etapas BA-2000 y BA-3000 y el extraordinario BA-5000. Al mismo tiempo, la compañía mantenía otras gamas destinadas a cubrir diferentes segmentos del mercado.

Dentro de esa oferta había además una distinción que merece la pena conservar porque ayuda a comprender la estrategia de Sansui. La Definition Series, identificada por sus característicos acabados granate, reunía los componentes más exclusivos como el AU-20000, CA-3000 y BA-3000/BA-5000. Junto a ella estaba la Professional Series, con modelos como los AU-9900 y AU-11000 y las combinaciones CA-2000/BA-2000. No se trataba, por tanto, de una única línea de productos, sino de diferentes aproximaciones a la alta fidelidad de máximo nivel.

Esta etapa resulta especialmente importante porque desmonta una idea que a veces aparece cuando se habla retrospectivamente de Sansui: que la marca alcanzó su cima únicamente con los AU-717 y AU-919 de finales de la década. Aquellos modelos serían fundamentales y probablemente acabarían siendo todavía más famosos entre los aficionados, pero antes de que llegaran Sansui ya había demostrado hasta dónde podía llegar con máquinas como el AU-20000 y el BA-5000.

De hecho, la gama de 1975-1977 representa quizá la expresión más evidente de la Sansui que había crecido durante las tres décadas anteriores. La empresa que había comenzado fabricando transformadores podía ahora construir amplificadores integrados de 170 vatios por canal y etapas capaces de entregar 300 vatios por canal; la experiencia adquirida con las válvulas había dado paso a sofisticadas arquitecturas de estado sólido, y la investigación electrónica comenzaba a convertirse en una parte cada vez más visible de la identidad de la marca.

Y aquí aparece una paradoja fascinante. Mientras Sansui estaba fabricando algunos de los componentes más espectaculares de su historia, también estaba entrando en una nueva fase tecnológica. La siguiente generación ya no iba a estar definida solamente por la potencia o por el tamaño de los transformadores, sino por una obsesión creciente con la velocidad de respuesta, la distorsión transitoria y la arquitectura interna de los circuitos.

De esa evolución nacerían el AU-517 y, sobre todo, el AU-717. Y poco después, el AU-919 llevaría aquella filosofía hasta uno de los puntos culminantes de la ingeniería de Sansui.

Abajo en el centro amplificador de potencia Sansui BA-5000. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)

Sansui obsesionada con la arquitectura electrónica y la velocidad

Los grandes Sansui de la segunda mitad de los años setenta podían impresionar por sus enormes transformadores, sus cifras de potencia y el peso de sus chasis, pero detrás de aquella espectacularidad había una preocupación mucho más profunda. Los ingenieros de la compañía estaban cada vez más interesados en algo que no podía apreciarse a simple vista: la velocidad con la que un amplificador era capaz de responder a una señal eléctrica y la forma en que su arquitectura interna condicionaba esa respuesta.

La potencia continuaba siendo importante, pero ya no constituía por sí sola el objetivo. La investigación de Sansui se dirigía hacia amplificadores con una respuesta extremadamente amplia, menor distorsión y capacidad para reaccionar con rapidez ante cambios muy bruscos de la señal. En aquellos años adquirieron especial importancia conceptos como la distorsión por intermodulación transitoria (TIM) y la necesidad de evitar que la propia arquitectura del amplificador introdujera errores difíciles de detectar mediante las mediciones convencionales.

La compañía había comenzado a atacar estos problemas mediante diseños cada vez más sofisticados. El DC circuitry del AU-717 eliminaba determinados condensadores de acoplamiento de la ruta de señal y permitía construir un amplificador con una respuesta que se extendía desde corriente continua hasta frecuencias muy elevadas. El siguiente paso fue el Diamond Differential DC empleado en el AU-919, una arquitectura simétrica concebida para aumentar todavía más la velocidad y reducir la distorsión transitoria.

Pero Sansui no parecía dispuesta a considerar ninguna de aquellas soluciones como definitiva. La compañía había convertido la arquitectura electrónica en uno de sus principales campos de investigación y cada nueva generación de amplificadores debía aportar algo más que una simple reducción de la cifra de distorsión o un aumento de la potencia disponible.

Esta búsqueda explica también una característica que hoy resulta especialmente interesante al consultar los catálogos originales de la marca. Sansui acostumbraba a destacar en el propio frontal de sus equipos las tecnologías que consideraba más importantes. Las denominaciones no eran simples nombres de modelos: DC, Diamond Differential, Ultra High Speed y, poco después, Super Feedforward, se convirtieron en una especie de declaración de intenciones tecnológica.

En torno a 1980, esa obsesión por la velocidad alcanzó una nueva expresión con el AU-X1. El amplificador no incorporaba todavía el Super Feedforward que aparecería en la siguiente generación, pero Sansui ya destacaba en él su concepto de Ultra High Speed. El nombre resumía perfectamente hacia dónde estaba llevando la compañía su investigación: conseguir que el circuito pudiera responder a las variaciones de la señal con una rapidez extraordinariamente elevada.

El AU-X1 es especialmente interesante porque aparece precisamente en un momento de transición. Por un lado, conserva buena parte de la filosofía que había hecho grandes a los Sansui de los años setenta: una construcción extraordinariamente elaborada, una fuente de alimentación de gran capacidad y una arquitectura pensada para ofrecer una elevada estabilidad y capacidad de entrega de corriente. Por otro, anticipa la nueva etapa en la que la complejidad del circuito y la velocidad de respuesta iban a adquirir todavía más protagonismo.

No se trataba, por tanto, de abandonar la filosofía anterior, sino de llevarla un paso más lejos. La experiencia acumulada con el DC circuitry y el Diamond Differential había enseñado a Sansui que la calidad de un amplificador no dependía únicamente de cuánta potencia podía entregar, sino también de cómo reaccionaba internamente ante la señal que estaba amplificando.

Y precisamente en ese punto termina una etapa y comienza otra. A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, Sansui ya estaba investigando nuevas formas de corregir los errores del circuito y de reducir las limitaciones asociadas a la realimentación convencional.

Sansui AU-X1 integrated amplifier
Amplificador integrado Sansui AU-X1. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)

El Super Feedforward: cuando Sansui quiso eliminar el error

A finales de los años setenta, Sansui había llevado muy lejos su búsqueda de amplificadores rápidos, estables y con una distorsión cada vez menor. El DC circuitry del AU-717 y el Diamond Differential DC del AU-919 habían representado pasos importantes en esa dirección, pero los ingenieros de la compañía seguían enfrentándose a un problema fundamental: incluso un amplificador cuidadosamente diseñado podía introducir errores durante la propia amplificación de la señal.

La realimentación negativa, o Negative Feedback (NFB), era una de las herramientas fundamentales para reducir esos errores. Consiste, simplificando mucho, en comparar la señal de salida con la señal de entrada y utilizar la diferencia para corregir el funcionamiento del amplificador. El sistema había demostrado ser extraordinariamente eficaz, pero también tenía limitaciones. Cuando el amplificador debía responder a cambios muy rápidos de la señal, la propia velocidad de reacción del circuito podía convertirse en un factor determinante.

Sansui decidió abordar el problema desde otro ángulo. En lugar de confiar únicamente en la realimentación negativa para corregir los errores después de que aparecieran, la compañía desarrolló una arquitectura que añadía una segunda vía de corrección: el feedforward, o alimentación hacia delante. La idea consistía en detectar el error generado por la etapa de amplificación y utilizar esa información para compensarlo antes de que llegara a convertirse en una distorsión apreciable en la salida.

El concepto de feedforward no era nuevo. Sus fundamentos teóricos se remontaban varias décadas atrás, pero llevarlo a la práctica en un amplificador de audio de altas prestaciones planteaba dificultades considerables. Sansui consiguió combinarlo con la realimentación negativa convencional y convertir aquella combinación en un sistema propio que denominó Super Feedforward.

La compañía presentó oficialmente esta tecnología en 1980, primero durante la convención de la Audio Engineering Society (AES) celebrada en Londres en febrero y posteriormente en la edición de la AES celebrada en Los Ángeles en mayo. Allí los ingenieros de Sansui explicaron los fundamentos de la nueva arquitectura ante profesionales de la industria, en un momento en el que el debate sobre la distorsión transitoria, la realimentación y las limitaciones de los amplificadores de estado sólido estaba especialmente vivo.

La propuesta era ambiciosa. Sansui sostenía que el Super Feedforward permitía actuar sobre diferentes tipos de distorsión que quedaban después de aplicar una cantidad óptima de realimentación negativa. En su documentación técnica y en la publicidad de la época, la compañía llegó a afirmar que el sistema podía reducir prácticamente a cero los diferentes tipos de distorsión producidos por el amplificador.

Naturalmente, una afirmación semejante requería algo más que una declaración comercial. Y precisamente por eso resulta interesante acudir a las publicaciones especializadas de aquellos años. Revistas como Audio y Hi-Fi Stereo Review dedicaron artículos al sistema cuando todavía era una tecnología completamente nueva y analizaron la arquitectura y los resultados obtenidos por los primeros amplificadores que la incorporaron.

Los primeros Sansui de esta nueva generación que hicieron del Super Feedforward una de sus principales señas tecnológicas fueron el AU-D9 y el AU-D11, aparecidos entre finales de 1980 y 1981 según el mercado y la documentación consultada. Ambos combinaban el nuevo sistema con la arquitectura de amplificación que Sansui había desarrollado durante la generación anterior. No se trataba, por tanto, de sustituir una tecnología por otra, sino de añadir una nueva forma de corrección al trabajo que ya realizaban los circuitos de realimentación negativa.

El resultado era conceptualmente muy diferente de la carrera por aumentar simplemente la potencia. Sansui estaba intentando que el amplificador cometiera el menor número posible de errores durante el proceso de amplificación y, sobre todo, que esos errores fueran corregidos de forma rápida. La atención se desplazaba desde la potencia disponible hacia el comportamiento dinámico del circuito.

Los resultados publicados en aquella época ayudan a entender por qué el Super Feedforward despertó tanta expectación. El AU-D11, por ejemplo, presentaba cifras de distorsión extraordinariamente bajas y una arquitectura que los especialistas consideraron técnicamente muy avanzada. La tecnología no convirtió mágicamente al amplificador en un dispositivo perfecto, pero sí representó uno de los intentos más sofisticados de la industria por atacar las limitaciones de la amplificación mediante una combinación de realimentación y corrección feedforward.

Y hay un detalle especialmente revelador cuando se consultan los catálogos de Sansui siguiendo la evolución de los modelos. La compañía no escondía sus avances tecnológicos: los convertía en parte visible de la identidad del producto. Después de haber destacado expresiones como DC, Diamond Differential o Ultra High Speed, el nombre Super Feedforward pasó a ocupar un lugar destacado en los nuevos amplificadores.

Era una forma muy característica de entender la ingeniería: no bastaba con fabricar un amplificador potente y bien construido. Cada generación debía incorporar una solución técnica que explicara por qué era diferente de la anterior.

El Super Feedforward fue precisamente eso: una declaración de intenciones. Sansui quería demostrar que todavía era posible avanzar en la ingeniería de amplificación cuando parecía que la tecnología de estado sólido ya había alcanzado niveles de distorsión extraordinariamente bajos.

Y, durante unos años, la compañía siguió explorando hasta dónde podía llevar aquella idea.

Publicidad de Sansui del sistema Super Feedforward
Publicidad de Sansui del sistema Super Feedforward

El AU-D11: Super Feedforward llevado a la práctica

Si el Super Feedforward representaba una nueva forma de enfrentarse a la distorsión, el AU-D11 fue uno de los primeros amplificadores en los que aquella filosofía adquirió una forma tangible. Presentado para la generación de 1981, se situó en la parte más alta de la nueva familia de amplificadores Sansui y convirtió aquella tecnología en uno de los elementos fundamentales de su arquitectura.

A primera vista, el AU-D11 no parecía necesitar demasiadas explicaciones para impresionar. Era un amplificador integrado de 120 vatios por canal, construido alrededor de una fuente de alimentación y una etapa de potencia capaces de manejar cargas exigentes. Pero lo verdaderamente interesante no estaba en la cifra de potencia ni en su aspecto exterior. Estaba en el circuito que Sansui había desarrollado detrás de los paneles.

Para entenderlo hay que volver por un momento a la realimentación negativa. En un amplificador convencional, una parte de la señal de salida se devuelve hacia la entrada para compararla con la señal original. El error que se detecta se utiliza para corregir el funcionamiento del circuito. Esta técnica permite reducir considerablemente la distorsión y mejorar diferentes parámetros del amplificador, pero la corrección sigue dependiendo del recorrido que realiza la señal a través del circuito de realimentación.

El Super Feedforward añadía una segunda vía de corrección. En el diseño del AU-D11, Sansui utilizaba simultáneamente la realimentación negativa y una ruta feedforward, de manera que el error que quedaba después de la primera corrección pudiera ser tratado por un circuito independiente.

El funcionamiento puede entenderse de una manera relativamente sencilla. La etapa principal de potencia genera inevitablemente cierta cantidad de error al amplificar la señal. Una parte de ese error se recoge mediante el circuito de realimentación negativa y se devuelve a la entrada con la fase adecuada para reducirlo. Hasta aquí estamos ante el principio convencional de la NFB.

La diferencia aparece con el segundo camino. El Super Feedforward toma la componente de error que queda en la señal, la utiliza como señal de corrección y la lleva a un amplificador de error independiente. Esta etapa genera una señal de polaridad opuesta que se combina con la salida del amplificador principal. El objetivo es que ambas componentes se cancelen entre sí antes de que el error llegue al altavoz.

Dicho de otra forma, Sansui no intentaba que un único mecanismo corrigiera todos los errores. Utilizaba dos caminos complementarios: la realimentación negativa actuaba sobre una parte importante de la distorsión y el feedforward se ocupaba de aquello que todavía quedaba después de esa primera corrección.

La propia documentación técnica de Sansui describía precisamente esta combinación como una arquitectura híbrida entre negative feedback y feedforward. El esquema resulta especialmente interesante porque permite ver que el circuito de corrección no sigue exactamente el mismo recorrido que la señal principal: el amplificador de error evita la etapa de potencia principal y lleva su señal directamente hacia la salida para compensar lo que aquella etapa no había conseguido reproducir correctamente.

Esto tenía una consecuencia importante. El Super Feedforward no estaba concebido simplemente para conseguir una cifra de distorsión extraordinariamente baja en una medición estática. Su planteamiento pretendía reducir también los errores que podían aparecer cuando el amplificador se enfrentaba a señales complejas y rápidamente cambiantes, precisamente uno de los problemas que habían llevado a Sansui a investigar durante años la velocidad de respuesta de sus circuitos.

La importancia que la compañía concedía a esta arquitectura queda demostrada por otro detalle poco habitual. En febrero de 1981, dos ingenieros del departamento de investigación y desarrollo de Sansui publicaron en el Journal of the Audio Engineering Society un artículo dedicado específicamente al diseño y construcción de un amplificador con corrección feedforward. El trabajo no era una explicación comercial del producto: presentaba la base técnica del sistema y estudiaba la relación entre el circuito de realimentación y la nueva técnica de feedforward.

El AU-D11 permitía además comprobar hasta qué punto la obsesión de Sansui por la velocidad había condicionado toda esta evolución. La compañía no había llegado al Super Feedforward desde cero. Antes estaban el DC circuitry, el Diamond Differential DC y el concepto Ultra High Speed que habíamos visto en el AU-X1. Cada generación había intentado reducir una parte de los errores del proceso de amplificación, y el nuevo sistema representaba otro paso en esa misma búsqueda.

Las publicaciones especializadas de la época recibieron el AU-D11 con enorme interés. Las mediciones mostraban cifras de distorsión extraordinariamente bajas y, en las pruebas más exigentes, el propio equipo de medida comenzaba a convertirse en una parte relevante de la ecuación. Una revisión publicada en 1981 llegó a considerar el AU-D11 un amplificador de referencia para la época, hasta el punto de señalar que sus prestaciones podían estar cerca de los límites de los instrumentos disponibles para medirlas.

Pero quizá lo más interesante del AU-D11 no sea determinar si aquellas afirmaciones publicitarias de Sansui —que hablaban de eliminar prácticamente todo tipo de distorsión— deben tomarse literalmente. Lo verdaderamente significativo es que una gran compañía japonesa estaba intentando resolver un problema que consideraba todavía abierto mediante una arquitectura completamente diferente de la habitual.

Y ahí es donde el AU-D11 adquiere su verdadero significado dentro de la historia de Sansui. No fue simplemente otro amplificador potente de comienzos de los años ochenta. Fue la materialización de una investigación que había llevado a la compañía desde la realimentación convencional hasta el Diamond Differential, desde allí hasta la búsqueda de una velocidad extrema y finalmente hacia una segunda vía de corrección capaz de atacar los errores que quedaban después de la primera.

Sansui había conseguido algo que pocas marcas podían mostrar con tanta claridad: una sucesión de tecnologías propias que se podían seguir físicamente de una generación de amplificadores a la siguiente.

Y el AU-D11 fue uno de los puntos culminantes de esa carrera tecnológica.

Sansui AU-D11
Sansui AU-D11

Qué hacía diferente al Super Feedforward

La diferencia fundamental del Super Feedforward puede entenderse comparándolo con la realimentación negativa convencional. En un amplificador con NFB, una parte de la señal de salida se devuelve al circuito para detectar las diferencias respecto a la señal original y corregirlas. Es un sistema extraordinariamente eficaz, pero la corrección depende de la propia arquitectura y de la velocidad de respuesta del amplificador.

Sansui añadió una segunda vía destinada específicamente a actuar sobre el error que quedaba después de esa primera corrección. El circuito de feedforward detectaba esa componente no deseada, generaba una señal de corrección de polaridad opuesta y la combinaba con la salida del amplificador principal.

Dicho de una forma muy sencilla: la señal entra, el amplificador la reproduce, aparece un pequeño error, el circuito lo detecta, genera una corrección y trata de cancelarlo antes de que llegue al altavoz.

La idea puede parecer sencilla explicada de esta manera, pero llevarla a la práctica exigía una extraordinaria precisión en el diseño del circuito. Y precisamente ahí estaba una de las grandes aportaciones de Sansui: convertir un principio teórico conocido desde hacía décadas en una arquitectura que pudiera funcionar dentro de un amplificador de audio de altas prestaciones.

El Super Feedforward no era, por tanto, simplemente otra denominación comercial para una cifra de distorsión más baja. Era una forma diferente de abordar el problema del error en un amplificador.

Super Compo: llevar la filosofía Sansui a un público más amplio

Mientras Sansui desarrollaba algunos de los amplificadores más sofisticados de su historia, la compañía también estaba pensando en otro problema: cómo conseguir que una parte mucho más amplia del público pudiera acceder a un sistema de alta fidelidad de la marca.

En 1979 apareció la Super Compo, una nueva propuesta que Sansui definía como un enfoque de sistema para la alta fidelidad. No se trataba simplemente de reunir varios componentes de precio más contenido bajo una misma denominación. La compañía diseñaba los distintos aparatos pensando en su funcionamiento conjunto y hablaba de un concepto de in-depth matching: una adaptación entre componentes que debía tener en cuenta sus características técnicas, sus funciones y su comportamiento como conjunto.

La idea tenía bastante sentido desde el punto de vista del usuario. Montar un equipo de alta fidelidad podía resultar complicado para alguien que no conociera las diferencias entre amplificadores, sintonizadores, giradiscos o pletinas de cassette. Super Compo permitía comprar un sistema completo en el que los diferentes elementos ya estaban concebidos para trabajar juntos, incluso con muebles específicos de estilo rack que integraban los componentes en un conjunto visualmente uniforme. En la publicidad estadounidense de 1981, Sansui llegó a presentar seis sistemas Super Compo diferentes, con mando a distancia opcional.

Pero hay algo especialmente interesante en la manera en que Sansui planteó esta gama. La compañía no quería presentarla como una simple colección de equipos económicos. En su publicidad de 1981 insistía en que los sistemas habían sido concebidos desde el principio como conjuntos y destacaba la incorporación de tecnologías que, hasta entonces, podían parecer propias de categorías superiores: sintonizadores digitales con sintetizador PLL y memorias de emisoras, giradiscos con selección automática de pistas, pletinas con control lógico y amplificadores con servocontrol DC y medidores de potencia mediante LED.

Los catálogos de la época muestran hasta qué punto aquella estrategia podía abarcar productos diferentes. La gama incluía amplificadores, receptores, sintonizadores, giradiscos, pletinas de cassette y muebles especialmente diseñados para integrarlos. Algunos de estos componentes utilizaban soluciones técnicas bastante serias para su categoría, mientras que otros estaban claramente orientados a contener el coste y facilitar la creación de un equipo completo.

Ahí está precisamente la clave para entender qué fue realmente Super Compo. No era la Sansui de los AU-919, AU-X1 o BA-5000 trasladada sin cambios a una gama económica, pero tampoco era simplemente una colección de aparatos baratos con el logotipo de la compañía. Era una estrategia diferente: utilizar la experiencia acumulada por Sansui para construir sistemas más accesibles, fáciles de elegir y atractivos para un público mucho mayor.

La propia compañía situaba a Super Compo dentro de su evolución tecnológica. En una cronología publicada a comienzos de los años ochenta, Sansui señalaba 1978 como el año de sus amplificadores DC y del circuito DD/DC, 1979 como el de la aparición de Super Compo y 1980 como el del Super Feedforward. Es significativo que la empresa colocara estos acontecimientos uno junto a otro: mientras su departamento de ingeniería seguía buscando nuevas fronteras en la amplificación, su estrategia comercial estaba intentando llevar la alta fidelidad de Sansui a nuevos usuarios.

Y la gama tuvo continuidad. Durante los primeros años de los ochenta aparecieron nuevas generaciones y diferentes configuraciones, adaptadas a mercados y niveles de precio distintos. La serie llegó a convertirse en una parte reconocible del catálogo de Sansui, precisamente porque combinaba la idea de sistema completo con una estética cuidada y unas prestaciones que pretendían situarla por encima de los equipos compactos más sencillos.

Esto también ayuda a poner en contexto una cuestión que será importante cuando lleguemos a los años ochenta. La diversificación de Sansui no comenzó de repente cuando la compañía empezó a tener problemas. Ya a finales de los setenta estaba explorando distintas maneras de ampliar su mercado: desde los componentes de referencia hasta los sistemas Super Compo y, poco después, nuevas categorías electrónicas y de vídeo.

Por eso sería demasiado sencillo afirmar que la aparición de productos más asequibles fue el principio del declive de Sansui. La historia fue bastante más compleja. Durante un tiempo, la compañía podía fabricar simultáneamente amplificadores extraordinariamente sofisticados y sistemas destinados a un público mucho más amplio.

La verdadera pregunta será qué ocurrió después: cuándo dejó de ser una diversificación controlada y pasó a convertirse en un problema estratégico para la empresa.

Y para responderla tenemos que volver a la Sansui de los grandes componentes de los años ochenta.

Publicidad de la serie Sansui Super Compo.
Publicidad de la serie Sansui Super Compo.
Componentes de la serie Sansui Super Compo
Componentes de la serie Sansui Super Compo. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)

La Sansui de los años ochenta: una industria que estaba cambiando

Al comenzar los años ochenta, Sansui seguía siendo una compañía de enorme prestigio. La etapa del Super Feedforward había demostrado que sus ingenieros continuaban buscando nuevas soluciones para llevar la amplificación de estado sólido un paso más allá, y la empresa mantenía un catálogo en el que convivían equipos destinados a un público amplio con componentes de auténtica referencia.

Sin embargo, el entorno en el que Sansui había crecido durante las dos décadas anteriores estaba empezando a cambiar profundamente. La competencia internacional era cada vez mayor y el mercado de la electrónica de consumo avanzaba hacia productos más variados, con ciclos de renovación cada vez más rápidos. La alta fidelidad seguía teniendo un enorme número de aficionados, pero ya no era el único terreno en el que los grandes fabricantes japoneses podían crecer.

Además, Sansui dependía en buena medida de los mercados exteriores. Y a mediados de la década apareció un problema que afectaría de forma especial a los fabricantes japoneses: la espectacular revalorización del yen.

En septiembre de 1985, Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Reino Unido alcanzaron el llamado Acuerdo del Plaza, con el objetivo de corregir los desequilibrios monetarios internacionales. El resultado fue una rápida apreciación del yen frente al dólar. Si antes del acuerdo un dólar podía cambiarse por alrededor de 240 yenes, a finales de 1988 la cotización se había situado en torno a los 120. Para una empresa que fabricaba en Japón y vendía una parte importante de su producción en otros países, aquello significaba que sus productos se encarecían considerablemente en los mercados exteriores, incluso aunque no cambiara su precio en origen.

La consecuencia fue mucho más profunda que una simple dificultad para exportar. Los fabricantes japoneses tuvieron que replantearse dónde producían, qué mercados querían ocupar y qué tipo de productos podían ofrecer con unos costes competitivos. Algunas grandes compañías disponían de recursos suficientes para trasladar parte de su producción al extranjero o diversificar rápidamente sus negocios. Para una empresa del tamaño de Sansui, el proceso era mucho más delicado.

Y, sin embargo, resulta fundamental no interpretar esta situación como el comienzo inmediato de una pérdida de calidad. La ingeniería de Sansui seguía avanzando. En 1984 la compañía desarrolló el Twin Diamond Balanced Drive Circuit, una evolución de sus anteriores arquitecturas Diamond y de la filosofía de funcionamiento balanceado.

Ese desarrollo tendría una expresión extraordinaria en algunos de los componentes que Sansui presentó durante aquellos años. El B-2301, por ejemplo, pertenecía precisamente a esa generación. Era una etapa de potencia capaz de entregar 300 vatios por canal sobre 8 ohmios, con una respuesta declarada de 1 Hz a 300 kHz y una distorsión armónica total de apenas el 0,003 %. Su construcción alcanzaba aproximadamente los 37-38 kilogramos.

El dato es importante porque ayuda a desmontar una interpretación demasiado sencilla de lo que estaba sucediendo. Mientras el entorno económico se volvía más difícil, Sansui todavía era capaz de desarrollar productos que representaban la máxima expresión de su filosofía de ingeniería. La crisis empresarial y la calidad técnica no avanzaban necesariamente al mismo ritmo.

Al mismo tiempo, la compañía llevaba años intentando ampliar su actividad más allá de los grandes componentes de audio. Super Compo era una muestra de ello, pero no era la única. La electrónica de consumo estaba entrando en una etapa en la que los televisores, los reproductores de vídeo, los equipos compactos y posteriormente el CD ofrecían nuevas oportunidades comerciales. Para Sansui, diversificar podía ser una manera lógica de reducir su dependencia de un mercado de alta fidelidad cada vez más competitivo.

El problema era que diversificarse exigía inversiones, nuevas redes comerciales y conocimientos industriales diferentes de los necesarios para fabricar amplificadores y componentes de audio. Y hacerlo precisamente cuando el yen estaba encareciendo la producción japonesa podía aumentar todavía más la presión sobre la compañía.

A mediados de los ochenta, por tanto, Sansui se encontraba en una situación paradójica. Seguía teniendo el prestigio, la experiencia técnica y la capacidad de fabricar algunos de los componentes más sofisticados de su historia, pero el modelo industrial que había permitido construir aquel prestigio estaba empezando a resultar mucho más difícil de sostener.

La propia compañía comenzó a tomar medidas para adaptarse a la nueva situación. En febrero de 1986, Ryosuke Itō fue nombrado presidente, y pocos meses después Sansui inició un programa de salidas voluntarias que afectaba a 380 empleados, aproximadamente una cuarta parte de su plantilla. No era todavía el final de Sansui, pero sí una señal inequívoca de que la empresa estaba afrontando una transformación profunda.

Y aquí aparece una cuestión especialmente interesante. ¿Se trataba simplemente de una reorganización necesaria para sobrevivir al nuevo entorno económico o estaba comenzando una transformación más profunda de la propia estrategia de Sansui?

Para responder a esa pregunta tenemos que fijarnos en quién tomó las decisiones durante esta nueva etapa, qué productos comenzó a priorizar la compañía y cómo cambió su propia imagen. Porque apenas un año después de aquella reorganización, Sansui cambiaría su logotipo por primera vez en décadas.

Y ese cambio no fue un detalle menor. Era la imagen visible de una empresa que estaba intentando adaptarse a una industria que ya no era la misma que había conocido durante su época dorada.

Ryosuke Itō y el cambio de rumbo

En febrero de 1986, Sansui nombró presidente a Ryosuke Itō, pero su llegada a la máxima responsabilidad de la compañía no supuso la incorporación de un ejecutivo ajeno a la tradición de la marca. Itō llevaba trabajando en Sansui desde 1961 y había desarrollado prácticamente toda su carrera dentro de la empresa, pasando por diferentes áreas relacionadas con las ventas, el desarrollo de producto, la investigación y la planificación corporativa antes de llegar a la presidencia.

Su trayectoria resulta especialmente significativa porque Itō no procedía únicamente del ámbito administrativo. Durante sus años en Sansui estuvo relacionado con el desarrollo de productos y con la investigación tecnológica. Su nombre aparece incluso como inventor, junto al ingeniero Susumu Tanaka, en una patente presentada por Sansui en 1982 para un circuito de amplificación balanceada con una fuente de alimentación aislada de la referencia de masa. La patente fue concedida en 1985 y refleja hasta qué punto el futuro presidente había estado vinculado a la ingeniería de la compañía antes de asumir su dirección.

Por eso resulta difícil presentar a Itō como el responsable de un supuesto abandono de la filosofía técnica de Sansui. Cuando llegó a la presidencia, la compañía seguía desarrollando amplificadores extraordinariamente sofisticados y él mismo formaba parte de una generación de directivos que conocía de primera mano esa cultura tecnológica.

El problema que recibió era de otra naturaleza.

La industria japonesa de la electrónica estaba entrando en una etapa mucho más complicada. La apreciación del yen estaba haciendo menos competitiva la producción realizada en Japón, mientras que la competencia internacional aumentaba y los productos de electrónica de consumo evolucionaban hacia categorías nuevas. Sansui, además, llevaba años intentando ampliar su actividad más allá de los componentes de alta fidelidad, precisamente en un momento en el que mantener una estructura industrial amplia resultaba cada vez más costoso.

La situación exigió medidas drásticas. En junio de 1986, apenas unos meses después de que Itō asumiera la presidencia, Sansui solicitó a 380 empleados —aproximadamente una cuarta parte de su plantilla— que aceptaran una jubilación voluntaria. La coincidencia temporal es reveladora: el nuevo presidente no heredaba una empresa que estuviera simplemente buscando una nueva imagen, sino una organización que ya necesitaba reducir costes y adaptar su estructura.

Aquella reorganización también ayuda a interpretar correctamente lo que ocurriría después. No parece que exista un único momento en el que Sansui decidiera abandonar la alta fidelidad para dedicarse a productos más baratos. La transformación fue gradual y estuvo condicionada por problemas que afectaban a toda la industria: costes de producción, evolución del mercado, competencia internacional y necesidad de encontrar nuevas fuentes de ingresos.

De hecho, la trayectoria posterior de Itō confirma que la diversificación iba a adquirir cada vez más importancia. A finales de la década, cuando Sansui ya atravesaba una situación financiera mucho más grave, el propio Itō explicaría que la compañía pretendía ampliar su actividad hacia productos como reproductores de CD, videograbadores y equipos de fax, utilizando también instalaciones de producción en Hong Kong, Taiwán y Singapur.

Pero todavía estamos en 1986, y hay algo que no debemos perder de vista. La Sansui que estaba reorganizando su plantilla seguía siendo capaz de desarrollar algunos de los componentes técnicamente más extraordinarios de su historia. La reducción de costes y la dificultad financiera no significaban que sus ingenieros hubieran perdido su capacidad o que la compañía hubiera dejado de investigar.

Lo que estaba cambiando era algo mucho más profundo: la relación entre la excelencia tecnológica de Sansui y la realidad económica necesaria para sostenerla.

Durante décadas, la empresa había construido su prestigio alrededor de una idea relativamente sencilla: fabricar componentes técnicamente ambiciosos, incluso cuando eso implicaba utilizar grandes transformadores, fuentes de alimentación sobredimensionadas, numerosos transistores y una construcción costosa. Ahora tenía que competir en un mercado en el que el precio, la velocidad de renovación de los productos y la capacidad de producir en diferentes países tenían cada vez más importancia.

Itō tendría que intentar resolver esa contradicción durante los años siguientes. Y el primer cambio visible para el público llegaría poco después.

En junio de 1987, Sansui modificó su logotipo, sustituyendo el conocido emblema utilizado durante décadas por una nueva identidad gráfica. A primera vista podía parecer simplemente un cambio estético, pero llegaba en un momento en el que la compañía estaba intentando adaptarse a una realidad industrial completamente diferente.

La nueva Sansui estaba a punto de presentarse al mercado.

Y, aunque todavía fabricaría algunos de los amplificadores más extraordinarios de su historia, la empresa que entraba en la segunda mitad de los años ochenta ya no era exactamente la misma que había construido el mito durante las décadas anteriores.

Logotipo original de Sansui
Logotipo original de Sansui
Nuevo logotipo a partir de junio de 1987
Nuevo logotipo a partir de junio de 1987

1987: un nuevo logo para una nueva Sansui

En junio de 1987, Sansui tomó una decisión que, aunque podía parecer puramente estética, tenía un significado mucho mayor. Después de casi tres décadas utilizando esencialmente el mismo logotipo, la compañía presentó una nueva identidad gráfica.

El cambio era muy evidente. El conocido logotipo caligráfico que había acompañado a Sansui desde finales de los años cincuenta desaparecía para dejar paso a un símbolo completamente diferente: una S estilizada, formada visualmente entre dos campos enfrentados, acompañada por la palabra SANSUI en letras mayúsculas de trazos rectos. Las solicitudes de registro de la nueva identidad en Estados Unidos fueron presentadas en junio de 1987, coincidiendo con el momento en que la compañía introdujo oficialmente el nuevo diseño.

No era un cambio menor. El antiguo logotipo se había convertido en una de las imágenes más reconocibles de la alta fidelidad japonesa. Había aparecido en los grandes amplificadores de los años sesenta y setenta, en receptores, giradiscos, pletinas y componentes profesionales, y estaba estrechamente asociado a la época de mayor prestigio de la compañía.

Ahora Sansui quería transmitir una imagen diferente.

El nuevo símbolo tenía una apariencia mucho más geométrica y moderna, acorde con la estética de la electrónica de los años ochenta. La tipografía abandonaba la personalidad manuscrita del logotipo histórico y adoptaba unas letras más sobrias y contemporáneas. La empresa estaba entrando así en una etapa en la que el diseño industrial, la electrónica digital y la integración de nuevas categorías de producto comenzaban a tener cada vez más peso.

Pero sería un error interpretar aquel cambio como una declaración de que Sansui estaba abandonando la alta fidelidad. Los productos que acompañaron a la nueva identidad demuestran precisamente lo contrario.

Una de las primeras grandes presentaciones asociadas al nuevo logo Sansui fue el AU-X901, un amplificador integrado que la compañía situaba en la vanguardia de su investigación. En junio de 1987, coincidiendo prácticamente con el lanzamiento de la nueva identidad, Sansui publicó en la revista Audio un amplio anuncio dedicado a explicar su trayectoria tecnológica y presentar el AU-X901 como la culminación de décadas de investigación en amplificación. La publicidad comenzaba con una afirmación especialmente reveladora: el amplificador ideal debía aproximarse al concepto de un “cable con ganancia”, es decir, transmitir la señal sin alterar su naturaleza.

El AU-X901 incorporaba la evolución de la tecnología que Sansui había desarrollado durante los años anteriores: el Alpha X-Balanced, basado en una arquitectura completamente balanceada que permitía amplificar la señal sin utilizar la masa como referencia. La compañía lo presentaba como una forma de reducir las interferencias externas y los problemas asociados a la alimentación y a las corrientes generadas por los propios altavoces.

Y esto resulta fundamental para entender el momento histórico. La nueva Sansui no era todavía una compañía que hubiera abandonado la ingeniería de alto nivel. Al contrario: en 1987 seguía invirtiendo en investigación y presentando tecnologías propias como había hecho durante toda su historia.

Incluso algunos de sus componentes más sofisticados conservaron durante un tiempo el antiguo logotipo. Esto puede comprobarse en catálogos y fotografías de la época: determinados modelos de gama muy alta, como las combinaciones de previo y etapa de la serie 2301, continuaron mostrando el emblema clásico mientras otras familias adoptaban ya la nueva identidad. El cambio, por tanto, no se produjo necesariamente de manera simultánea en todos los productos.

La nueva imagen tampoco significaba que Sansui hubiera encontrado ya la solución a sus problemas económicos. La compañía acababa de atravesar una importante reorganización y se enfrentaba a un entorno industrial cada vez más difícil. El nuevo logotipo era, en cierto modo, la imagen de una empresa que intentaba renovarse mientras todavía luchaba por mantener aquello que la había hecho grande.

Y aquí aparece una paradoja que resulta especialmente interesante vista desde el presente. Hoy podemos contemplar el logotipo de 1987 y asociarlo fácilmente a la etapa posterior de Sansui, cuando la marca acabaría apareciendo en productos muy alejados de aquellos enormes amplificadores japoneses que habían construido su reputación. Pero en aquel momento nadie podía saber que esa sería la trayectoria futura.

Para Sansui, 1987 era todavía un año de renovación.

La compañía acababa de cambiar su identidad, continuaba desarrollando amplificadores técnicamente muy sofisticados y trataba de presentar al mercado una imagen moderna, internacional y preparada para la siguiente etapa de la electrónica de consumo.

El nuevo logo no anunciaba el final de la vieja Sansui. Anunciaba que la vieja Sansui estaba intentando convertirse en otra cosa.

Y para saber si aquella transformación podía funcionar, había que mirar mucho más allá del diseño. Había que observar qué productos quería fabricar la compañía, dónde pensaba fabricarlos y, sobre todo, cómo pretendía ganar dinero en un mercado que ya no se parecía al de los años setenta.

Sansui AU-X901
Sansui AU-X901. Foto cortesía de Silvio Pomar (Hifiman)

Diversificar para sobrevivir: cuando el audio ya no era suficiente

El cambio de logotipo de 1987 simbolizaba una transformación que en realidad había comenzado algunos años antes. Sansui seguía desarrollando amplificadores de extraordinaria sofisticación, pero la dirección de la compañía sabía que el mercado sobre el que había construido su prestigio estaba cambiando.

Durante los años setenta, un fabricante especializado en alta fidelidad podía crecer apoyándose en una combinación de grandes mercados exteriores, una demanda creciente de componentes y una producción japonesa capaz de ofrecer una relación entre calidad y coste muy competitiva. Durante los ochenta, aquel modelo empezó a ser mucho más difícil de mantener.

Uno de los problemas fundamentales fue la evolución del yen. La fuerte apreciación de la moneda japonesa durante la segunda mitad de la década hizo que fabricar en Japón y vender en otros países resultara cada vez menos favorable. Para Sansui, cuya actividad dependía considerablemente de las exportaciones, aquello significaba que sus productos podían perder competitividad aunque la empresa no modificara sustancialmente sus propios costes o sus prestaciones.

Pero el problema no estaba únicamente en el tipo de cambio. La electrónica de consumo estaba entrando en una época de renovación acelerada. El compact disc, los reproductores digitales, los videograbadores, los televisores de gran formato y los nuevos sistemas compactos estaban abriendo mercados que crecían mucho más deprisa que el tradicional de los componentes de alta fidelidad.

Sansui intentó participar en esa transformación.

A comienzos de los años ochenta, la compañía trató de introducirse en el mercado de los televisores de gran pantalla y los videograbadores, aunque con resultados poco satisfactorios. La propia prensa especializada de la época señalaría posteriormente que Sansui había intentado comercializar televisores y VCR fabricados por JVC sin conseguir hacerse un hueco significativo en esos mercados.

También había otro frente de batalla: los llamados rack systems, aquellos conjuntos formados por amplificador o receptor, pletina, sintonizador, giradiscos y otros componentes integrados visualmente en un mueble. Super Compo había mostrado precisamente el interés de Sansui por este tipo de sistemas, pero durante la primera mitad de los ochenta la compañía fue mucho más lejos en su esfuerzo por ganar cuota de mercado.

El problema fue que aquel mercado estaba empezando a saturarse. Un análisis publicado en Television Digest en 1989 señalaba retrospectivamente que Sansui había luchado por alcanzar una posición dominante en los sistemas rack precisamente durante los primeros y mediados de los ochenta, cuando el crecimiento del segmento prácticamente se había detenido debido a la saturación del mercado.

Es una circunstancia especialmente importante porque muestra cómo una estrategia que podía parecer razonable desde el punto de vista comercial podía convertirse en un problema cuando cambiaban las condiciones. Sansui necesitaba aumentar sus ventas y ampliar su mercado, pero competir por volumen en un segmento saturado significaba asumir una presión sobre los precios y los márgenes que no tenía nada que ver con la fabricación de un amplificador de referencia.

Mientras tanto, el mundo de la electrónica estaba desplazando progresivamente parte de su valor hacia productos que requerían enormes inversiones y ciclos de desarrollo diferentes. Un especialista histórico en amplificación podía fabricar un magnífico aparato de audio, pero eso no significaba que dispusiera automáticamente de las mismas ventajas competitivas en vídeo, informática o electrónica digital.

Sansui empezó por tanto a encontrarse atrapada entre dos modelos. Por un lado, tenía una identidad tecnológica extraordinariamente fuerte en el audio. Por otro, necesitaba crecer en categorías donde competía con compañías de dimensiones mucho mayores.

La paradoja era evidente. La marca podía seguir presentando amplificadores como el AU-X901 y otras máquinas de altísimo nivel, pero esos productos pertenecían a un mercado relativamente especializado. Los grandes volúmenes de venta que necesitaba una compañía con una estructura industrial importante estaban cada vez más asociados a productos de consumo masivo.

La situación financiera empezó a reflejar esa tensión. En 1985 comenzaron las pérdidas continuadas de Sansui y, con el paso de los años, estas se fueron acumulando. En 1989, el propio presidente Ryosuke Itō reconocería que la compañía había acumulado déficits por unos 13.800 millones de yenes, atribuidos principalmente a la fuerte apreciación del yen frente al dólar y a la creciente competencia tanto en Japón como en los mercados internacionales.

La magnitud del problema se aprecia todavía mejor al observar las cifras que manejaba la prensa económica en 1989. Los analistas estimaban que Sansui había acumulado pérdidas de unos 19.400 millones de yenes desde 1985, equivalentes entonces a unos 147 millones de dólares.

Y la deuda ya empezaba a convertirse en un problema estructural. En abril de 1989, los préstamos bancarios pendientes superaban los 121 millones de dólares, mientras que los activos de la compañía rondaban los 101 millones. Sansui llevaba además cuatro años sin pagar dividendos.

Aquí es donde la historia empieza a adquirir una dimensión mucho más preocupante. La empresa no estaba simplemente vendiendo menos amplificadores. Su estructura financiera se estaba deteriorando mientras intentaba encontrar nuevas áreas de crecimiento.

La respuesta de Sansui fue seguir diversificando y, al mismo tiempo, intentar trasladar parte de su producción a lugares donde los costes fueran más competitivos. En 1989, Ryosuke Itō explicaría que la compañía planeaba fabricar reproductores de CD en instalaciones de Hong Kong, Taiwán y Singapur, mientras preparaba la producción de videograbadores y máquinas de fax en Japón. El objetivo era extraordinariamente ambicioso: multiplicar casi por cuatro las ventas en cinco años.

Vista desde hoy, aquella estrategia puede parecer desesperada, pero en aquel momento tenía una lógica empresarial. Sansui necesitaba reducir costes, encontrar nuevos mercados y aprovechar su prestigio internacional para entrar en categorías con mayor volumen de ventas.

El problema era que cada nuevo negocio exigía inversiones, conocimientos, redes de distribución y capacidad industrial, precisamente cuando la empresa disponía de menos recursos para asumir riesgos.

Y aquí encontramos probablemente una de las claves de la posterior caída de Sansui: la compañía no perdió de repente su capacidad para fabricar buenos amplificadores; perdió progresivamente la capacidad económica para sostener una empresa de su tamaño alrededor de ese negocio.

La alta fidelidad seguía siendo el corazón tecnológico de Sansui, pero ya no podía ser por sí sola el motor financiero que había sido durante la época dorada.

La empresa necesitaba transformarse.

Y para hacerlo tendría que tomar decisiones cada vez más difíciles.

Polly Peck: el rescate que no pudo salvar a Sansui

A finales de 1989, Sansui se encontraba en una situación que pocos años antes habría parecido inimaginable. La compañía seguía desarrollando amplificadores de enorme sofisticación y conservaba una marca con un prestigio internacional considerable, pero financieramente estaba al límite. Había acumulado déficits de aproximadamente 13.800 millones de yenes, llevaba cuatro años sin pagar dividendos y se enfrentaba a la posibilidad de ser excluida de la Bolsa de Tokio. La causa no era una única decisión empresarial, sino la combinación de la fuerte apreciación del yen, la competencia internacional y una estructura de costes cada vez más difícil de sostener.

Sansui había buscado durante meses una solución y llegó a estudiar acuerdos con más de veinte empresas japonesas, surcoreanas y europeas. Finalmente apareció una alternativa completamente inesperada: Polly Peck International, un gran conglomerado británico dirigido por Asil Nadir, acordó adquirir el 51 % de Sansui mediante una ampliación de capital de aproximadamente 15.600 millones de yenes. La operación fue presentada en Japón como un acontecimiento histórico, ya que suponía que una empresa extranjera tomara el control de una compañía japonesa cotizada en Bolsa.

La operación no pretendía limitarse a aportar dinero para cubrir las pérdidas. Polly Peck veía en Sansui una puerta de entrada al mercado japonés y quería utilizar la compañía para ampliar su actividad en electrónica de consumo. El proyecto contemplaba desarrollar tres grandes áreas: audio, imagen e información. Sansui conservaría su actividad tradicional, pero también comenzaría a participar en productos como videograbadores, televisores y equipos de fax.

La estrategia industrial era bastante ambiciosa. Polly Peck disponía de fábricas y empresas electrónicas en diferentes países y pretendía integrar progresivamente la producción de Sansui con aquellas instalaciones. La idea era trasladar parte de la fabricación de reproductores de CD, minicomponentes y productos de audio a fábricas de Polly Peck en Asia, mientras se exploraban nuevas localizaciones para fabricar videograbadores. La producción de car audio, por el contrario, continuaría inicialmente en Japón.

Y aquí encontramos un detalle que resulta fundamental para entender lo que estaba ocurriendo. Sansui no estaba siendo comprada porque hubiese perdido su capacidad tecnológica. El proyecto de Polly Peck seguía considerando el audio como uno de los tres negocios principales de la compañía y hablaba expresamente de mantener como objetivo un mercado de consumo de nivel medio y alto. El problema era que la estructura industrial japonesa de Sansui resultaba demasiado cara para competir en determinados segmentos internacionales.

En otras palabras, la cuestión ya no era simplemente qué podía fabricar Sansui, sino dónde podía fabricarlo y cuánto costaba hacerlo.

La nueva dirección confiaba en que el capital de Polly Peck permitiera financiar aquella transformación. Sansui incluso anunció objetivos extraordinariamente ambiciosos: aumentar sus ventas desde unos 185 millones de dólares hasta aproximadamente 714 millones en cinco años. Para conseguirlo pretendía fabricar reproductores de CD en Hong Kong, Taiwán y Singapur y entrar con mayor fuerza en los mercados del vídeo y de los equipos de información.

Sobre el papel, podía parecer la solución que Sansui necesitaba.

Pero ocurrió algo que nadie en Sansui podía controlar.

Polly Peck empezó a entrar en una crisis financiera prácticamente inmediatamente después de hacerse con el control de la compañía. El enorme conglomerado había crecido mediante una estrategia de adquisiciones muy agresiva y en 1990 comenzaron a aparecer graves problemas financieros. En 1991 Polly Peck terminó entrando en administración judicial en el Reino Unido, dejando a Sansui en una situación especialmente complicada: la empresa japonesa que había acudido a un grupo extranjero para obtener capital y reorganizarse se encontraba de nuevo vinculada a un propietario incapaz de continuar financiando aquella estrategia.

El episodio resulta especialmente significativo porque desmonta otra simplificación frecuente en la historia de Sansui. No podemos decir simplemente que la entrada de capital británico provocó el hundimiento de la compañía. Sansui ya estaba gravemente endeudada antes de la operación y necesitaba urgentemente una reestructuración. Pero tampoco puede considerarse que la operación resolviera el problema: el accionista que debía aportar estabilidad terminó sufriendo su propia crisis.

La situación se volvió todavía más compleja porque la reorganización había dejado a Sansui relacionada con otras compañías del entramado de Polly Peck. Entre ellas estaba Capetronic, un grupo estadounidense de electrónica que posteriormente acabaría integrado en la estructura de Sansui y que se convertiría en uno de los elementos de la complicada reestructuración posterior.

Mientras todo esto sucedía, sin embargo, hay algo que merece la pena observar con especial atención: Sansui seguía fabricando amplificadores extraordinarios.

La transición empresarial no supuso el final inmediato de la investigación en audio. De hecho, alrededor de 1990 aparece una nueva generación de amplificadores de la familia Alpha, entre ellos el AU-α907DR. La compañía continuaba desarrollando circuitos propios y componentes de gama alta precisamente cuando su situación financiera era cada vez más delicada.

Es una paradoja que define perfectamente esta etapa de la historia de Sansui. Por un lado, la empresa estaba intentando reducir costes, trasladar producción y encontrar nuevas fuentes de ingresos. Por otro, sus ingenieros seguían desarrollando productos que pertenecían claramente al territorio de la alta fidelidad de referencia.

La contradicción sería todavía mayor unos años después.

En 1992, Sansui seguía inmersa en una situación financiera extremadamente complicada. La empresa anunció un nuevo programa de jubilaciones voluntarias destinado a reducir su plantilla de aproximadamente 450 empleados a unos 300. La dirección explicaba que la medida era necesaria por la intensa competencia de precios y por las escasas perspectivas de crecimiento del mercado del audio, con el objetivo de reducir drásticamente los costes fijos.

Pero esta vez el problema ya no era únicamente Polly Peck.

La compañía estaba entrando en una nueva etapa de propiedad y reorganización. El grupo canadiense Semi-Tech, que también estaba relacionado con Akai, pasó a controlar Sansui y comenzó a aplicar un programa mucho más agresivo de racionalización. En 1992 la prensa especializada describía pérdidas enormes y un proceso de reestructuración que incluía la venta de activos, reducción de costes y eliminación de líneas de producto poco rentables.

Una de las consecuencias más reveladoras fue la caída de las ventas. En 1993, después de eliminar líneas de productos no rentables y retirarse de determinados mercados, Sansui consiguió reducir sus pérdidas, pero a costa de una fuerte contracción de su actividad: la facturación del primer semestre cayó un 39 %, hasta 4.620 millones de yenes. La propia dirección atribuía la situación al débil consumo japonés, las difíciles condiciones de la industria y la fortaleza del yen.

La estrategia estaba cambiando.

Ya no se trataba de crecer rápidamente mediante nuevos negocios, como había intentado Sansui a finales de los ochenta. Ahora el objetivo era mucho más elemental: sobrevivir.

En diciembre de 1993, Sansui tuvo que realizar una nueva ampliación de capital de 4.500 millones de yenes para pagar deuda y financiar sus necesidades de capital circulante. La operación permitió recapitalizar la compañía después de la venta de determinados activos inmobiliarios y de otras medidas de saneamiento.

En 1993, además, Sansui consiguió volver temporalmente a beneficios, pero el dato necesitaba una importante matización. El resultado positivo de 318 millones de yenes se produjo después de dos años consecutivos de pérdidas y estuvo acompañado por unos beneficios extraordinarios de 2.880 millones de yenes derivados principalmente de la venta de propiedades dentro del proceso de reestructuración. No significaba que el negocio ordinario hubiese recuperado realmente su fortaleza.

Y aquí aparece una de las claves de toda esta historia.

Sansui todavía existía. Seguía teniendo ingenieros, seguía desarrollando amplificadores y seguía utilizando su propia tecnología. Pero la empresa que había existido durante la edad de oro ya no tenía la misma estructura industrial ni la misma capacidad económica.

La marca había entrado en una nueva realidad: menos empleados, menos líneas de producto, menos mercados y una presión mucho mayor para que cada negocio fuese rentable.

Por eso, cuando lleguemos a los grandes Sansui de los años noventa, no debemos contemplarlos simplemente como los últimos coletazos de una marca moribunda. Son algo mucho más interesante. Son los productos de una empresa que, mientras perdía tamaño y capacidad financiera, todavía intentaba demostrar que podía seguir haciendo alta fidelidad de referencia.

Y esa tensión entre la excelencia técnica y la supervivencia económica es probablemente la mejor manera de entender la última gran etapa de Sansui.

La última gran Sansui: la familia Alpha 907

A comienzos de los años noventa, la situación empresarial de Sansui era muy diferente de la que había conocido durante su época dorada. La compañía había reducido su estructura, estaba sometida a una fuerte presión financiera y había tenido que abandonar o racionalizar numerosas líneas de producto. Sin embargo, algo sorprendente permanecía intacto: su capacidad para desarrollar amplificadores de alta fidelidad técnicamente muy ambiciosos.

La familia Alpha 907 es probablemente el mejor ejemplo de esta paradoja.

El AU-α907DR, presentado alrededor de 1990, pertenecía todavía claramente a la tradición de los grandes integrados japoneses de referencia. Pesaba 33 kilogramos y podía entregar 160 vatios por canal sobre 8 ohmios, con una respuesta declarada de 1 Hz a 300 kHz y una distorsión armónica total del 0,003 %. La construcción seguía una filosofía de doble mono y la arquitectura Alpha X-Balanced continuaba desarrollando la idea de amplificación completamente balanceada que Sansui había introducido durante la década anterior.

Lo extraordinario no es solamente que Sansui siguiera fabricando un amplificador de semejantes características en 1990. Es que aquel modelo no representaba una excepción aislada.

La familia 907 continuó evolucionando durante los años siguientes, mientras la compañía atravesaba nuevas reorganizaciones y reducía progresivamente su presencia en el mercado. Aparecieron sucesivas versiones como los AU-α907KX, AU-α907XR y AU-α907MR, manteniendo la filosofía de la serie y llevando diferentes aspectos de su arquitectura electrónica hacia nuevas cotas.

Pero en 1994 Sansui decidió hacer algo todavía más llamativo.

Presentó el AU-α907 Limited, una edición limitada a 2.000 unidades y con un precio oficial de 410.000 yenes. Era una cifra extraordinaria para un amplificador integrado: no pretendía competir en el mercado masivo, sino convertirse en una demostración de lo que la compañía todavía era capaz de hacer cuando no tenía que contener los costes de la misma manera que en sus gamas convencionales.

La lista de soluciones utilizadas en aquel amplificador resulta especialmente reveladora. Sansui empleó una versión denominada HYPER α-X Balanced, construida alrededor de una arquitectura DC de banda extremadamente ancha. En la etapa de entrada se utilizaban circuitos de corriente constante basados en espejos de Wilson con elevado rechazo en modo común, mientras que como dispositivos activos de potencia se recuperaron MOS-FET de una generación anterior, los 2SK405 y 2SJ115.

Y había otro detalle que demostraba hasta qué punto Sansui estaba dispuesta a llevar la construcción del aparato: el AU-α907 Limited incorporaba por primera vez en un amplificador integrado de la marca un sustrato de teflón, una solución que ya se había utilizado en el previo C-2302 Vintage, uno de los componentes de referencia de la compañía.

La utilización de estos materiales y circuitos no encaja demasiado bien con la imagen de una Sansui que simplemente estuviera abaratando sus productos y viviendo de su reputación. Al contrario: en 1994, una empresa económicamente debilitada seguía destinando recursos a desarrollar un integrado de altísimo nivel y a incorporar en él soluciones que procedían de sus componentes más exclusivos.

El AU-α907 Limited pesaba aproximadamente 34 kilogramos y utilizaba MOS-FET, entradas RCA y balanceadas y una construcción extraordinariamente elaborada. Su potencia nominal era de 80 + 80 vatios sobre 8 ohmios, bastante inferior a la del 907DR, algo que resulta significativo: Sansui no estaba intentando ganar la batalla de las especificaciones mediante una cifra de potencia cada vez mayor. El objetivo era construir un amplificador en el que la arquitectura, la alimentación, los dispositivos activos y los materiales trabajasen conjuntamente.

Esta filosofía permite entender algo que a veces se pierde cuando se mira retrospectivamente el catálogo de Sansui. La marca no había abandonado la investigación en amplificación; había cambiado el terreno en el que quería demostrarla.

Durante los años setenta, la espectacularidad podía estar en un AU-20000 de 170 vatios por canal o en una BA-5000 de 300 vatios por canal. En los noventa, la batalla tecnológica se libraba cada vez más alrededor de la arquitectura balanceada, la reducción del ruido, la estabilidad de las fuentes de alimentación, la velocidad de respuesta y la selección de componentes.

Y Sansui seguía compitiendo precisamente ahí.

La evolución continuó hasta la segunda mitad de la década. En 1997 apareció otra muestra extraordinaria de esta filosofía: el B-2105 MOS Vintage, una etapa de potencia concebida como uno de los componentes de referencia de la marca y asociada a la celebración del 50.º aniversario de Sansui. Su precio japonés era de 460.000 yenes y su construcción alcanzaba los 37 kilogramos.

Pero aquí las cifras vuelven a contar una historia interesante.

El B-2105 entregaba 110 vatios por canal sobre 8 ohmios, 150 vatios sobre 6 ohmios y podía alcanzar 320 vatios dinámicos sobre una carga de 2 ohmios. Su respuesta se extendía desde corriente continua hasta 300 kHz, la relación señal/ruido superaba los 110 dB y la velocidad de respuesta declarada era de 150 V/µs.

La construcción era igualmente reveladora. Sansui utilizó una fuente de alimentación con un gran transformador de baja vibración, una arquitectura completamente balanceada, entradas XLR, conectores WBT, barras de cobre 6N, un chasis inferior de doble fondo con cobre en su interior y tornillería chapada en cobre. La compañía incluso describía todos los componentes empleados como seleccionados para conseguir baja impedancia, alta velocidad y resistencia a las vibraciones.

Y todavía encontramos algo más significativo.

El B-2105 no se limitaba a utilizar la tecnología Alpha X-Balanced de generaciones anteriores. Incorporaba una evolución denominada Advanced Hyper α-X Balanced, con una arquitectura simétrica de alimentación para la etapa de ataque y un nuevo circuito Diamond Differential. El objetivo seguía siendo exactamente el mismo que había perseguido Sansui desde los años setenta: mantener la linealidad, conseguir una respuesta extremadamente rápida y proporcionar una fuente de corriente estable incluso cuando la carga del amplificador se volvía muy exigente.

Es difícil encontrar una demostración más clara de la continuidad tecnológica de Sansui.

Desde el Diamond Differential del AU-919 hasta el Alpha X-Balanced y posteriormente el Hyper α-X Balanced, la compañía había pasado más de dos décadas intentando resolver problemas cada vez más específicos de la amplificación. Los nombres cambiaban, los componentes evolucionaban y las arquitecturas se hacían más sofisticadas, pero existía una línea tecnológica reconocible.

Y entonces llegamos al dato que quizá mejor resume la situación.

En 1998, cuando Sansui llevaba ya años sometida a una enorme presión empresarial, apareció el AU-α907NRA. Seguía siendo un amplificador integrado de 33 kilogramos, con 160 vatios por canal sobre 8 ohmios, respuesta de 1 Hz a 300 kHz y una distorsión declarada del 0,003 %.

Es decir: casi una década después del AU-α907DR, Sansui seguía fabricando un 907 de 33 kilogramos, 160 vatios por canal y 0,003 % de distorsión.

Eso cambia completamente la forma de interpretar los años noventa.

No estamos ante una marca que en 1990 abandonó la alta fidelidad y posteriormente sobrevivió colocando su nombre sobre productos fabricados por terceros. Durante buena parte de la década siguió existiendo una auténtica línea de ingeniería de alta gama.

Lo que se estaba extinguiendo era otra cosa. La empresa capaz de sostener económicamente aquella ingeniería. Y esa diferencia es fundamental.

Sansui podía seguir diseñando un AU-α907NRA porque todavía conservaba conocimientos, ingenieros, tecnología y una identidad técnica muy definida. Lo que resultaba cada vez más difícil era mantener una estructura empresarial capaz de financiar todo aquello mediante las ventas necesarias.

Por eso los grandes catálogos de los años setenta y primeros ochenta habían desaparecido. No necesariamente porque la ingeniería hubiera dejado de estar a la altura, sino porque el mercado que había permitido sostener aquella amplitud de catálogo ya no existía en las mismas condiciones.

La Sansui de los noventa era más pequeña, más selectiva y mucho más vulnerable. Pero precisamente por eso sus últimos grandes amplificadores resultan tan fascinantes.

Cada uno de ellos parece contener una contradicción: son productos concebidos con la mentalidad de una compañía que quería seguir demostrando que estaba entre las grandes, fabricados por una empresa que cada vez tenía menos posibilidades de comportarse como una de ellas.

Y todavía quedaba una última demostración.

En 1999, cuando la historia empresarial de Sansui estaba ya entrando en su tramo final, apareció el B-2105 MOS Vintage. La compañía seguía hablando de Hyper α-X Balanced, Diamond Differential, alimentación simétrica, grandes transformadores, cobre, MOS-FET y velocidades de respuesta extraordinarias. El aparato pesaba 37 kilogramos y tenía un precio de 460.000 yenes.

Sansui todavía quería construir amplificadores de referencia. El problema es que para entonces la batalla decisiva ya no se estaba librando dentro del amplificador. Se estaba librando fuera de él: en las cuentas de la compañía, en sus fábricas, en sus accionistas y en un mercado que había cambiado radicalmente.

Y esa es precisamente la razón por la que la historia de Sansui resulta tan trágica. La tecnología no desapareció antes que la empresa. En cierto modo, ocurrió exactamente al contrario.

El final de la Sansui que conocíamos

A finales de los años noventa, Sansui había llegado a una situación difícil de imaginar para cualquiera que hubiese conocido la compañía durante su época dorada. La marca todavía era capaz de presentar amplificadores extraordinarios y su catálogo japonés conservaba modelos que demostraban una continuidad tecnológica sorprendente, pero la estructura empresarial que había permitido desarrollar aquellos productos se había reducido hasta quedar muy lejos de la que había existido durante los años setenta y primeros ochenta.

En 1999 apareció uno de los últimos grandes ejemplos de aquella filosofía: el AU-α607 MOS Limited. Era un modelo de producción limitada, con un precio de 180.000 yenes, que utilizaba como dispositivos de salida antiguos MOS-FET procedentes de las existencias de reparación de Sansui. Aquellos transistores habían sido empleados anteriormente en modelos como el AU-X111 de 1984, el AU-X1111 MOS Vintage de 1988 y el B-2105 MOS Vintage. Para aprovecharlos correctamente, Sansui desarrolló además un nuevo transformador de gran tamaño cuya corriente secundaria alcanzaba los 10 amperios, aproximadamente el doble de la utilizada en el modelo convencional. La compañía lo presentó como el último representante de la serie 07.

El detalle de los MOS-FET resulta especialmente simbólico. Sansui no estaba simplemente recuperando un componente antiguo porque careciera de recursos para diseñar otro amplificador. Estaba utilizando deliberadamente unos dispositivos que consideraba especialmente adecuados para su filosofía de amplificación rápida y lineal. La decisión encajaba con la trayectoria que había seguido la compañía desde los años ochenta: seleccionar componentes concretos, construir una alimentación capaz de proporcionar la corriente necesaria y desarrollar alrededor de ellos una arquitectura propia.

Y en esos mismos años aparecía otra de las últimas grandes etapas de potencia de la marca, la B-2105 MOS Vintage, que continuaba llevando al extremo aquella filosofía. Con aproximadamente 37 kilogramos de peso y una construcción de auténtica gama alta, el modelo utilizaba la evolución Advanced Hyper α-X Balanced de Sansui y combinaba una arquitectura completamente balanceada con una fuente de alimentación de gran capacidad. La empresa seguía actuando, al menos en el terreno de la ingeniería, como el fabricante de referencia que había sido durante décadas.

Pero mientras los ingenieros continuaban trabajando de esa manera, la situación empresarial se estaba deteriorando rápidamente.

El año 2000 fue especialmente importante porque el problema ya no podía resolverse simplemente mediante una nueva reducción de costes. La actividad de Sansui se había contraído hasta unos niveles extraordinariamente pequeños y la compañía estaba cada vez más condicionada por sus relaciones con los grupos empresariales que la controlaban. La situación financiera de su entorno también era complicada. Akai Holdings, que había estado vinculada al mismo entramado empresarial, entró en una crisis de enormes proporciones y finalmente se declaró insolvente en noviembre de 2000. El colapso de aquel grupo tendría consecuencias importantes para la estructura de propiedad que rodeaba a Sansui.

Sansui, por tanto, llegó al cambio de siglo no solamente debilitada, sino atrapada dentro de una compleja red de empresas asiáticas que también estaban atravesando graves problemas financieros. La marca que había nacido en Tokio como una compañía especializada y relativamente independiente se encontraba ahora en una situación en la que su futuro dependía cada vez más de decisiones tomadas fuera de la propia empresa.

Sin embargo, todavía quedaba una última escena extraordinariamente reveladora.

Durante 2001 continuaron fabricándose en Japón algunos de los últimos grandes amplificadores de Sansui. Los registros de producción conservados por coleccionistas muestran que en abril de aquel año salieron de la línea 60 unidades del AU-111 Vintage y del AU-α907DR. No se trataba de modelos económicos destinados a mantener artificialmente la presencia de la marca, sino de productos que seguían perteneciendo a la tradición de la alta fidelidad japonesa de referencia. Incluso existen registros de unidades fabricadas en junio de 2001.

Ese dato resulta extraordinariamente importante porque nos permite situar con mucha más precisión el final de aquella etapa. La Sansui de los grandes amplificadores no desapareció en algún momento indeterminado de los años noventa. Todavía estaba fabricando amplificadores de alta gama en 2001.

Pero aquello era ya el final.

En marzo de 2001, la empresa comunicó unas pérdidas netas consolidadas de 1.330 millones de yenes correspondientes al ejercicio anterior. Las ventas del grupo habían caído hasta 1.320 millones de yenes, un 71,8 % menos que el año anterior, y el patrimonio neto consolidado presentaba un déficit de 8.180 millones de yenes. La propia compañía explicaba que la caída de las ventas estaba relacionada con la reducción de la producción de productos que no resultaban rentables, entre ellos los equipos de audio de bajo precio.

Esta última circunstancia merece una atención especial porque ayuda a desmontar definitivamente otra de las simplificaciones habituales sobre la desaparición de Sansui. La compañía estaba reduciendo precisamente la producción de equipos de audio baratos porque no eran rentables. Mientras tanto, continuaba existiendo una producción mucho más selectiva de modelos de alta gama. El problema no era simplemente que Sansui hubiera decidido sustituir los amplificadores sofisticados por productos económicos: el problema era que la empresa ya no podía sostener económicamente una actividad industrial suficientemente grande.

La situación se agravó durante ese mismo año. En agosto, Sansui tuvo que revisar al alza su previsión de pérdidas antes de impuestos hasta 900 millones de yenes, debido en buena medida a pérdidas cambiarias. La previsión de ventas del grupo se situaba entonces en apenas 250 millones de yenes, una cifra que muestra hasta qué punto se había reducido la dimensión del negocio.

Y en noviembre llegó otro acontecimiento decisivo. Grande N.A.K.S. y las compañías vinculadas al grupo de Hong Kong pasaron a controlar de hecho Sansui. La documentación empresarial japonesa sitúa el 28 de noviembre de 2001 como la fecha en que Sansui entró efectivamente bajo el control del grupo Grande. Poco después, en diciembre, cerró la fábrica de Sukagawa, en la prefectura de Fukushima.

El cierre de aquella fábrica tiene un valor simbólico enorme. Durante décadas, Sansui había sido una compañía industrial japonesa que diseñaba y fabricaba sus propios componentes de alta fidelidad. Ahora la estructura productiva japonesa estaba desapareciendo.

Y aquí debemos hacer una precisión importante.

Sansui Electric no quebró ni dejó de existir en 2001.

La sociedad continuó funcionando y siguió apareciendo como empresa cotizada durante años. Lo que terminó en torno a aquel periodo fue algo diferente: la Sansui que conocíamos como fabricante japonés de alta fidelidad con una estructura industrial propia. Después del cierre de las instalaciones, la actividad de la empresa se fue reduciendo progresivamente y la fabricación dejó de ser el centro de su existencia.

La prueba aparece de nuevo en las cifras de 2002. Sansui consiguió presentar un beneficio neto consolidado de 3.260 millones de yenes, lo que a primera vista podría parecer una recuperación extraordinaria después de las pérdidas del ejercicio anterior. Pero el resultado era profundamente engañoso si se interpretaba como una recuperación del negocio. El resultado operativo seguía siendo negativo, con una pérdida de 346 millones de yenes, y el resultado antes de impuestos mostraba otra pérdida de 995 millones. Además, las ventas del grupo se habían desplomado un 85,1 %, hasta apenas 197 millones de yenes.

Entonces, ¿de dónde procedía aquel beneficio neto?

Fundamentalmente de operaciones financieras y extraordinarias. El apoyo de Grande N.A.K.S. permitió cancelar parte de la deuda y Sansui registró aproximadamente 2.230 millones de yenes de beneficio derivados de la condonación de préstamos. También liberó otros 2.110 millones de yenes de provisiones relacionadas con la liquidación de empresas participadas. En otras palabras, Sansui no había vuelto a ganar dinero fabricando y vendiendo grandes cantidades de amplificadores. Había conseguido mejorar temporalmente su balance gracias a una operación de saneamiento financiero.

Esta diferencia entre beneficio contable y recuperación industrial es probablemente una de las mejores formas de comprender qué había sucedido.

La empresa todavía podía existir jurídicamente. Podía reorganizar sus deudas, vender activos, recibir apoyo financiero y presentar incluso un beneficio neto en sus cuentas. Pero la actividad industrial que había definido a Sansui durante más de cuatro décadas estaba desapareciendo.

Y eso explica también por qué las fechas que aparecen en Internet pueden resultar contradictorias. Algunas fuentes sitúan el final de la producción japonesa de amplificadores de alta gama en 2001; otras lo prolongan hasta algún momento entre 2002 y 2005. La documentación disponible permite afirmar con seguridad que en 2001 todavía se fabricaban algunos modelos de referencia y que ese mismo año se cerró una de las principales instalaciones productivas. Lo que resulta mucho más difícil es establecer un día concreto en el que «Sansui dejó de fabricar amplificadores». La transformación fue progresiva, no un interruptor que se apagase de un día para otro.

Pero desde el punto de vista de la historia de la alta fidelidad, hay una fecha que tiene un significado especial: 2001.

Es el año en el que podemos encontrar todavía una Sansui auténticamente japonesa fabricando productos que conservaban la filosofía de sus grandes amplificadores, pero también el año en el que desaparece una parte esencial de la infraestructura industrial que había permitido construirlos.

La compañía que había comenzado fabricando transformadores en 1944 había conseguido llegar al siglo XXI.

Lo que no consiguió fue llevar consigo la estructura que había convertido aquellos transformadores en el corazón de algunos de los amplificadores más extraordinarios de la historia del audio japonés.

A partir de aquí comienza otra historia.

Ya no es la historia de Sansui como fabricante de alta fidelidad, sino la historia de Sansui como marca: quién controló sus derechos, qué ocurrió con sus productos fabricados fuera de Japón, cómo se separaron los distintos mercados y por qué el mismo logotipo que durante décadas había identificado amplificadores de referencia terminó apareciendo en productos que no tenían prácticamente ninguna relación con aquella ingeniería.

Y ahí es donde podremos abordar finalmente una de las cuestiones que más confusión ha generado entre los aficionados: ¿cuántas Sansui hubo realmente después de la desaparición de la Sansui original?

Cuando Sansui dejó de ser una empresa y se convirtió en una marca

La desaparición de la estructura industrial japonesa de Sansui no significó la desaparición de su nombre. Y aquí comienza una de las etapas más confusas de toda la historia de la compañía, porque durante los años siguientes el nombre Sansui seguiría apareciendo en productos de diferentes categorías y mercados, mientras la empresa japonesa original iba perdiendo progresivamente el control sobre aquello que durante décadas había representado.

La clave está en distinguir tres conceptos que durante mucho tiempo estuvieron unidos y que ahora comenzaban a separarse: Sansui Electric como empresa japonesa, Sansui como marca registrada y Sansui como fabricante de productos de audio. Durante la época dorada las tres cosas eran prácticamente inseparables. Un amplificador Sansui era diseñado y fabricado por Sansui Electric y llevaba el nombre de la propia compañía. Después de la crisis, esa relación dejó de ser necesariamente cierta.

La transformación había comenzado antes incluso del cierre de las últimas instalaciones japonesas. En 1989, cuando Sansui buscaba desesperadamente una solución financiera, la entrada de capital extranjero ya había introducido a la compañía en una estructura empresarial mucho más compleja. Polly Peck fue sustituida posteriormente por Semi-Tech y, finalmente, a partir de 2001, Grande Holdings pasó a ocupar una posición decisiva en el entramado empresarial relacionado con Sansui.

Pero la adquisición de Sansui por parte de Grande no debe interpretarse como si Grande hubiese heredado simplemente una fábrica de amplificadores. Para entonces, el valor más importante de Sansui comenzaba a estar precisamente en otro lugar: en el nombre, las marcas registradas, la reputación acumulada durante décadas y la posibilidad de utilizar esa identidad comercial en diferentes mercados.

La evolución posterior de las sociedades relacionadas con la marca demuestra hasta qué punto aquella separación llegó a ser profunda. En la documentación corporativa de Grande Holdings, Sansui Acoustics Research Corporation, registrada en las Islas Vírgenes Británicas, aparece como la sociedad propietaria de los derechos mundiales sobre las marcas Sansui. Es decir, los derechos sobre el nombre podían estar en una sociedad distinta de Sansui Electric, la empresa japonesa que había creado originalmente los productos.

Esta separación resulta fundamental para entender por qué empezaron a aparecer productos Sansui fabricados fuera de Japón.

Una empresa podía obtener una licencia para utilizar la marca en un determinado territorio y fabricar o comercializar productos bajo ese nombre sin pertenecer necesariamente a la antigua Sansui Electric japonesa. La marca dejaba así de funcionar como la identificación de un único fabricante y comenzaba a comportarse como un activo comercial que podía ser cedido mediante acuerdos de licencia.

El proceso terminaría desarrollándose hasta convertirse en un auténtico modelo de negocio. Años después, Grande Holdings explicaría oficialmente que gestionaba las marcas Sansui, Akai y Nakamichi mediante acuerdos con diferentes licenciatarios internacionales. Cada uno podía recibir derechos para comercializar productos bajo una de esas marcas en determinadas regiones, utilizando sus propios recursos, conocimientos y redes de distribución. En 2015, por ejemplo, Grande declaraba tener 26 licenciatarios para sus diferentes marcas.

Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto a la Sansui que conocían los aficionados de los años setenta y ochenta.

El Sansui clásico era una empresa fabricante.

El nuevo modelo convertía a Sansui progresivamente en una marca licenciada.

Eso no significa que todos los productos posteriores fueran necesariamente de mala calidad ni que todos procedieran del mismo fabricante. Significa algo mucho más importante: el logotipo dejó de garantizar por sí mismo quién había diseñado y fabricado el aparato.

Esta transformación explica perfectamente una de las experiencias que tuvieron muchos aficionados durante los años noventa y dos mil. Podían encontrarse productos con el mismo nombre Sansui en diferentes mercados y con características completamente distintas. Algunos seguían relacionados con la actividad tradicional de audio, mientras que otros pertenecían a categorías de electrónica de consumo mucho más amplias.

La propia evolución empresarial de Grande Holdings confirma esta ampliación. En sus informes posteriores, la compañía describía Sansui como una marca dirigida principalmente al mercado de productos de audio y vídeo de precio bajo y medio, además de televisores, pantallas, electrodomésticos, teléfonos, accesorios y sistemas para automóvil. La marca podía utilizarse en categorías que tenían muy poco que ver con los grandes amplificadores japoneses que habían construido su reputación original.

Esto también permite comprender mejor por qué las fotografías de determinados productos posteriores pueden resultar desconcertantes para un aficionado de toda la vida. El mismo nombre que había aparecido sobre un AU-919, un AU-X1 o un B-2105 podía encontrarse después sobre un televisor o un equipo de electrónica de consumo fabricado por otra empresa.

No era necesariamente una falsificación ni un uso ilegítimo del nombre. Era precisamente el resultado de la nueva estrategia empresarial: la marca se había convertido en un activo que podía ser licenciado a fabricantes y distribuidores independientes.

Y, con el tiempo, esa estrategia llegó mucho más lejos.

En 2006, Grande Holdings explicaba ya que gestionaba la distribución y las licencias de tres grandes marcas internacionales —Nakamichi, Akai y Sansui— y que había seguido invirtiendo en ellas mediante nuevas líneas de producción de televisores de plasma y LCD en China. El objetivo era aprovechar el valor comercial acumulado por aquellos nombres en categorías de electrónica de consumo en pleno crecimiento.

Años después, el sistema estaba todavía más desarrollado. En documentación corporativa de Grande se describe explícitamente un modelo en el que los titulares de las marcas concedían derechos a empresas independientes de diferentes partes del mundo para vender productos bajo los nombres Sansui, Akai o Nakamichi. Los licenciatarios pagaban una cantidad por utilizar la marca y asumían por su cuenta la fabricación, comercialización y distribución de los productos autorizados.

Esto explica algo que durante años ha generado una enorme confusión entre los aficionados: después de la desaparición de la Sansui industrial, podía haber varias empresas utilizando legítimamente el nombre Sansui en distintos países y para categorías diferentes.

No eran necesariamente varias Sansui independientes compitiendo entre sí.

Eran, en muchos casos, diferentes licenciatarios utilizando una misma marca cuyo propietario se encontraba separado de la antigua empresa japonesa.

En Hablando de Teles teníamos la sensación de que había una Sansui vinculada a intereses británicos o europeos y otra diferente en Asia. Prueba de ello es que había dos webs hace unos años sin nada que ver entre ellas, usando cada una un logotipo; el clásico en el caso de la europea y el posterior a 1987 en el caso de la asiática.

La memoria tiene una base real, pero tras realizar una profunda investigación vimos que la realidad jurídica era más complicada. La entrada de Polly Peck en 1989 fue efectivamente una operación protagonizada por un grupo británico y posteriormente el control empresarial pasó por diferentes grupos asiáticos hasta llegar a Grande Holdings. Sin embargo, no podemos describir el resultado simplemente como una división de la marca entre una “Sansui británica” y una “Sansui asiática”. Lo que terminó produciéndose fue una combinación de cambios de propiedad, sociedades intermediarias y derechos de marca gestionados por separado según las regiones y las categorías de producto.

La documentación de marcas demuestra además que esta separación llegó a afectar incluso a determinados territorios de forma específica. En Estados Unidos, por ejemplo, aparecen registros posteriores relacionados con Sansui Acoustics Research Corporation, mientras que otros expedientes continuaban identificando a Sansui Electric como titular de solicitudes de marca. La situación jurídica no fue completamente uniforme y fue cambiando con el tiempo.

España ofrece otro pequeño ejemplo de esa complejidad. El antiguo registro español de Sansui, solicitado originalmente en 1967 para productos de audio y electrónica, figura posteriormente con una transferencia registrada en 2003. Esto no significa por sí solo que España tuviera una “Sansui diferente”, pero sí demuestra que los derechos sobre la marca fueron objeto de operaciones y transferencias mucho después de que la Sansui clásica hubiera dejado de funcionar como fabricante de referencia.

La consecuencia histórica fue enorme.

Durante más de cuatro décadas, comprar un Sansui significaba, en términos generales, comprar un producto procedente de una compañía japonesa concreta, con una cultura de ingeniería perfectamente reconocible. Después de la fragmentación, comprar un producto con el logotipo Sansui ya no permitía hacer esa misma asociación automáticamente.

El nombre había sobrevivido. La empresa, en cambio, había quedado atrás.

Y probablemente esa sea la mejor manera de explicar la sensación de desconcierto que experimentaron muchos aficionados durante los años 2000. El logotipo seguía existiendo, aparecía en nuevos productos y la marca continuaba teniendo presencia internacional, pero aquella relación directa entre Sansui, ingeniería japonesa y fabricación propia se había roto.

La compañía que había empezado fabricando transformadores en Tokio había terminado convirtiendo su mayor patrimonio en algo intangible: un nombre capaz de seguir generando valor comercial incluso después de que la fábrica que lo había hecho famoso hubiera desaparecido.

Sansui había dejado de ser, esencialmente, un fabricante que poseía una marca. Había empezado a convertirse en una marca que otros fabricantes podían utilizar.

Y esa transformación es la que permite entender por qué, al mirar hoy un producto Sansui de las últimas décadas, hay que hacerse una pregunta que durante la época dorada era innecesaria:

¿Quién fabricó realmente este Sansui?

El final de Sansui Electric: 2012-2014

Después del cierre de la fábrica de Sukagawa en diciembre de 2001, Sansui Electric todavía continuó existiendo como sociedad japonesa, pero su relación con la fabricación de equipos de alta fidelidad había cambiado radicalmente. La antigua estructura industrial había desaparecido y la compañía se encontraba cada vez más lejos de aquella Sansui que había diseñado y fabricado en Japón sus propios amplificadores, receptores y componentes durante décadas.

Durante los primeros años del nuevo siglo, la empresa intentó encontrar nuevas actividades que pudieran proporcionar ingresos. En octubre de 2002 llegó incluso a entrar en el negocio de los sistemas informáticos, aunque aquella incursión tuvo una vida muy corta y terminó siendo abandonada ante el agravamiento de los déficits. La actividad de Sansui se fue reduciendo progresivamente, mientras diferentes sociedades vinculadas a la compañía eran vendidas o reorganizadas. En 2004, por ejemplo, Sansui Electric adquirió la participación que todavía no controlaba de Sansui Sales Pte. Ltd., una de sus filiales de Singapur.

La evolución de la propia estructura corporativa muestra hasta qué punto se había reducido el tamaño de la compañía. En 1997 Sansui había vendido todas las acciones de su filial estadounidense Sansui Incorporated. En 2001 vendió también las participaciones que conservaba en Sansui International Company Limited, SCIC Limited y Sansui Industrial China Company Limited. Poco después llegó el cierre de la fábrica de Fukushima y, en agosto de 2002, la venta de los terrenos y edificios de aquella instalación.

Aquello tenía un significado mucho mayor que el de una simple operación inmobiliaria. La compañía estaba desprendiéndose de una parte esencial de los activos que habían formado su estructura industrial. El fabricante japonés que había llegado a tener una enorme capacidad productiva estaba reduciendo progresivamente sus instalaciones, sus filiales y sus actividades.

Sin embargo, Sansui Electric no desapareció inmediatamente.

Durante la década siguiente continuó existiendo como sociedad, aunque su actividad fue reduciéndose hasta niveles muy pequeños. La marca Sansui seguía teniendo presencia comercial en diferentes mercados gracias a acuerdos de licencia y a empresas vinculadas al grupo Grande, mientras que la propia sociedad japonesa tenía cada vez menos relación con la fabricación de los productos que llevaban su nombre.

Esta separación entre empresa y marca es fundamental para comprender los últimos años de Sansui. El nombre podía continuar apareciendo en televisores, equipos de audio y otros productos de electrónica de consumo fabricados por diferentes empresas, mientras Sansui Electric sobrevivía como una compañía japonesa con una actividad industrial cada vez más limitada.

En 2010 se produjo otro momento decisivo. Sansui Electric dejó prácticamente en suspenso su actividad de equipos audiovisuales. Para entonces, la empresa ya no podía considerarse un fabricante de alta fidelidad en el sentido tradicional. Su volumen de negocio había descendido hasta niveles extraordinariamente pequeños y la compañía dependía cada vez más de recursos externos y de acuerdos relacionados con la marca.

La situación financiera terminó haciendo imposible continuar indefinidamente de aquella manera.

En abril de 2012, Sansui Electric solicitó ante el Tribunal de Distrito de Tokio la aplicación de la legislación japonesa de rehabilitación civil, un procedimiento destinado a intentar reorganizar una empresa con problemas financieros y evitar su desaparición inmediata. El intento de reconstrucción no consiguió devolver a la compañía a una situación estable. Apenas un mes después, el 3 de mayo, Sansui dejó de cotizar en la Bolsa de Tokio. A finales de ese mismo año, el 27 de diciembre, el procedimiento de rehabilitación civil fue formalmente concluido.

Pero cerrar un procedimiento de rehabilitación no significaba que Sansui hubiera recuperado su antiguo negocio. La compañía seguía arrastrando problemas financieros y disponía de una actividad económica demasiado pequeña para sostener su estructura.

Finalmente, el 9 de julio de 2014 llegó el momento que podemos considerar como la verdadera desaparición jurídica de la Sansui fundada por Kōsaku Kikuchi. El Tribunal de Distrito de Tokio dictó la apertura del procedimiento de quiebra de Sansui Electric Co., Ltd. La empresa tenía entonces unos pasivos de aproximadamente 350 millones de yenes.

La noticia fue recibida en Japón como el final de una compañía histórica. La empresa que había comenzado su actividad en 1944 fabricando transformadores y que se había constituido jurídicamente en 1947 había pasado por casi setenta años de historia industrial antes de llegar a aquel desenlace. Durante décadas había fabricado algunos de los amplificadores más sofisticados de la industria japonesa y había contribuido decisivamente a convertir la alta fidelidad japonesa en una referencia mundial.

Pero cuando llegó aquel 9 de julio de 2014, ya hacía muchos años que aquella Sansui había dejado de existir en el sentido que interesaba a los aficionados.

La desaparición jurídica fue solamente el último acto de un proceso que había comenzado mucho antes.

La primera ruptura había sido financiera, cuando la empresa dejó de poder sostener la estructura industrial que había construido durante su época de expansión. Después llegó la entrada de capital extranjero, las sucesivas reorganizaciones, el cierre de las fábricas japonesas y la separación entre la empresa y la marca. Finalmente, la propia sociedad japonesa quedó reducida a una estructura incapaz de generar los recursos necesarios para continuar.

Por eso, si tuviéramos que escoger una fecha para decir cuándo terminó la Sansui fabricante de alta fidelidad, probablemente tendríamos que mirar hacia 2001-2002, cuando se cerró la fábrica de Sukagawa y se vendieron sus instalaciones. Si hablamos de cuándo terminó la Sansui Electric como sociedad japonesa, la fecha es mucho más precisa: 9 de julio de 2014.

Son dos finales diferentes.

Y entre ambos transcurrieron casi trece años en los que el nombre Sansui siguió circulando por el mundo mientras la empresa que había creado aquel nombre se iba apagando.

Existe además una última ironía en toda esta historia. Sansui consiguió sobrevivir jurídicamente mucho más tiempo que su propia capacidad para fabricar los productos que la habían hecho famosa. El nombre continuó apareciendo en aparatos fabricados por otras empresas y en diferentes mercados, pero la relación directa entre la marca, los ingenieros y las fábricas japonesas se había roto.

La compañía había desaparecido como fabricante mucho antes de desaparecer como sociedad.

Y finalmente, en 2014, desapareció también la sociedad.

Kōsaku Kikuchi había comenzado en 1944 fabricando transformadores porque consideraba que la calidad de los componentes era fundamental para conseguir mejores productos electrónicos. Setenta años después, Sansui Electric dejaba de existir.

Entre ambos extremos había quedado una de las historias más extraordinarias de la electrónica japonesa: la de una pequeña empresa de transformadores que terminó fabricando amplificadores como el AU-919, el AU-X1, el AU-X901, el AU-α907 y el B-2105 MOS Vintage; una compañía capaz de convertir la investigación electrónica en una seña de identidad propia y de competir durante décadas con los mayores fabricantes del mundo.

Su desaparición empresarial no borra esa historia.

Al contrario.

Hace que resulte todavía más extraordinario que una empresa que empezó siendo un pequeño fabricante de transformadores llegara tan lejos.

Y ahora sí podemos cerrar la primera parte de esta historia.

Porque después de seguir a Sansui desde aquel pequeño taller de Tokio hasta su desaparición como empresa, llega el momento de detenernos en aquello que explica por qué su nombre sigue teniendo tanta fuerza entre los aficionados: los equipos que construyeron su leyenda.

Parte 2: Los Sansui que hicieron historia.

Todas las fotos que vais a ver han sido cedidas por Silvio Pomar de Hifiman. Silvio lleva toda una vida dedicada al audio. A lo largo de su carrera profesional ha tenido prácticamente todos los modelos de Sansui, algunos de los cuales pasaron a formar parte de su colección personal.

El Sansui G-33000: cuando un receptor necesitaba dos chasis

Si hubo una época en la que los grandes receptores estéreo llegaron a convertirse en auténticas declaraciones de intenciones, el Sansui G-33000 ocupa un lugar muy especial. Presentado en 1978, este gigantesco receptor representaba la culminación de una filosofía que Sansui había desarrollado durante toda la década: no conformarse con reunir en un mismo aparato un sintonizador, un previo y una etapa de potencia, sino llevar cada una de esas secciones hasta un nivel de construcción y prestaciones comparable al de componentes separados. El resultado fue tan descomunal que Sansui decidió dividir físicamente el aparato en dos unidades: por un lado, el sintonizador-preamplificador y, por otro, la etapa de potencia. Cuando ambas secciones se unían, formaban un único receptor de unas dimensiones realmente extraordinarias.

La cifra que más impresiona es, naturalmente, la potencia. El G-33000 estaba especificado en 300 vatios RMS por canal sobre 8 ohmios, con los dos canales funcionando simultáneamente y una distorsión armónica total inferior al 0,009 % entre 5 Hz y 20 kHz. Pero la potencia era solamente una parte de lo que Sansui quería demostrar. El amplificador utilizaba una arquitectura de corriente continua (Straight DC) y alcanzaba una velocidad de respuesta de 175 V/µs, una cifra extraordinariamente elevada para un receptor estéreo de la época. Su respuesta especificada desde la entrada principal llegaba además hasta los 300 kHz, mientras que la propia documentación comercial destacaba la rapidez de respuesta del diseño como una de sus principales características.

La división en dos chasis tampoco era una simple solución para facilitar el transporte de un aparato gigantesco. La sección de amplificación constituía prácticamente un amplificador de potencia independiente, con su propia alimentación, mientras que la otra unidad reunía el sintonizador y las funciones de previo. De esta manera, Sansui podía mantener separadas físicamente las partes más sensibles de la electrónica de señal y, al mismo tiempo, concentrar en una unidad específica toda la alimentación y la electrónica necesaria para entregar semejante potencia. El conjunto alcanzaba los 45,4 kg, de los que aproximadamente 29,3 kg correspondían a la sección de amplificación y 16,1 kg al sintonizador-preamplificador.

El resultado era un aparato de unas dimensiones que hoy cuesta incluso imaginar para un receptor doméstico: 636 mm de anchura, 227 mm de altura y 553 mm de profundidad cuando las dos secciones estaban unidas. Sansui había conseguido fabricar un receptor que, por concepto, podía desempeñar el papel de un sistema de previo, sintonizador y etapa de potencia independientes, pero que conservaba la comodidad de manejo y la integración de un único componente. En la práctica, incluso ofrecía una ventaja inesperada: las dos secciones podían separarse, de modo que la etapa de potencia podía instalarse fuera de la vista mientras el sintonizador-preamplificador permanecía en el mueble del equipo.

La sección de sintonización y previo estaba igualmente lejos de ser un simple complemento de la etapa. El G-33000 incorporaba dos entradas de phono, controles de tono de tres bandas con frecuencias de corte seleccionables, filtros subsónico y de agudos, loudness, dos anchos de banda seleccionables tanto para FM como para AM, controles de muting, mezcla de micrófono y funciones para trabajar con dos sistemas de altavoces. También disponía de dos grandes vúmetros para la etapa de potencia y de indicadores independientes para la señal y la sintonía, todo ello integrado en un frontal de dimensiones acordes con el resto del aparato.

El G-33000 pertenece, por tanto, a una generación de receptores que resulta difícil de comparar con los actuales. Hoy solemos asociar un receptor estéreo con un aparato relativamente compacto al que se conectan unas cajas acústicas, pero durante los años setenta los modelos de gama alta podían convertirse en auténticos centros de control del equipo doméstico. Sansui llevó esa idea hasta uno de sus extremos: el G-33000 no era solamente un receptor con mucha potencia, sino un intento de reunir en un único sistema las prestaciones, la construcción y la filosofía de un conjunto de alta fidelidad separado.

Y precisamente por eso resulta tan interesante contemplarlo por dentro. Tras ese frontal gigantesco no había simplemente una colección de componentes sobredimensionados para impresionar al comprador, sino una arquitectura coherente con la obsesión de Sansui por la alimentación, la velocidad de respuesta y la reducción de los errores introducidos por la propia electrónica. El G-33000 aparece así como uno de los mejores ejemplos de aquella etapa de la compañía en la que la ingeniería parecía no aceptar demasiados límites: si un receptor podía construirse como dos aparatos, utilizar una etapa de 300 vatios por canal y llevar su arquitectura hasta el territorio de los grandes amplificadores independientes, Sansui estaba dispuesta a hacerlo.

Sansui G-33000
Sansui G-33000
Sansui G-33000
Sansui G-33000

Sansui G-7500: la gama media-alta que tenía muy poco de pequeña

Después de encontrarnos con el gigantesco G-33000, podría parecer que todos los grandes receptores de Sansui de aquella época tenían que ser necesariamente enormes. Nada más lejos de la realidad. El G-7500 pertenece a una categoría inferior dentro de la extensa familia de receptores de la marca, pero basta con contemplarlo para comprobar que en aquellos años incluso un modelo que no ocupaba la cima de la gama podía ser un aparato imponente. Lanzado para la generación de 1978-1979, el G-7500 ofrecía 90 vatios RMS por canal sobre 8 ohmios, con ambos canales funcionando simultáneamente y una distorsión armónica total inferior al 0,025 %.

Conviene aclarar además una confusión que se ha repetido durante años alrededor de esta pareja de modelos. Aunque el G-7500 y el G-7000 presentan un aspecto muy parecido, no son el mismo receptor vendido con diferentes nombres según el mercado. El G-7000 pertenecía a la generación G-x000, mientras que el G-7500 formaba parte de la siguiente serie G-x500. En Europa, el G-7000 tuvo además su correspondiente versión denominada G-701, lo que ayuda a explicar por qué aparecen diferentes referencias cuando se consultan catálogos y bases de datos de Sansui. El G-7500, en cambio, es un modelo propio, situado entre generaciones y con sus propias especificaciones.

Eso no significa que el G-7500 fuese un receptor sencillo. Su denominación puede hacer pensar que se encontraba en una zona intermedia de la extensa gama Sansui, pero la construcción y las prestaciones seguían estando claramente por encima de lo que hoy asociaríamos con un equipo doméstico convencional. Sus 17,2 kg de peso, repartidos en un chasis de 505 milímetros de anchura, 182 de altura y 409 de profundidad, dejan claro desde el primer momento que estamos ante un componente construido en una época en la que un receptor estéreo podía ser el auténtico centro de un sistema de alta fidelidad.

El G-7500 utilizaba una arquitectura de amplificación en corriente continua, identificada por Sansui como Pure Power DC, y sus especificaciones reflejan la filosofía que la compañía había desarrollado durante la década anterior. La respuesta en frecuencia alcanzaba de 5 Hz a 50 kHz, la velocidad de respuesta era de 60 V/µs y el tiempo de subida se situaba en 1,4 microsegundos. Son cifras que, aunque no cuentan por sí solas cómo suena un amplificador, muestran hasta qué punto Sansui estaba preocupada por conseguir una electrónica rápida y con un comportamiento lineal mucho más allá del margen audible.

La sección de previo tampoco era un simple complemento de la etapa de potencia. El G-7500 incorporaba entrada de fono para cápsulas MM, entrada de micrófono, entradas de línea y conexiones DIN, además de monitorización de cinta y controles y filtros destinados a adaptar la reproducción a diferentes fuentes y condiciones de escucha. El panel frontal reunía también los característicos indicadores de potencia y sintonía, mientras que la sección de radio ofrecía recepción de FM y onda media. Era, en definitiva, un equipo concebido para centralizar buena parte del sistema de música doméstico en un solo chasis.

Y aquí es donde el G-7500 resulta especialmente interesante dentro de nuestra historia. No hace falta que un Sansui sea un AU-20000, un G-33000 o una etapa de varias decenas de kilos para representar la filosofía de la marca. Una parte enorme del éxito de Sansui durante los años setenta estuvo precisamente en conseguir trasladar muchos de los principios desarrollados en sus modelos superiores a equipos que podían llegar a un público mucho más amplio. El G-7500 pertenece a esa categoría: no pretende ser el aparato definitivo de la marca, pero sí ofrecer una combinación de potencia, construcción, funciones y presencia que, para un aficionado de finales de los setenta, convertía al receptor en una pieza central del equipo.

Comparado con el G-33000 que acabamos de ver, la diferencia resulta evidente. El gigantesco buque insignia llevaba la idea de receptor hasta un extremo casi absurdo, separando incluso físicamente la sección de potencia del sintonizador-preamplificador. El G-7500 era mucho más convencional y podía vivir perfectamente como una única unidad sobre un mueble, pero conservaba algo de aquella misma filosofía: un receptor no tenía por qué ser un compromiso entre comodidad y alta fidelidad. Podía ser, sencillamente, un auténtico amplificador estéreo de calidad al que Sansui había añadido un sintonizador y las funciones necesarias para convertirlo en el corazón de un sistema completo.

Por eso, aunque dentro del catálogo de Sansui el G-7500 no pueda considerarse uno de los gigantes absolutos de la marca, verlo hoy junto a aquellos enormes receptores de los años setenta permite entender mejor hasta dónde había llegado aquella categoría de producto. 17 kilos, 90 vatios por canal y medio metro de anchura no eran entonces una extravagancia: eran la forma que podía adoptar un receptor de gama alta para un aficionado que quería tenerlo todo en un solo aparato. Y Sansui fabricó muchos modelos así antes de que aquella época de grandes receptores comenzara a desaparecer.

Sansui G-7500
Sansui G-7500

Sansui G-8700DB: el receptor que empezó a mirar hacia el futuro

Si el G-33000 representa el extremo más espectacular de la filosofía Sansui y el G-7500 demuestra hasta dónde podía llegar un receptor que no ocupaba la cima de la gama, el G-8700DB introduce algo diferente: la transición hacia una nueva generación de equipos en la que la información digital empieza a convivir con los elementos tradicionales del receptor estéreo. Fabricado a partir de 1979, este enorme Sansui conservaba el característico dial analógico iluminado y su puntero mecánico, pero añadía un indicador digital de frecuencia y sustituía los tradicionales vúmetros de aguja por dos grandes columnas de LED para mostrar el nivel de potencia. El manual de servicio confirma que el aparato combinaba el mecanismo de dial convencional con un fluorescent display unit y un conjunto independiente de indicadores LED.

La combinación resulta especialmente llamativa porque no intenta ocultar una tecnología detrás de la otra. Al contrario: el usuario podía seguir viendo físicamente cómo se desplazaba el puntero sobre la escala de FM mientras, al mismo tiempo, una lectura digital indicaba con precisión la frecuencia seleccionada. Era una solución muy característica de aquellos años, cuando la electrónica digital comenzaba a introducirse en los equipos de alta fidelidad pero todavía convivía con mecanismos analógicos que habían formado parte de los receptores durante décadas. En el G-8700DB, esa convivencia se convierte incluso en uno de sus principales rasgos estéticos.

Y detrás de aquella nueva presentación había también una electrónica considerable. El G-8700DB pertenecía a la familia Pure Power DC de Sansui y entregaba 160 vatios RMS por canal sobre 8 ohmios, con ambos canales funcionando entre 20 Hz y 20 kHz y una distorsión armónica total inferior al 0,025 %. Su respuesta de frecuencia desde las entradas de línea alcanzaba de 5 Hz a 80 kHz, mientras que la etapa de potencia tenía una respuesta que se extendía desde corriente continua hasta 200 kHz. La velocidad de respuesta era de 76 V/µs y el tiempo de subida de 1,4 microsegundos.

Esas cifras permiten entender que el G-8700DB no era simplemente un receptor al que Sansui hubiese añadido un display digital para modernizar su aspecto. La compañía seguía aplicando en él buena parte de la filosofía de amplificación que había desarrollado durante los años anteriores. La alimentación y la sección de potencia tenían que ser capaces de manejar una cifra de 160 vatios por canal, mientras que el diseño de corriente continua y la elevada velocidad de respuesta reflejaban aquella búsqueda de Sansui por conseguir amplificadores rápidos y con una respuesta lineal muy amplia.

La sección de previo también estaba a la altura. El G-8700DB disponía de dos entradas de phono, dos bucles de grabación, entradas de línea y micrófono, controles independientes de graves, medios y agudos, filtro subsónico, filtro de agudos, loudness y muting. En la parte de radio, el sintonizador cubría FM y AM y añadía funciones como selección del ancho de banda de FI, reducción de ruido en FM y Dolby para emisiones FM compatibles. No era, por tanto, un amplificador al que se hubiera incorporado un sintonizador como función secundaria: seguía siendo un receptor concebido como centro de un sistema completo.

Sus dimensiones ayudan a comprender la categoría a la que pertenecía. Con aproximadamente 56 centímetros de anchura, 20 centímetros de altura y casi 48-50 centímetros de profundidad, según la documentación consultada, y un peso cercano a los 22 kilos, el G-8700DB tenía una presencia física considerable. Pero quizá sea precisamente esa combinación entre tamaño, potencia y tecnología la que mejor explica por qué resulta tan representativo. Ya no estamos ante la estética puramente analógica de los grandes receptores de comienzos de los setenta, pero tampoco ante un aparato que haya abandonado aquella estética para abrazar por completo lo digital.

El cambio se aprecia especialmente en sus indicadores. Durante años, los grandes receptores habían utilizado agujas que se desplazaban sobre escalas graduadas para mostrar el nivel de señal o la potencia. El G-8700DB sustituye esa imagen por dos columnas luminosas de LED, capaces de mostrar visualmente el nivel de salida de cada canal. Es un cambio pequeño desde el punto de vista funcional, pero enorme desde el punto de vista visual: las agujas pertenecían a una generación de equipos; aquellas columnas luminosas anunciaban la siguiente.

También resulta significativo que el display digital no sustituya al dial analógico. Sansui conserva ambos sistemas porque cada uno aporta algo diferente: la escala permite visualizar de manera continua la posición del sintonizador y el recorrido de la banda, mientras que la lectura digital ofrece una referencia numérica mucho más precisa. Es una solución que hoy puede parecernos redundante, pero que en 1979 representaba perfectamente el momento tecnológico que estaba viviendo la electrónica de consumo: lo digital llegaba a los equipos de alta fidelidad sin borrar todavía todo aquello que había hecho reconocible a un receptor tradicional.

Por eso el G-8700DB es un magnífico punto final para nuestra pequeña selección de receptores Sansui. No es necesario recorrer decenas de modelos para comprender la evolución de esta categoría. El G-33000 nos ha mostrado hasta dónde podía llegar la obsesión por el tamaño, la potencia y la construcción; el G-7500 nos ha enseñado que incluso un modelo situado más abajo en la gama podía ser un aparato extraordinariamente serio; y el G-8700DB nos deja justo en el umbral de otra época, cuando los displays digitales, el cuarzo y los indicadores LED comenzaban a cambiar la estética de los equipos de alta fidelidad sin que Sansui hubiera renunciado todavía a sus enormes chasis ni a sus grandes etapas de potencia.

Y quizá por eso, visto hoy, resulta tan difícil no quedarse mirándolo. Es mitad receptor clásico y mitad anuncio de lo que estaba a punto de llegar. Una pieza que pertenece todavía a los años setenta, pero que ya parece saber que los ochenta están a la vuelta de la esquina.

Sansui G-8700DB
Sansui G-8700DB

Sansui Definition Series: cuando Sansui llevó su filosofía al extremo

Si los grandes receptores muestran hasta dónde podía llegar Sansui cuando quiso convertir un equipo completo en una sola máquina, la Definition Series representa la otra cara de aquella filosofía: separar las funciones y construir cada componente sin demasiadas concesiones. Presentada en 1975, la serie nació alrededor del preamplificador CA-3000 y las etapas de potencia BA-3000 y BA-5000, a las que posteriormente se incorporaron otros componentes de referencia. Sansui no estaba creando simplemente una gama de amplificadores caros, sino una declaración de intenciones frente a los fabricantes que comenzaban a competir en el territorio más exclusivo de la alta fidelidad japonesa.

La propia publicidad de Sansui de 1975 utilizaba un lenguaje que dejaba muy clara la intención de la compañía: hablaba de una aproximación «uncompromising» al diseño de componentes de alta potencia y presentaba la Definition Series como una gama concebida para ofrecer prestaciones que permanecieran estables durante toda la vida útil del aparato. Detrás de aquella retórica había además una construcción realmente ambiciosa: transformadores de alimentación toroidales, múltiples transistores de salida y circuitos de protección destinados a permitir que las etapas trabajasen con grandes niveles de potencia de forma sostenida.

Y aquí las fotografías de Silvio adquieren un valor especial. Los grandes paneles en acabado oscuro, los enormes instrumentos y la construcción interior permiten apreciar una Sansui muy diferente de la que encontramos en los receptores G-series. Ya no se trata de ofrecer muchas funciones en un único aparato, sino de dedicar espacio, alimentación y componentes a que cada parte del sistema pueda hacer su trabajo de la mejor manera posible.

Sansui CA-3000: el centro de control

El CA-3000 era el corazón de la primera Definition Series. Se trataba de un preamplificador completamente independiente, diseñado para trabajar con las etapas BA-3000 y BA-5000, y su planteamiento dejaba claro que Sansui no quería que la ausencia de una etapa de potencia integrada significase renunciar a la sofisticación. Sus especificaciones incluían una respuesta en frecuencia de 10 Hz a 100 kHz, con una desviación máxima de ±0,5 dB, una distorsión armónica total del 0,03 % y una separación entre canales de 60 dB. El precio de lanzamiento en Estados Unidos fue de 699,95 dólares.

Más allá de las cifras, lo interesante del CA-3000 era la cantidad de posibilidades de control que ofrecía. Disponía de dos entradas de phono, entradas de línea, múltiples conexiones para grabación y monitorización, controles de graves, medios y agudos, filtros de bajas y altas frecuencias y funciones de muting. Sansui pretendía que el propietario pudiera construir alrededor de él un sistema completo y adaptar con precisión la reproducción a sus fuentes y necesidades.

La construcción también estaba a la altura de su posición. Las placas electrónicas eran extraíbles y utilizaban conectores dorados, una solución que facilitaba tanto el montaje como el mantenimiento y que hoy resulta especialmente interesante cuando se observa uno de estos aparatos varias décadas después. El chasis, además, no era precisamente discreto: 460 mm de anchura, 178 mm de altura y 373 mm de profundidad, con unos 13,3 kg de peso. Era un preamplificador concebido para ocupar un lugar protagonista en un sistema de alta fidelidad, no un accesorio escondido detrás de la etapa.

Y quizá lo más interesante sea que el CA-3000 no debe entenderse aisladamente. Su verdadero significado aparece cuando lo colocamos junto a las etapas que Sansui desarrolló para él. El BA-3000 ofrecía 170 vatios por canal, mientras que el gigantesco BA-5000 alcanzaba 300 vatios por canal, ambos con los dos canales funcionando simultáneamente. En el caso del BA-5000, además, Sansui especificaba funcionamiento estéreo con cargas de 2, 4 y 8 ohmios y la posibilidad de trabajar en mono hasta alcanzar 600 vatios.

Sansui CA-3000
Sansui CA-3000

Sansui BA-3000: 170 vatios en una etapa de referencia

El BA-3000 ocupaba la posición intermedia de aquellas primeras etapas Definition, pero llamarlo simplemente «el pequeño» sería bastante engañoso. Sus 170 vatios RMS por canal y su capacidad para entregar 340 vatios en configuración mono lo colocaban directamente en el territorio de los amplificadores de alta potencia de la época. Su distorsión armónica especificada era inferior al 0,05 % y la respuesta de frecuencia alcanzaba de 5 Hz a 100 kHz. Pesaba aproximadamente 22,6 kg.

El diseño de la etapa seguía la misma filosofía que presidía toda la serie: una alimentación sobredimensionada, múltiples transistores de salida y una construcción pensada para soportar cargas exigentes. La documentación de Sansui insistía precisamente en la capacidad de estas etapas para mantener su potencia de forma constante, algo que explica también sus grandes transformadores y su importante masa. No era potencia concebida únicamente para impresionar en una ficha técnica: el objetivo era disponer de margen suficiente para controlar cajas acústicas difíciles sin que el amplificador tuviera que trabajar continuamente al límite.

Sansui BA-3000
Sansui BA-3000

Sansui BA-5000: cuando 300 vatios ya no parecían suficientes

Y entonces llegamos al BA-5000, uno de los amplificadores de potencia más espectaculares que Sansui construyó durante los años setenta. Sus 300 vatios RMS por canal sobre 2, 4 y 8 ohmios, con ambos canales funcionando simultáneamente, lo situaban en una categoría en la que muy pocos amplificadores domésticos podían competir. En mono podía alcanzar 600 vatios, y la propia documentación de la época destacaba sus dos grandes instrumentos de potencia, sus tres circuitos de protección y su sistema de ventilación forzada.

El BA-5000 pesaba aproximadamente 49 kg y estaba preparado incluso para instalación en rack, con una anchura estándar de 19 pulgadas. En 1975 su precio estadounidense era de 1.299,95 dólares, una cantidad que lo colocaba claramente en la zona de los componentes de referencia.

Pero quizá lo que mejor define al BA-5000 es que Sansui no se limitó a aumentar la potencia del BA-3000. El aparato estaba pensado como una auténtica etapa profesional de alta fidelidad adaptada al entorno doméstico, con transformadores toroidales destinados a reducir el flujo magnético disperso, numerosos transistores de salida y una alimentación capaz de sostener semejante demanda. Cuando se observa su construcción, resulta fácil entender por qué se convirtió en uno de los Sansui más reconocibles de aquella época.

Sansui BA-5000
Sansui BA-5000

Sansui AU-20000: toda la Definition Series en un solo chasis

El AU-20000 es especialmente interesante porque permite cerrar el círculo. Si el CA-3000 y el BA-3000 representaban la filosofía de separar las funciones, Sansui decidió demostrar que también podía integrar aquella arquitectura en un único amplificador. El resultado fue un aparato de 170 vatios por canal, construido conceptualmente alrededor del preamplificador CA-3000 y la etapa BA-3000, aunque con diferencias en la sección de previo.

Con sus aproximadamente 23,6 kg, 460 mm de anchura y 400 mm de profundidad, el AU-20000 era un amplificador integrado de proporciones considerables. Ofrecía 170 vatios por canal sobre 4 y 8 ohmios, además de 85 vatios sobre 16 ohmios, con una distorsión armónica especificada inferior al 0,05 %. Su precio estadounidense rondaba los 1.000 dólares en la segunda mitad de los setenta.

Su importancia dentro de la historia de Sansui va más allá de sus cifras. El AU-20000 demuestra que la compañía estaba desarrollando simultáneamente dos estrategias: por un lado, los sistemas separados de máxima sofisticación; por otro, amplificadores integrados capaces de incorporar buena parte de aquella tecnología en un único aparato. No era una contradicción, sino dos maneras diferentes de responder a un mismo objetivo: conseguir que la electrónica de amplificación dejara de ser el elemento limitante del sistema.

Sansui AU-20000
Sansui AU-20000

Sansui AU-11000: la alta fidelidad de referencia en formato integrado

El AU-11000 pertenece a una generación posterior y comparte buena parte de la filosofía de la Definition Series, aunque dentro de la denominación que Sansui empleó posteriormente para su gama Professional. Con 110 vatios por canal, una distorsión armónica inferior al 0,05 % y una respuesta que alcanzaba los 80 kHz en la versión AU-11000A, era un amplificador integrado situado claramente en la parte alta del catálogo. La arquitectura interna separaba las funciones de previo y potencia dentro del mismo chasis, buscando reducir las interferencias entre ambas secciones.

Precisamente por eso, el AU-11000 resulta un magnífico puente entre los grandes amplificadores de la primera mitad de los setenta y la siguiente generación de Sansui. Su potencia era inferior a la del AU-20000, pero la compañía había aprendido mucho durante aquellos años y podía concentrar en un aparato de dimensiones relativamente contenidas una arquitectura cada vez más sofisticada. El posterior AU-11000A mantuvo los 110 vatios por canal y recibió diversas modificaciones internas, mientras que Sansui desarrollaba en paralelo los componentes separados CA-2000 y BA-2000.

Vista en conjunto, esta familia explica mucho mejor que una sucesión de modelos aislados lo que estaba ocurriendo en Sansui durante la segunda mitad de los años setenta. El CA-3000 representaba el control, el BA-3000 la potencia, el BA-5000 llevaba esa potencia hasta un territorio casi desproporcionado y el AU-20000 demostraba que ambas filosofías podían convivir dentro de un único chasis. El AU-11000, por su parte, anticipaba la siguiente evolución de la marca.

Y aquí merece la pena detenernos un momento, porque estas máquinas ayudan a comprender por qué la Sansui de aquella época llegó a adquirir una reputación tan extraordinaria. No fue únicamente cuestión de fabricar amplificadores muy potentes. Fue la combinación de arquitectura, alimentación, construcción mecánica y una obsesión casi ingenieril por eliminar las limitaciones del propio amplificador. Eso es precisamente lo que iremos viendo cuando aparezcan en nuestra colección otros AU, BA y C de la marca.

Sansui AU-11000

Una colección que seguirá creciendo

Esta segunda parte del recorrido por la historia de Sansui no termina aquí. Las fotografías conservadas en el archivo de Silvio Pomar permiten mostrar muchos más modelos de la marca, pero intentar incorporarlos todos de una sola vez haría que este recorrido perdiera precisamente aquello que queremos conservar: una lectura cómoda y un acercamiento pausado a los equipos que contribuyeron a construir la historia de Sansui.

Por ello, iremos ampliando progresivamente esta sección durante las próximas semanas, incorporando nuevos modelos y fotografías de aquellos Sansui que, por su importancia histórica, sus características técnicas o su particular interés, merezcan formar parte de este recorrido. De esta manera podremos ir completando poco a poco una colección fotográfica representativa de los equipos más relevantes de la marca, sin necesidad de convertir el artículo en un interminable catálogo de modelos.

Como puedes ver al comienzo de la página, el índice permite acceder directamente a cada uno de los bloques y modelos incluidos en este recorrido. A medida que la colección vaya creciendo, se incorporarán nuevas entradas al índice para que resulte sencillo localizar cualquier aparato concreto sin tener que recorrer toda la página.

La historia de Sansui fue demasiado extensa y dejó demasiadas máquinas interesantes como para poder reunirlas todas en un solo día. Esta parte del artículo crecerá con el tiempo, igual que lo hizo el catálogo de la propia Sansui, y cada nueva incorporación nos permitirá descubrir otra pieza de aquella extraordinaria etapa de la alta fidelidad japonesa.

Galería de fotos

Fotografías propiedad de Silvio Pomar (Hifiman). Todos los derechos reservados.

Barra de sonido Hisense AX3120Q con Dolby Atmos

Las barras de sonido se han convertido en la solución más sencilla y eficaz para mejorar el limitado sonido de los televisores actuales. Entre los modelos más interesantes por relación calidad-precio se encuentra la Hisense AX3120Q, un sistema 3.1.2 con subwoofer inalámbrico y compatibilidad con Dolby Atmos que promete una experiencia mucho más envolvente sin necesidad de realizar una gran inversión. En este análisis repasamos sus características, sus puntos fuertes y aquellos aspectos que conviene conocer antes de decidirse por su compra.

Barra de sonido Hisense AX3120Q instalada en un salón.

Diseño y construcción

La Hisense AX3120Q apuesta por un diseño discreto y funcional, pensado para integrarse con facilidad bajo la mayoría de televisores modernos sin llamar excesivamente la atención. La barra presenta un perfil relativamente bajo y una estética sobria en color negro, lo que facilita su instalación tanto sobre un mueble como fijada a la pared mediante los accesorios incluidos.

El conjunto se completa con un subwoofer inalámbrico, una solución que permite reforzar la reproducción de las frecuencias graves sin necesidad de tender un cable de audio entre ambos elementos. Esta configuración ofrece una mayor libertad a la hora de buscar la ubicación más adecuada dentro del salón, limitándose únicamente a necesitar una toma de corriente.

La calidad de construcción transmite una sensación acorde con el segmento al que pertenece. Sin recurrir a materiales especialmente lujosos, Hisense ha optado por un diseño sólido y bien resuelto, en el que prima la funcionalidad sobre la ostentación. El frontal metálico protege los altavoces y contribuye a ofrecer una apariencia más cuidada, mientras que las líneas rectas y el acabado mate permiten que la barra pase prácticamente desapercibida una vez instalada.

En el frontal se integra un pequeño visor que muestra la fuente seleccionada y otra información básica de funcionamiento. Aunque su tamaño es reducido, resulta suficiente para conocer de un vistazo el modo de audio activo o la entrada utilizada, sin depender exclusivamente de la pantalla del televisor.

En conjunto, la Hisense AX3120Q presenta un diseño moderno, bien ejecutado y perfectamente adaptado a quienes buscan mejorar el sonido de su televisor sin introducir un equipo voluminoso en el salón. Su subwoofer inalámbrico y la sencillez de instalación constituyen dos de sus principales atractivos desde el primer momento.

Hisense AX3120Q
Barra de sonido con subwoofer externo y Dolby Atmos Hisense AX3120Q

Configuración 3.1.2 y Dolby Atmos

Uno de los aspectos más interesantes de la Hisense AX3120Q es su configuración 3.1.2, una arquitectura bastante más elaborada que la de las habituales barras de sonido 2.1 presentes en este rango de precios. Este sistema está formado por tres canales frontales, un canal dedicado a las frecuencias graves mediante un subwoofer inalámbrico y dos canales de altura destinados a reproducir los efectos verticales de las pistas Dolby Atmos y DTS:X.

Los tres canales frontales desempeñan un papel fundamental en la experiencia de escucha. Mientras los canales izquierdo y derecho se encargan de crear la escena estéreo, el canal central reproduce principalmente los diálogos. Esto permite que las voces resulten más claras y permanezcan ancladas a la pantalla incluso durante las escenas de mayor acción, evitando que queden enmascaradas por los efectos o la banda sonora.

El subwoofer inalámbrico de 6,5 pulgadas se ocupa de reproducir las frecuencias más graves, aportando mayor contundencia a explosiones, bandas sonoras y efectos especiales sin sobrecargar el trabajo de los altavoces integrados en la barra. Al tratarse de una unidad independiente, también contribuye a que el conjunto pueda ofrecer una escena sonora más limpia y equilibrada.

La diferencia respecto a una barra convencional reside en los dos canales de altura. Estos altavoces proyectan el sonido hacia el techo para que, tras reflejarse en él, llegue al oyente desde una posición elevada. Cuando el contenido está correctamente mezclado en Dolby Atmos o DTS:X, el resultado es una sensación espacial mucho más envolvente, con efectos que parecen desplazarse por encima de la cabeza y una escena sonora con mayor profundidad. Naturalmente, la eficacia de este efecto dependerá en buena medida de la altura y las características del techo de la sala.

No obstante, conviene recordar que, aunque esta tecnología mejora notablemente la inmersión frente a una barra estéreo convencional, no puede igualar la precisión de un sistema de cine en casa con altavoces físicos instalados en el techo o alrededor del oyente. Aun así, para la mayoría de usuarios representa un importante salto de calidad sin la complejidad que supone instalar un equipo multicanal tradicional.

En conjunto, la configuración 3.1.2 convierte a la Hisense AX3120Q en una propuesta especialmente atractiva para quienes desean disfrutar de películas, series y videojuegos con un sonido mucho más amplio e inmersivo, manteniendo al mismo tiempo una instalación sencilla y un precio contenido.

3.1.2 y Dolby Atmos en la barra de sonido Hisense AX3120Q

Conectividad

La Hisense AX3120Q ofrece un apartado de conectividad muy completo para su categoría, incorporando las conexiones necesarias para integrarse fácilmente tanto con televisores modernos como con otras fuentes de audio y vídeo.

La conexión principal es su salida HDMI eARC/ARC, la opción más recomendable para disfrutar de la máxima calidad de sonido desde el televisor. Gracias a ella es posible transmitir formatos avanzados como Dolby Atmos sin recurrir a conexiones adicionales, al tiempo que permite controlar el volumen de la barra utilizando el propio mando del televisor mediante la función HDMI-CEC.

A ello se suma una entrada HDMI 2.1 con ALLM (Auto Low Latency Mode), una característica especialmente interesante para quienes conectan una consola de videojuegos directamente a la barra de sonido. De este modo se reduce la latencia durante las partidas y se mantiene una experiencia más fluida y reactiva.

La conectividad se completa con Bluetooth 5.3, que permite reproducir música de forma inalámbrica desde teléfonos móviles, tabletas u otros dispositivos compatibles. También dispone de entrada óptica digital, entrada auxiliar analógica (AUX) y un puerto USB, ofreciendo una gran flexibilidad para conectar equipos de distintas generaciones.

Uno de los aspectos más interesantes para quienes ya poseen un televisor Hisense compatible es la tecnología Hi-Concerto. Esta función permite que los altavoces del televisor continúen funcionando simultáneamente con la barra de sonido, creando un escenario sonoro más amplio y envolvente. En lugar de sustituir el sonido del televisor, ambos sistemas trabajan de forma coordinada para enriquecer la experiencia de escucha. Conviene señalar, no obstante, que esta característica solo está disponible con determinados modelos de televisores Hisense compatibles.

La barra también incorpora funciones adicionales como EzPlay 3.0, que permite acceder a diversos ajustes de sonido desde la interfaz del televisor compatible, y Room Fitting Tuning, un sistema de calibración que adapta la respuesta acústica a las características de la sala cuando se utiliza con determinados televisores Hisense equipados con esta tecnología.

En conjunto, la Hisense AX3120Q presenta un apartado de conectividad especialmente completo para su precio, ofreciendo compatibilidad con los estándares actuales y un valor añadido para quienes dispongan de un ecosistema Hisense, donde funciones como Hi-Concerto permiten sacar todavía más partido al conjunto.

Conectividad de la barra de sonido Hisense AX3120Q
Conectividad de la barra de sonido Hisense AX3120Q

Calidad de sonido

La Hisense AX3120Q ha sido concebida para ofrecer un salto cualitativo muy importante respecto al sonido integrado en cualquier televisor moderno. Su configuración 3.1.2, unida al subwoofer inalámbrico y a la compatibilidad con Dolby Atmos y DTS:X, permite disfrutar de una reproducción mucho más amplia y envolvente, especialmente en películas, series y videojuegos.

Uno de sus principales puntos fuertes es la incorporación de un canal central dedicado, responsable de reproducir los diálogos. Esta solución permite que las voces se mantengan claras y perfectamente inteligibles incluso durante las escenas de mayor acción, evitando que queden ocultas tras la música o los efectos sonoros, uno de los problemas más habituales de los altavoces integrados en los televisores.

El subwoofer inalámbrico añade la contundencia necesaria en las frecuencias graves, aportando mayor realismo a explosiones, bandas sonoras y efectos cinematográficos. Al descargar a la barra de la reproducción de las notas más profundas, el conjunto puede ofrecer un sonido más limpio y equilibrado, con una escena sonora de mayor amplitud.

La compatibilidad con Dolby Atmos y DTS:X supone otro de sus mayores atractivos. Cuando el contenido ha sido mezclado específicamente para estos formatos, la barra es capaz de crear una sensación espacial mucho más inmersiva que la ofrecida por una barra estéreo convencional. Los efectos adquieren una mayor sensación de altura y profundidad, contribuyendo a una experiencia cinematográfica mucho más convincente dentro de las limitaciones propias de un sistema compacto.

No obstante, conviene mantener unas expectativas realistas. Aunque los canales de altura consiguen aumentar la sensación envolvente mediante la reflexión del sonido sobre el techo, el resultado dependerá en buena medida de las características de la sala y no puede equipararse al de un sistema de cine en casa con altavoces físicos distribuidos alrededor del oyente o instalados en el techo.

En cuanto a la reproducción musical, la Hisense AX3120Q ofrece un rendimiento adecuado para un uso cotidiano, con un sonido dinámico y agradable que supera ampliamente al de los televisores actuales. Sin embargo, como ocurre con cualquier barra de sonido, no puede sustituir la escena estéreo, la naturalidad y la precisión que proporciona un buen equipo Hi-Fi compuesto por un amplificador integrado y una pareja de cajas acústicas dedicadas. Se trata, en definitiva, de dos filosofías de producto muy diferentes, cada una concebida para responder a necesidades distintas.

En conjunto, la Hisense AX3120Q destaca por ofrecer una experiencia sonora notablemente superior a la de los altavoces de un televisor, combinando una buena inteligibilidad de los diálogos, graves con suficiente presencia y un convincente efecto envolvente para disfrutar del cine en casa sin necesidad de realizar una instalación compleja.

Subwoofer de la Hisense AX3120Q
Subwoofer de la Hisense AX3120Q

La cuestión de la potencia

Uno de los datos más llamativos de la ficha técnica de la Hisense AX3120Q es la potencia total anunciada por el fabricante: 440 vatios. A primera vista puede parecer una cifra extraordinariamente elevada para una barra de sonido de este tamaño, pero conviene analizarla con cierta prudencia.

El propio fabricante indica que 240 vatios corresponden al subwoofer inalámbrico, aunque no especifica cómo se distribuyen los 200 vatios restantes entre los distintos canales de la barra ni, lo que resulta más importante, qué método de medición se ha empleado para obtener esa cifra total.

Este es un aspecto que merece ser destacado, ya que en el sector del audio existen diferentes formas de expresar la potencia de un equipo. Algunos fabricantes utilizan la potencia continua (RMS), mientras que otros recurren a valores de potencia máxima, potencia pico o diferentes métodos de cálculo cuya metodología no siempre se detalla. Como consecuencia, dos equipos que anuncian la misma cifra de vatios pueden ofrecer un rendimiento real muy distinto.

En el caso de la Hisense AX3120Q, la ausencia de información sobre el procedimiento de medición impide conocer cuál es la potencia continua que el sistema es capaz de suministrar en condiciones reales de funcionamiento. Por este motivo, consideramos que este dato debe interpretarse con cautela y no utilizarse como único criterio para valorar la calidad del equipo.

A la hora de evaluar una barra de sonido resultan mucho más relevantes aspectos como la configuración de canales, la calidad de los altavoces, el diseño acústico del recinto, la capacidad del procesado digital y la compatibilidad con formatos como Dolby Atmos o DTS:X. Todos estos factores influyen de forma mucho más directa en la experiencia de escucha que una cifra de potencia anunciada sin una metodología claramente especificada.

En definitiva, la Hisense AX3120Q debe valorarse por el conjunto de sus prestaciones y no únicamente por los 440 vatios que figuran en su ficha técnica, una cifra cuyo significado exacto no puede determinarse con la información facilitada por el fabricante.

📦 ¿Por qué en Hablandodeteles.es no damos tanta importancia a los vatios?

La potencia anunciada por un fabricante solo resulta realmente útil cuando se acompaña del método de medición empleado. En ausencia de esa información, comparar equipos únicamente por el número de vatios puede conducir a conclusiones erróneas. Por este motivo, en Hablandodeteles.es damos mayor importancia a aspectos como la ingeniería acústica, la configuración de canales, la calidad de construcción y el comportamiento sonoro del conjunto, factores que determinan en mucha mayor medida la experiencia real de escucha.

¿Para quién recomendamos la Hisense AX3120Q?

La Hisense AX3120Q está especialmente indicada para aquellos usuarios que desean dar un salto importante en la calidad de sonido de su televisor sin realizar una inversión excesiva. Su combinación de configuración 3.1.2, subwoofer inalámbrico y compatibilidad con Dolby Atmos y DTS:X la convierten en una opción muy equilibrada para disfrutar del cine y las series con una experiencia mucho más inmersiva que la proporcionada por los altavoces integrados en un televisor.

Resulta especialmente recomendable para televisores de 55 a 75 pulgadas, tamaños en los que su capacidad sonora guarda una buena proporción con las dimensiones habituales del salón. No obstante, también puede ser una excelente compañera para modelos de mayor tamaño en estancias pequeñas o medianas.

Quienes ya dispongan de un televisor Hisense compatible encontrarán un valor añadido en funciones como Hi-Concerto, EzPlay 3.0 y Room Fitting Tuning, tecnologías que permiten una integración más estrecha entre ambos dispositivos y simplifican tanto la configuración como el uso diario.

También es una alternativa muy interesante para quienes desean disfrutar de los formatos de sonido envolvente actuales sin la complejidad que supone instalar un sistema de cine en casa con receptor AV y múltiples altavoces distribuidos por la sala. La Hisense AX3120Q ofrece una instalación sencilla, ocupa muy poco espacio y reduce al mínimo el número de cables necesarios.

Por el contrario, quienes busquen una reproducción musical con el máximo nivel de fidelidad o deseen recrear la precisión espacial de un auténtico sistema multicanal deberán considerar soluciones de mayor nivel, como un equipo Hi-Fi estéreo o un conjunto de cine en casa con altavoces independientes. Se trata de productos concebidos para objetivos diferentes y que juegan en una categoría distinta tanto por prestaciones como por precio.

En definitiva, recomendamos la Hisense AX3120Q a quienes buscan una barra de sonido con una excelente relación calidad-precio, capaz de mejorar de forma muy notable la experiencia audiovisual del televisor, ofreciendo además tecnologías avanzadas como Dolby Atmos y un completo apartado de conectividad sin que ello suponga un desembolso elevado.

Nuestra opinión

La Hisense AX3120Q demuestra que hoy es posible acceder a una experiencia cinematográfica muy satisfactoria sin necesidad de realizar una gran inversión. Su configuración 3.1.2, la compatibilidad con Dolby Atmos y DTS:X, el subwoofer inalámbrico y un apartado de conectividad muy completo la convierten en una de las propuestas más interesantes dentro de la gama media de barras de sonido.

Especialmente acertada nos parece la incorporación de un canal central dedicado, capaz de mejorar la claridad de los diálogos, así como la presencia de dos canales de altura que aportan una mayor sensación de inmersión cuando se reproducen contenidos compatibles. A ello se suma la integración con determinados televisores Hisense mediante funciones como Hi-Concerto, que añade un valor diferencial dentro de su ecosistema.

Como hemos señalado a lo largo del análisis, nos habría gustado que el fabricante ofreciera una información más transparente sobre la potencia real del sistema y el método empleado para obtener la cifra de 440 vatios anunciada. Consideramos que este tipo de datos deberían presentarse de forma más precisa para facilitar una comparación objetiva entre distintos equipos.

No obstante, más allá de esta consideración, la Hisense AX3120Q reúne argumentos suficientes para convertirse en una compra muy recomendable. Su rendimiento no debe juzgarse por una cifra de potencia, sino por el equilibrio de su diseño, su configuración acústica y las tecnologías que incorpora, aspectos que tienen una influencia mucho mayor en la experiencia de escucha.

En definitiva, si buscas una barra de sonido capaz de mejorar de forma notable el sonido de tu televisor, con una instalación sencilla, funciones actuales y una excelente relación calidad-precio, la Hisense AX3120Q merece estar entre las primeras opciones a tener en cuenta.

Barra de sonido Hisense AX3120Q con Dolby Atmos.

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Samsung HW-Q600F/ZF: análisis de una barra de sonido Dolby Atmos con Q-Symphony

La Samsung HW-Q600F/ZF es una barra de sonido de gama media pensada para quienes desean mejorar de forma notable el sonido del televisor sin dar el salto a sistemas más complejos y costosos. Equipada con Dolby Atmos, DTS, un subwoofer inalámbrico y la tecnología Q-Symphony de Samsung, reúne un conjunto de prestaciones muy equilibrado para disfrutar de películas, series y videojuegos con una experiencia sonora más envolvente.

Diseño y construcción

La Samsung HW-Q600F/ZF apuesta por un diseño discreto y funcional que facilita su integración en la mayoría de salones. Su acabado en color negro y sus líneas rectas le confieren un aspecto moderno y elegante, permitiendo que pase prácticamente desapercibida bajo el televisor sin restar protagonismo a la imagen.

La barra presenta unas dimensiones contenidas para tratarse de un modelo con 3.1.2 canales, por lo que resulta adecuada tanto para televisores de tamaño medio como para pantallas de gran formato. El subwoofer inalámbrico, por su parte, mantiene una estética sobria y puede colocarse con cierta libertad dentro de la estancia, facilitando la instalación sin necesidad de tender un cable de audio entre ambos dispositivos.

En cuanto a la calidad de construcción, Samsung mantiene un buen nivel de acabados, con materiales que transmiten una sensación de solidez y un ensamblaje cuidado. La conectividad se sitúa en una zona de fácil acceso e incluye las conexiones necesarias para integrarse sin complicaciones en un sistema doméstico moderno, mientras que su compatibilidad con montaje en pared ofrece una alternativa interesante para quienes prefieren una instalación más limpia y despejada.

Dimensiones de la barra de sonido Samsung HW-Q600
Dimensiones de la barra de sonido Samsung HW-Q600

Calidad de sonido

La Samsung HW-Q600F/ZF ofrece un rendimiento sonoro muy equilibrado para su categoría, con una mejora evidente respecto a los altavoces integrados en cualquier televisor. Su configuración de 3.1.2 canales, unida a la compatibilidad con Dolby Atmos y DTS, proporciona una escena sonora más amplia y envolvente, especialmente al reproducir películas, series y videojuegos con bandas sonoras de calidad.

Dolby Atmos y sonido envolvente

Uno de los principales atractivos de este modelo es la incorporación de Dolby Atmos mediante altavoces orientados hacia arriba. Aunque no puede igualar la sensación inmersiva de un sistema con altavoces traseros independientes, sí consigue ampliar la escena sonora y crear una mayor sensación de altura en los contenidos compatibles. El resultado es una experiencia más envolvente que la ofrecida por una barra de sonido convencional, con efectos que se perciben mejor distribuidos por la estancia.

Diálogos claros y graves con pegada

El canal central dedicado contribuye a que las voces se reproduzcan con mayor claridad, algo especialmente apreciable en películas y series donde los diálogos suelen quedar enmascarados por la música o los efectos especiales. A ello se suma el subwoofer inalámbrico, capaz de aportar unos graves profundos y contundentes sin llegar a resultar excesivos, proporcionando mayor impacto en escenas de acción y una base sólida para todo tipo de contenidos.

Buen comportamiento con música y videojuegos

Aunque su enfoque está claramente orientado al cine en casa, la HW-Q600F/ZF también ofrece un buen rendimiento al reproducir música, con un sonido equilibrado y suficiente detalle para disfrutar de la mayoría de estilos musicales. En videojuegos, la combinación de una escena sonora amplia, unos diálogos bien definidos y unos graves con buena presencia contribuye a mejorar la sensación de inmersión, especialmente en títulos de acción y aventuras.

Vídeo oficial de Samsung sobre la HW-Q600F/ZF

Funciones inteligentes y conectividad

La Samsung HW-Q600F/ZF incorpora un conjunto de funciones pensadas para facilitar su integración en cualquier sistema de entretenimiento doméstico. Su conectividad permite enlazarla con televisores, reproductores y dispositivos móviles de forma sencilla, mientras que algunas tecnologías exclusivas de Samsung añaden un valor adicional cuando se combina con un televisor compatible.

Q-Symphony

Una de las funciones más interesantes es Q-Symphony, una tecnología que permite que los altavoces del televisor Samsung trabajen conjuntamente con la barra de sonido en lugar de desconectarse. El resultado es una escena sonora más amplia y envolvente, aprovechando todos los altavoces disponibles para reforzar la sensación de inmersión.

Conectividad versátil

La barra dispone de HDMI eARC, una entrada HDMI, conexión óptica digital y Bluetooth, ofreciendo diferentes posibilidades para conectar televisores, consolas, reproductores Blu-ray o dispositivos móviles. Gracias a la compatibilidad con eARC, puede reproducir formatos de audio de alta calidad mediante un único cable HDMI, simplificando al mismo tiempo la instalación.

Modos de sonido

Samsung incorpora varios modos de sonido que adaptan automáticamente la reproducción al tipo de contenido. Entre ellos destaca Adaptive Sound, que analiza la señal de audio para mejorar la claridad de los diálogos sin perder el equilibrio del resto de frecuencias, así como un Modo Juego que optimiza la espacialidad y ayuda a localizar con mayor precisión los efectos sonoros durante las partidas.

Una experiencia sencilla desde el primer momento

La instalación resulta rápida e intuitiva, especialmente cuando se utiliza junto a un televisor Samsung. El emparejamiento del subwoofer inalámbrico se realiza de forma automática y el manejo cotidiano puede efectuarse desde el mando de la propia barra o, en muchos casos, utilizando el mando del televisor gracias a la conexión HDMI eARC. Todo ello contribuye a que la experiencia de uso sea cómoda desde el primer día.

¿Para quién está recomendada?

La Samsung HW-Q600F/ZF está especialmente recomendada para quienes desean dar un salto importante en la calidad de sonido de su televisor sin realizar una inversión propia de la gama alta. Su equilibrada combinación de prestaciones la convierte en una opción muy interesante para disfrutar de películas, series, retransmisiones deportivas y videojuegos con una experiencia mucho más inmersiva que la proporcionada por los altavoces integrados en cualquier televisor.

También es una excelente elección para usuarios que disponen de un televisor Samsung compatible con Q-Symphony, ya que esta tecnología permite aprovechar simultáneamente los altavoces del televisor y de la barra de sonido para conseguir una escena sonora más amplia y envolvente.

Por sus dimensiones y potencia, la HW-Q600F/ZF se adapta especialmente bien a salones de tamaño pequeño o medio y a televisores de aproximadamente 50 a 75 pulgadas, donde ofrece un rendimiento muy equilibrado tanto en cine como en música y videojuegos.

En cambio, quienes busquen una experiencia de sonido envolvente propia de un sistema de cine en casa con altavoces traseros dedicados, o necesiten sonorizar estancias de grandes dimensiones, encontrarán opciones más adecuadas en modelos superiores de la gama Q de Samsung.

La barra de sonido Samsung HW-Q600F
Samsung HW-Q600F/ZF

Nuestra opinión

La Samsung HW-Q600F/ZF nos parece una de las propuestas más interesantes dentro de la gama media por el equilibrio que consigue entre prestaciones, calidad de sonido y precio. Sin necesidad de realizar una inversión excesiva, ofrece tecnologías tan atractivas como Dolby Atmos, DTS o Q-Symphony, acompañadas de un subwoofer inalámbrico que aporta la profundidad necesaria para disfrutar plenamente de películas, series y videojuegos.

Especialmente acertada nos parece la incorporación de un canal central dedicado, ya que contribuye a mejorar la claridad de los diálogos, uno de los aspectos que más se echan en falta al utilizar únicamente los altavoces del televisor. A ello se suma una conectividad completa y una instalación sencilla, lo que permite empezar a disfrutar de la barra de sonido prácticamente desde el primer momento.

Es cierto que existen modelos superiores capaces de ofrecer una experiencia aún más inmersiva gracias a la incorporación de altavoces traseros inalámbricos o un mayor número de canales. Sin embargo, ello también supone un incremento considerable del precio. Precisamente ahí es donde creemos que la HW-Q600F/ZF encuentra su mayor fortaleza: ofrecer una experiencia cinematográfica muy convincente sin que el desembolso resulte desproporcionado.

En definitiva, si buscas una barra de sonido de gama media con un sonido potente, equilibrado y preparada para sacar mucho más partido al televisor que sus altavoces integrados, la Samsung HW-Q600F/ZF nos parece una compra muy recomendable dentro de su rango de precio.

Ventajas

  • Excelente relación entre prestaciones, calidad de sonido y precio.
  • Compatibilidad con Dolby Atmos y DTS para disfrutar de una experiencia más envolvente.
  • Configuración de 3.1.2 canales con canal central dedicado que mejora la claridad de los diálogos.
  • Subwoofer inalámbrico con unos graves profundos y bien controlados.
  • Tecnología Q-Symphony para combinar la barra con los altavoces de televisores Samsung compatibles.
  • Conectividad completa con HDMI eARC, entrada HDMI, conexión óptica y Bluetooth.
  • Instalación sencilla y diseño elegante que se integra fácilmente en cualquier salón.

Inconvenientes

  • Para disfrutar del máximo efecto envolvente es recomendable añadir unos altavoces traseros compatibles, que se venden por separado.
  • La tecnología Q-Symphony solo puede aprovecharse con televisores Samsung compatibles.
  • Su rendimiento en salas muy grandes puede resultar más limitado que el de modelos de gamas superiores con un mayor número de canales.

Conclusión

La Samsung HW-Q600F/ZF demuestra que no es necesario invertir una fortuna para disfrutar de una experiencia de sonido notablemente superior a la que ofrecen los altavoces integrados en un televisor. Su acertada combinación de Dolby Atmos, DTS, un canal central dedicado, un subwoofer inalámbrico y la tecnología Q-Symphony la convierten en una de las alternativas más equilibradas dentro de la gama media.

A ello se suman una construcción cuidada, una conectividad completa y una instalación sencilla, dando como resultado una barra de sonido capaz de satisfacer tanto a quienes disfrutan del cine y las series como a los aficionados a los videojuegos o la música. En definitiva, si buscas mejorar el sonido de tu televisor con un equipo solvente, bien equipado y con una excelente relación entre calidad, prestaciones y precio, la Samsung HW-Q600F/ZF es una compra muy recomendable.

Barra de sonido Samsung HW-Q600F/ZF

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Especificaciones técnicas

CaracterísticaSamsung HW-Q600F/ZF
TipoBarra de sonido con subwoofer inalámbrico
Configuración de canales3.1.2 canales
Potencia total360 W
Tecnologías de sonidoDolby Atmos, DTS, Q-Symphony, Adaptive Sound
Altavoces de alturaSí
Canal centralSí
SubwooferInalámbrico
Conectividad inalámbricaBluetooth
Entradas y salidasHDMI eARC, HDMI de entrada, entrada óptica digital
Formatos de audioDolby Atmos, DTS, Dolby Digital, DTS Digital Surround
Modos de sonidoSurround, Game Pro, Adaptive Sound, Standard
Montaje en paredCompatible
ColorNegro
Dimensiones de la barra (An × Al × Pr)1.030 × 57 × 105 mm
Peso de la barra3,0 kg
Dimensiones del subwoofer (An × Al × Pr)184 × 343 × 295 mm
Peso del subwoofer5,0 kg

Technics SL-40CBT: análisis del giradiscos de tracción directa más accesible de Technics

El Technics SL-40CBT es uno de esos giradiscos que llaman la atención por ofrecer un equilibrio muy conseguido entre calidad de construcción, prestaciones y precio. En este modelo, la firma japonesa se aparta deliberadamente de la imagen clásica del legendario SL-1200 para apostar por un diseño más limpio, elegante y claramente orientado al uso en alta fidelidad.

Giradiscos Technics SL-40CBT

Diseño y construcción

A primera vista, el Technics SL-40CBT deja claro que pertenece a una generación distinta de giradiscos dentro del catálogo de la firma japonesa. Sin renunciar a la identidad que ha convertido a Technics en una referencia entre los aficionados al vinilo, este modelo apuesta por una estética más sobria y contemporánea, alejada de la imagen eminentemente profesional que durante décadas ha representado la legendaria serie SL-1200.

Su plinto presenta unas líneas limpias y bien proporcionadas, con un acabado cuidado que transmite una agradable sensación de solidez desde el primer momento. Lejos de recurrir a elementos puramente decorativos, cada detalle responde a una filosofía de diseño centrada en la funcionalidad y en la integración del giradiscos en un equipo de alta fidelidad doméstico.

Especialmente acertada resulta la disposición de los mandos, que mantienen un manejo sencillo e intuitivo sin sobrecargar visualmente el conjunto. La ausencia del clásico estroboscopio, presente en otros modelos históricos de la marca, contribuye precisamente a reforzar esa imagen minimalista. En un giradiscos moderno equipado con control electrónico de velocidad de alta precisión, este elemento ha perdido la función práctica que tuvo décadas atrás, cuando era necesario verificar y corregir manualmente la velocidad de giro. Su eliminación permite ofrecer un diseño más limpio sin renunciar a la precisión que siempre ha caracterizado a Technics.

Otro aspecto digno de mención es la influencia del diseñador Frank Balzuweit, responsable de diseño de Technics Europa, cuya participación se aprecia en un lenguaje estético claramente orientado al mercado europeo. El resultado es un giradiscos elegante y equilibrado, capaz de integrarse con naturalidad tanto en equipos HiFi clásicos como en instalaciones de corte más contemporáneo.

La calidad de construcción mantiene el elevado nivel habitual de la marca. Los ajustes transmiten precisión, el brazo ofrece una sensación de firmeza desde el primer contacto y el conjunto inspira confianza, dejando la impresión de encontrarnos ante un producto concebido para proporcionar muchos años de funcionamiento fiable.

Motor de tracción directa sin núcleo: la verdadera esencia del Technics SL-40CBT

Si hay un elemento que define la personalidad del Technics SL-40CBT por encima de cualquier otro, ese es su motor de tracción directa sin núcleo (Coreless Direct Drive Motor). Lejos de tratarse de un simple argumento comercial, nos encontramos ante una tecnología desarrollada por Technics durante décadas y que constituye uno de los principales motivos por los que la marca japonesa continúa siendo una referencia en el mundo del vinilo.

A diferencia de los giradiscos de tracción por correa, donde el motor transmite el movimiento al plato mediante una banda elástica, en un sistema de tracción directa el propio plato forma parte del motor. Esta solución reduce considerablemente las pérdidas mecánicas y proporciona una respuesta mucho más inmediata, además de mantener una velocidad de giro extraordinariamente estable.

Sin embargo, los primeros motores de tracción directa no estaban completamente exentos de inconvenientes. Uno de ellos era el denominado cogging, un fenómeno que producía pequeñas variaciones instantáneas en el par motor debido a la atracción magnética entre el rotor y el estator. Aunque estas fluctuaciones eran muy difíciles de percibir, Technics dedicó años de investigación a minimizar este efecto hasta prácticamente hacerlo desaparecer.

La solución llegó con el desarrollo del motor sin núcleo (coreless). Al eliminar el núcleo de hierro del estator, desaparecen prácticamente las irregularidades en la entrega de par que caracterizaban a los diseños tradicionales. El resultado es una rotación excepcionalmente uniforme, con unos niveles de wow & flutter extremadamente bajos y una estabilidad de velocidad que se traduce en una reproducción más natural, especialmente apreciable en notas sostenidas de piano, instrumentos de cuerda o voces.

Este refinamiento tecnológico es precisamente uno de los aspectos que distingue a Technics de muchos otros fabricantes. Mientras numerosas marcas continúan apostando por sistemas de tracción por correa incluso en gamas de precio elevadas, la firma japonesa ha seguido perfeccionando una tecnología que domina como pocas compañías en el mundo. El Technics SL-40CBT representa una magnífica muestra de ese conocimiento acumulado durante décadas, ofreciendo al aficionado una precisión mecánica propia de modelos muy superiores dentro del catálogo de la marca.

Motor sin núcleo del Technics SL-40CBT
Motor sin núcleo del Technics SL-40CBT

Brazo de lectura y cápsula Audio-Technica AT-VM95C

El Technics SL-40CBT equipa un brazo de lectura de aluminio con geometría en S, una configuración que la firma japonesa ha perfeccionado a lo largo de décadas y que continúa ofreciendo un excelente equilibrio entre rigidez, baja resonancia y precisión de seguimiento. Su funcionamiento transmite una agradable sensación de suavidad, permitiendo que la cápsula recorra el surco con estabilidad incluso en los pasajes más exigentes del disco.

Como corresponde a un giradiscos de esta categoría, el brazo incorpora los ajustes habituales de equilibrio, fuerza de apoyo y antiskating, facilitando una puesta a punto precisa. Además, el portacápsulas desmontable permite sustituir la cápsula con gran facilidad, una característica especialmente apreciada por los aficionados que desean experimentar con diferentes configuraciones o mejorar el rendimiento del equipo con el paso del tiempo.

De serie, Technics ha confiado en la Audio-Technica AT-VM95C, una cápsula de imán móvil (MM) ampliamente reconocida por su excelente relación calidad-precio. Lejos de buscar una presentación espectacular o artificiosa, ofrece un sonido equilibrado, agradable y muy versátil, capaz de adaptarse a una amplia variedad de géneros musicales sin fatigar durante largas sesiones de escucha.

Uno de los grandes atractivos de la serie VM95 reside precisamente en su capacidad de evolución. Audio-Technica ha desarrollado toda una familia de agujas compatibles con el mismo cuerpo de la cápsula, de modo que el usuario puede mejorar sus prestaciones en el futuro instalando una aguja elíptica, MicroLine o Shibata sin necesidad de sustituir la cápsula completa. Se trata de una solución inteligente que permite disfrutar del giradiscos desde el primer día y, al mismo tiempo, disponer de un interesante margen de mejora conforme evolucionen las exigencias del aficionado.

En conjunto, el brazo y la cápsula forman un conjunto muy equilibrado que encaja perfectamente con la filosofía del Technics SL-40CBT: ofrecer un rendimiento sólido desde el primer momento sin cerrar la puerta a futuras mejoras, algo que los entusiastas del vinilo sabrán apreciar especialmente.

Brazo en S que equipa el Technics SL-40CBT.
Brazo en S que equipa el Technics SL-40CBT.

El previo de fono integrado

Aunque suele pasar bastante desapercibido frente a características más llamativas, como el Bluetooth o el sistema de tracción directa, el previo de fono integrado es uno de los elementos más importantes del Technics SL-40CBT. De hecho, sin él sería imposible conectar directamente el giradiscos a la mayoría de amplificadores, receptores AV o altavoces activos disponibles actualmente en el mercado.

La explicación es sencilla. La señal que genera una cápsula fonocaptora de imán móvil (MM), como la Audio-Technica AT-VM95C incluida de serie, tiene un nivel extremadamente bajo y, además, se encuentra ecualizada según la curva RIAA. Antes de poder ser amplificada y reproducida correctamente, esa señal debe recibir una ganancia específica y aplicarse la ecualización inversa correspondiente. Esa es precisamente la función del previo de fono.

Technics ha incorporado un previo interno que permite utilizar el SL-40CBT prácticamente con cualquier equipo de sonido moderno sin necesidad de adquirir componentes adicionales. Esto facilita enormemente la instalación para quienes se inician en el mundo del vinilo o desean disfrutar de sus discos con la máxima comodidad.

No obstante, quienes ya disponen de un amplificador HiFi con una entrada de fono de calidad, o utilizan un previo externo de mayor nivel, pueden desactivar el previo integrado y dejar que sea el resto del equipo quien se encargue de realizar esta delicada tarea. Esta posibilidad aporta una mayor flexibilidad y permite que el giradiscos se adapte tanto a sistemas sencillos como a configuraciones audiófilas más exigentes.

En definitiva, la presencia de un previo de fono integrado no debe entenderse únicamente como una cuestión de comodidad, sino como una característica que amplía notablemente las posibilidades de conexión del Technics SL-40CBT sin comprometer su capacidad de evolucionar junto al resto del equipo.

Previo de fono incorporado en el Technics SL-40CBT.
Previo de fono incorporado en el Technics SL-40CBT.

Bluetooth: una comodidad que no define a este giradiscos

La incorporación de conectividad Bluetooth es, probablemente, la característica más llamativa del Technics SL-40CBT desde el punto de vista comercial. Gracias a ella es posible enviar la señal de audio de forma inalámbrica a unos auriculares compatibles o a un altavoz Bluetooth, simplificando la instalación y permitiendo disfrutar de los discos de vinilo en situaciones donde tender un cable no resulta práctico.

Sin embargo, conviene entender esta función en su justa medida. La razón de ser de un giradiscos de calidad no es únicamente reproducir un disco, sino preservar con la mayor fidelidad posible la información contenida en el surco. Cuando la señal analógica se transmite mediante Bluetooth, debe convertirse previamente en información digital, comprimirse utilizando un códec inalámbrico y volver a convertirse en señal analógica en el dispositivo receptor. Aunque los sistemas actuales ofrecen una calidad cada vez mayor, este proceso supone inevitablemente alejarse del recorrido analógico que constituye una de las principales razones de ser del formato vinilo.

Por este motivo, muchos aficionados a la alta fidelidad consideran el Bluetooth una prestación secundaria, útil para determinados usos cotidianos, pero alejada de la experiencia que realmente puede ofrecer un buen giradiscos conectado a un amplificador HiFi mediante una conexión por cable.

Lejos de restar valor al Technics SL-40CBT, esta conectividad amplía sus posibilidades de utilización y puede resultar interesante para quienes buscan la máxima comodidad en determinados momentos. No obstante, quienes deseen descubrir todo el potencial de su motor de tracción directa, de su brazo de lectura y de la cápsula Audio-Technica AT-VM95C obtendrán, sin duda, los mejores resultados integrándolo en un sistema de alta fidelidad convencional.

En definitiva, el Bluetooth debe entenderse como una función complementaria que amplía la versatilidad del conjunto, pero no como el argumento principal de un giradiscos concebido para disfrutar de la música con el máximo respeto por la grabación original.

Desempaquetado del Technics SL-40CBT. Todo lo que hay en la caja

Calidad de sonido

El Technics SL-40CBT ofrece una presentación sonora que refleja fielmente la filosofía de la marca japonesa: precisión, estabilidad y equilibrio antes que artificios destinados a impresionar en una primera escucha. Desde los primeros compases se aprecia una reproducción muy controlada, con un fondo silencioso y una notable sensación de estabilidad que permite a la música desarrollarse con absoluta naturalidad.

Buena parte de este comportamiento se debe al excelente funcionamiento del motor de tracción directa sin núcleo, cuya extraordinaria regularidad en la velocidad de giro contribuye a mantener intactas las relaciones armónicas entre los instrumentos. Este aspecto resulta especialmente apreciable en grabaciones acústicas, música clásica o jazz, donde las notas sostenidas y los pequeños matices interpretativos requieren una rotación extremadamente uniforme para conservar toda su expresividad.

La cápsula Audio-Technica AT-VM95C ofrece un sonido equilibrado y agradable, con un carácter neutro que evita enfatizar artificialmente ninguna zona del espectro. Las voces aparecen bien definidas, los instrumentos mantienen una correcta separación y los graves presentan un buen nivel de control, proporcionando una escucha relajada que invita a disfrutar de discos completos sin fatiga auditiva.

Naturalmente, el Technics SL-40CBT también deja entrever un interesante margen de evolución. La posibilidad de sustituir la aguja por modelos superiores de la propia serie VM95, o incluso instalar una cápsula de mayor nivel, permite que el giradiscos crezca junto al resto del equipo sin necesidad de reemplazar la base mecánica, que constituye uno de sus principales puntos fuertes.

En conjunto, el resultado es un giradiscos capaz de satisfacer tanto a quienes desean iniciarse en el mundo de la alta fidelidad con un producto serio y duradero como a los aficionados con experiencia que buscan una plataforma de gran calidad sobre la que seguir evolucionando con el paso del tiempo.

¿Para quién recomendamos el Technics SL-40CBT?

Desde nuestro punto de vista, el Technics SL-40CBT está especialmente indicado para quienes desean dar el salto a un giradiscos de auténtica alta fidelidad sin tener que realizar una inversión desproporcionada. Su combinación de tracción directa sin núcleo, una construcción muy cuidada y una excelente capacidad de evolución lo convierten en una opción especialmente atractiva para aficionados que buscan un producto pensado para acompañarlos durante muchos años.

También nos parece una elección muy interesante para quienes proceden de giradiscos de iniciación y desean experimentar un salto cualitativo tanto en precisión mecánica como en posibilidades de ajuste. La diferencia no reside únicamente en la calidad de los materiales, sino también en la estabilidad de funcionamiento y en la confianza que transmite un diseño desarrollado por una de las marcas con mayor tradición en el mundo del vinilo.

Por otra parte, los usuarios con experiencia encontrarán en el SL-40CBT una base mecánica de gran nivel sobre la que seguir evolucionando. La posibilidad de mejorar la cápsula, incorporar un previo de fono externo o integrarlo en un sistema HiFi de mayor categoría permite que el giradiscos continúe creciendo junto al resto del equipo sin quedarse obsoleto con el paso del tiempo.

En cambio, quienes únicamente buscan una forma ocasional de reproducir algunos discos de vinilo sin demasiadas pretensiones probablemente encontrarán alternativas más económicas que se adapten mejor a sus necesidades. El Technics SL-40CBT está concebido para un perfil de usuario que aprecia la ingeniería, la fiabilidad y el placer de una escucha cuidada, valores que han acompañado a la marca japonesa durante décadas.

En definitiva, consideramos que el Technics SL-40CBT representa una de las propuestas más equilibradas dentro de su categoría. No pretende impresionar mediante funciones llamativas ni artificios comerciales, sino ofrecer una base técnica sobresaliente sobre la que construir un sistema analógico capaz de proporcionar muchos años de satisfacción.

Detalle del contrapeso y anti-skating del Technics SL-40CBT
Detalle del contrapeso y anti-skating del Technics SL-40CBT.

Nuestra opinión sobre el Technics SL-40CBT

Tras analizar detenidamente sus características, consideramos que el Technics SL-40CBT representa una magnífica puerta de entrada al universo de la tracción directa de la firma japonesa. Más allá de incorporar funciones actuales como la conectividad Bluetooth o un previo de fono integrado, este giradiscos destaca por aquello que realmente ha convertido a Technics en una referencia durante más de medio siglo: una ingeniería mecánica de primer nivel, una extraordinaria estabilidad de funcionamiento y una calidad de construcción pensada para perdurar.

Nos ha parecido especialmente acertada la decisión de mantener el motor de tracción directa sin núcleo como elemento central del conjunto. Es una solución técnica que refleja décadas de experiencia y que permite disfrutar desde el primer momento de una reproducción precisa, estable y muy satisfactoria, al tiempo que deja un amplio margen de mejora mediante futuras actualizaciones de la cápsula o del resto del equipo.

Precisamente esa continuidad tecnológica explica por qué Technics sigue ocupando un lugar privilegiado entre los aficionados al vinilo. Si deseas conocer cómo nació esta filosofía de diseño y el papel que desempeñaron modelos tan emblemáticos como el SP-10 o el legendario SL-1200 en la evolución de los giradiscos de tracción directa, te invitamos a leer nuestro reportaje Historia del Technics SL-1200 y la evolución de la tracción directa, donde repasamos en profundidad uno de los capítulos más apasionantes de la historia de la alta fidelidad.

En definitiva, creemos que el Technics SL-40CBT es un giradiscos que honra el legado de la marca sin quedarse anclado en la nostalgia. Combina soluciones técnicas modernas con la filosofía de precisión y fiabilidad que siempre ha caracterizado a Technics, convirtiéndose en una excelente elección para quienes buscan un plato capaz de acompañarlos durante muchos años y seguir creciendo junto al resto de su sistema HiFi.

Technics SL-40CBT

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Guía completa sobre acústica: cómo se comporta el sonido y cómo afecta a los espacios

Antes de hablar de tratamientos acústicos y de cómo mejorar el sonido en una sala, conviene detenernos en lo esencial: entender qué es el sonido, cómo se propaga y de qué manera interactúa con los espacios. A lo largo de la historia, el ser humano ha sabido aprovechar estos principios físicos; por ejemplo, los indios del viejo oeste escuchaban la llegada de un tren pegando la oreja a las vías, ya que el sonido viaja mucho más rápido y con mayor claridad a través del metal que por el aire. En esta guía vamos a descubrir los fundamentos de la acústica para comprender cómo se comporta el sonido y qué factores determinan su calidad en un recinto.

Guía formativa sobre acústica

¿Qué es el sonido?

El sonido es, en esencia, una vibración mecánica que necesita un medio para transmitirse. Cuando un objeto vibra —puede ser una cuerda de guitarra, un altavoz o incluso nuestras cuerdas vocales— genera una serie de ondas que ponen en movimiento las partículas del medio en el que se encuentra (aire, agua o sólido). Estas vibraciones se propagan en forma de ondas longitudinales, que nuestro oído es capaz de captar y transformar en sensaciones auditivas.

Dicho de otra forma: el sonido es energía en movimiento que viaja a través de la materia. No puede propagarse en el vacío porque allí no hay partículas que transmitan esas vibraciones, y de ahí que en el espacio exterior reine el silencio absoluto.

Frecuencia, amplitud y longitud de onda

Para comprender mejor cómo funciona el sonido, hay tres conceptos básicos que conviene conocer:

  • Frecuencia: se mide en hercios (Hz) y representa el número de vibraciones por segundo. Una frecuencia baja (20 Hz) corresponde a sonidos graves, como el retumbar de un tambor; mientras que una frecuencia alta (10.000 Hz, por ejemplo) corresponde a sonidos agudos, como el canto de un pájaro. El oído humano suele abarcar desde unos 20 Hz hasta 20.000 Hz.
  • Amplitud: es la “altura” de la onda y está relacionada con la energía que transporta. A mayor amplitud, mayor intensidad sonora. En términos sencillos: la amplitud determina lo fuerte o débil que percibimos un sonido.
  • Longitud de onda: es la distancia entre dos crestas consecutivas de la onda. Se relaciona con la frecuencia: cuanto más alta es la frecuencia, más corta es la longitud de onda, y viceversa. Por ejemplo, un sonido grave tiene longitudes de onda muy largas, lo que explica por qué puede atravesar paredes con más facilidad que un sonido agudo.
Representación de una onda mostrando el periodo y su relación con la frecuencia
En esta representación, el período indica el tiempo que tarda la onda en completar un ciclo, siendo la frecuencia el número de ciclos por segundo.
Amplitud de onda
Amplitud de onda: Dos ondas con diferente amplitud.
Longitud de onda
Longitud de onda.

Tono y volumen: no son lo mismo

Aquí es donde muchos se confunden: tono y volumen no son equivalentes.

  • El tono está determinado por la frecuencia: grave si la frecuencia es baja, agudo si es alta. Una nota de piano en la parte izquierda del teclado sonará grave (baja frecuencia), mientras que una de la derecha será aguda (alta frecuencia).
  • El volumen, en cambio, tiene que ver con la amplitud de la onda: un mismo tono puede sonar fuerte o suave según la energía con la que se emita.

Una metáfora sencilla: imagina que el sonido es como lanzar piedras en un lago.

  • El tamaño de la piedra representa la amplitud: cuanto más grande, más fuerte será la onda.
  • La rapidez con que tiras las piedras sería la frecuencia: muchas piedras seguidas generan ondas rápidas y agudas; pocas piedras, ondas más espaciadas y graves.
Ondas en el agua.
Ondas en el agua.

La física del sonido y su propagación

Entender cómo se propaga el sonido es como seguir el viaje de un mensajero invisible que transporta vibraciones de un punto a otro. Este viaje depende del medio por el que circula y de cómo interactúa con lo que encuentra en el camino.

El sonido, como ya vimos, necesita un medio material para viajar: sin partículas que vibren y transmitan energía, no hay sonido. Pero lo interesante es que ese medio influye directamente en la velocidad y en la calidad con la que llega al oyente.

Velocidad del sonido en diferentes medios

La velocidad del sonido no es siempre la misma; cambia según el medio:

  • En el aire (a temperatura ambiente) viaja a unos 343 m/s. Esto significa que en un segundo recorre aproximadamente la distancia de tres campos de fútbol.
  • En el agua, su velocidad es mucho mayor: cerca de 1.480 m/s, más de cuatro veces la del aire. Por eso los delfines y ballenas se comunican a largas distancias con tanta eficacia.
  • En los sólidos, alcanza cifras todavía más impresionantes. En el acero, por ejemplo, el sonido puede viajar a 5.000 m/s o más.

Un ejemplo clásico: los indios del viejo oeste detectaban la llegada de un tren mucho antes de verlo. ¿Cómo? Apoyando la oreja sobre la vía del ferrocarril. El metal transmitía la vibración con gran velocidad y muy poca pérdida de energía, adelantando el aviso que por aire tardaría más en llegar.

Reflexión, absorción y transmisión

Cuando el sonido se encuentra con un obstáculo, no siempre ocurre lo mismo: puede reflejarse, absorberse o transmitirse.

  • Reflexión: es el “rebote” del sonido. Cuando gritas en una montaña y oyes el eco, estás escuchando una onda reflejada que regresa hacia ti.
  • Absorción: parte de la energía se queda en el material con el que choca. Un ejemplo cotidiano son las cortinas gruesas o las alfombras, que “apagan” el eco de una habitación vacía.
  • Transmisión: el sonido atraviesa el material. Es lo que ocurre cuando escuchamos a los vecinos a través de la pared; aunque debilitado, el sonido ha conseguido pasar al otro lado.

Estos tres fenómenos ocurren de manera simultánea en mayor o menor medida. Un mismo material nunca refleja, absorbe o transmite al 100%; siempre hay una combinación de los tres.

En resumen: el sonido viaja con distintas velocidades según el medio y, al encontrarse con obstáculos, puede rebotar, perder energía o traspasarlos. Comprender este comportamiento es fundamental para anticipar cómo se comportará en un espacio cerrado, que es el siguiente paso en nuestra guía.

Reflexión de una onda sonora al chocar con un objeto.
Reflexión de una onda sonora al chocar con un objeto. Parte de la energía se queda en el material con el que choca.

Campo sonoro: libre vs recinto cerrado

El sonido no se comporta igual en un espacio abierto que dentro de una sala. No es lo mismo escuchar a un cantante en medio de un prado que en un auditorio, aunque la voz sea exactamente la misma. La diferencia está en el campo sonoro, es decir, en el conjunto de ondas que se generan a partir de una fuente sonora en un determinado entorno.

Campo libre: el sonido sin obstáculos

En un campo libre (un espacio abierto, sin paredes ni obstáculos cercanos), el sonido se expande en todas las direcciones de manera uniforme. La onda sonora se aleja de la fuente como una esfera en crecimiento, perdiendo intensidad a medida que recorre más distancia.

Aquí solo escuchamos el sonido directo, es decir, la vibración que llega directamente desde la fuente a nuestros oídos. Por eso, en medio del campo o en la cima de una montaña, el sonido suele ser claro y sin “interferencias”.

Un ejemplo muy cotidiano: cuando hablamos al aire libre, notamos que la voz se percibe limpia, pero también que se desvanece rápidamente porque nada “ayuda” a mantenerla en el ambiente.

Recinto cerrado: el sonido se multiplica

Dentro de una sala, la historia cambia. El sonido ya no viaja libremente, porque encuentra paredes, techo y suelo. En este caso, el oyente recibe dos tipos de información sonora:

  • Sonido directo: el que viene de la fuente original (un altavoz, una voz, un instrumento).
  • Sonido reflejado: las ondas que han chocado con las superficies y regresan hacia el oyente.

Esto significa que no escuchamos únicamente lo que emite la fuente, sino también “ecos” de distinta intensidad y tiempo. El resultado es un campo sonoro más complejo, que puede enriquecer la experiencia (como en una catedral donde la música suena majestuosa) o dificultarla (como en una sala con mucho eco donde cuesta entender las palabras).

El comportamiento del sonido en un recinto cerrado se asemeja a las ondas superficiales creadas en una piscina.

El papel de las dimensiones y la forma

En los recintos cerrados, la geometría del espacio influye directamente en el comportamiento del sonido:

  • Una sala estrecha y larga puede provocar ecos molestos.
  • Una sala cuadrada o cúbica tiende a acumular resonancias en determinadas frecuencias.
  • Los espacios irregulares (con techos inclinados o formas asimétricas) suelen dispersar mejor el sonido, evitando acumulaciones.

👉 En resumen: en un campo libre el sonido viaja limpio, directo y se disipa rápido; en un recinto cerrado, se refleja, se acumula y genera un campo sonoro mucho más complejo, donde la percepción depende tanto de la fuente como de las propiedades físicas del lugar.

Evitaremos en la medida de lo posible las paredes paralelas, tratando de buscar espacios irregulares y de formas asimétricas.
Evitaremos en la medida de lo posible las paredes paralelas, tratando de buscar espacios irregulares y de formas asimétricas.

La influencia del local en el sonido

Una vez que el sonido entra en un recinto, ya no es libre: choca, rebota, se acumula y se transforma. Por eso, dos salas del mismo tamaño pueden sonar radicalmente diferente si cambian su forma, materiales o proporciones.

Dimensiones y forma de la sala

Las dimensiones (alto, ancho y largo) son como el “molde” del sonido. Una sala rectangular larga tiende a generar ecos en la dirección de su mayor dimensión, mientras que un espacio cúbico puede reforzar ciertas frecuencias de forma molesta.

La forma también es crucial:

  • Las superficies paralelas (dos paredes enfrentadas) favorecen la aparición de ecos repetitivos.
  • Las superficies curvas o inclinadas dispersan el sonido, evitando acumulaciones.
  • Los espacios asimétricos suelen sonar más equilibrados, porque no concentran la energía en un punto concreto.

Frecuencias resonantes y ondas estacionarias

Todo recinto tiene sus frecuencias resonantes: aquellas notas que se ven reforzadas o canceladas según las dimensiones de la sala. Es como si la propia sala tuviera su “voz”.

Cuando una onda sonora coincide con la medida del local, se producen las llamadas ondas estacionarias: zonas donde el sonido se refuerza (puntos de máximo) y otras donde prácticamente desaparece (puntos de mínimo).

Ejemplo sencillo: imagina que tocas una nota grave en una habitación pequeña. En un rincón puede retumbar como un trueno, mientras que a un metro de distancia apenas se escucha. Eso son ondas estacionarias en acción.

Tiempo de reverberación

El tiempo de reverberación mide cuánto tarda en extinguirse el sonido tras detenerse la fuente.

  • En una iglesia de piedra, la reverberación puede durar varios segundos, lo que hace que un coro suene celestial pero un discurso resulte incomprensible.
  • En una sala de grabación profesional, el tiempo se ajusta cuidadosamente para lograr claridad sin perder naturalidad.

Un exceso de reverberación resta definición, mientras que muy poca puede hacer que el sonido resulte seco y poco agradable.

Coeficiente de absorción

Cada material tiene una capacidad distinta para absorber el sonido. Este comportamiento se mide con el coeficiente de absorción, que va de 0 (el material refleja todo el sonido, como el mármol o el cristal) a 1 (absorbe todo, como una espuma acústica muy densa).

Ejemplos cotidianos:

  • Una habitación vacía con suelo de baldosas y paredes lisas suena como un eco constante.
  • La misma sala, pero con alfombra, cortinas y muebles, se siente más cálida y controlada, porque los materiales absorben parte de la energía sonora.

👉 En definitiva, las dimensiones, la forma y los materiales del local determinan cómo escuchamos el sonido. Comprender estas variables es el paso previo indispensable antes de aplicar cualquier tratamiento acústico.

Decibelios: la medida del sonido

Los decibelios (dB) son la unidad que usamos para medir el nivel de presión sonora, es decir, la intensidad del sonido que percibe nuestro oído. Pero cuidado: los decibelios no aumentan de forma lineal como los metros o los litros; siguen una escala logarítmica.

Esto significa que un aumento de 10 dB no es un poquito más fuerte, sino que aproximadamente se percibe como el doble de intensidad para nuestro oído. Por ejemplo, si una conversación normal ronda los 60 dB, subir a 70 dB no es solo un pequeño incremento: se siente claramente más fuerte.

Ejemplos cotidianos de decibelios

  • 30 dB: un susurro, sonido muy suave.
  • 50–60 dB: conversación normal entre personas.
  • 70 dB: tráfico urbano cercano o música alta en casa.
  • 90 dB: cortacésped o concierto de rock a distancia moderada.
  • 120 dB: conciertos muy cercanos o un martillo neumático; aquí el sonido ya puede resultar doloroso y dañar el oído si la exposición es prolongada.

Estos ejemplos ayudan a entender que el decibelio no es solo un número: nos dice cómo percibimos la fuerza del sonido y cómo debemos proteger nuestros oídos.

Intensidad vs. nivel de presión sonora

Es importante diferenciar dos conceptos:

  • Intensidad: cantidad de energía que transporta la onda sonora.
  • Nivel de presión sonora: cómo percibe nuestro oído esa energía.

La relación logarítmica entre ellos es lo que hace que un pequeño aumento de dB se perciba como un gran salto de volumen. Por eso, una sala de ensayo necesita control acústico incluso con sonidos que no parecen muy altos, porque la suma de todas las fuentes puede elevar los decibelios hasta niveles incómodos o dañinos.

👉 En resumen, los decibelios nos permiten cuantificar el sonido y compararlo con nuestra percepción. Son esenciales para diseñar espacios seguros y agradables, y forman la base de cualquier análisis acústico profesional.

Resumen de la primera parte

Hemos recorrido los fundamentos esenciales para entender la acústica de cualquier espacio:

  1. El sonido es una vibración mecánica que viaja a través de un medio (aire, agua o sólidos). Sus características dependen de la frecuencia (tono), amplitud (volumen) y longitud de onda.
  2. La propagación del sonido varía según el medio: viaja más rápido y eficientemente por sólidos que por líquidos y gases. Al chocar con superficies, puede reflejarse, absorberse o transmitirse, generando fenómenos como ecos, reverberación y resonancias.
  3. En un campo libre, el sonido se desplaza directamente desde la fuente sin obstáculos, mientras que en un recinto cerrado se suma el sonido reflejado por paredes, techo y suelo, creando un campo sonoro más complejo.
  4. Las dimensiones y la forma del local determinan el comportamiento del sonido: salas largas, estrechas, cúbicas o irregulares producen distintas resonancias y ondas estacionarias.
  5. Conceptos clave como frecuencias resonantes, ondas estacionarias, tiempo de reverberación y coeficiente de absorción explican por qué una sala puede amplificar ciertas notas, difuminar otras o hacer que el sonido pierda claridad.
  6. Los decibelios nos permiten medir la intensidad sonora y entender cómo percibimos el volumen. La escala logarítmica nos enseña que un pequeño incremento en dB se percibe como un gran salto en la fuerza del sonido.

Con estos conocimientos claros, estamos listos para la segunda parte, donde exploraremos cómo aplicar tratamientos acústicos, paneles decorativos y soluciones prácticas para mejorar la calidad sonora de cualquier espacio, desde estudios de grabación hasta salones domésticos.

Acústica de salas.

¿Por qué tratar la acústica de un espacio?

Cuando pensamos en mejorar el sonido de una sala, lo primero que nos viene a la cabeza suele ser el equipo: un buen televisor, unos altavoces potentes o una barra de sonido de última generación. Sin embargo, por muy avanzado que sea el aparato, la acústica del espacio tendrá la última palabra.

En la primera parte de esta guía vimos cómo el sonido se propaga, choca contra paredes, se refleja y se mezcla con la señal directa que llega de la fuente. Todo esto significa que no solo escuchamos lo que emite el altavoz , sino también la suma de reflexiones y resonancias que genera la propia sala. Y ahí está la clave: un mismo equipo puede sonar espectacular en una habitación bien acondicionada o resultar confuso y molesto en otra sin tratar.

Los objetivos principales de un tratamiento acústico son tres:

  • Mejorar la inteligibilidad : que las palabras se entiendan con claridad en una conversación, una película o una conferencia, sin que el eco se coma las sílabas.
  • Disfrutar de la música con fidelidad : reducir resonancias y reverberaciones excesivas que colorean el sonido, logrando que una guitarra suene como guitarra y un piano como piano.
  • Reducir el ruido : tanto el que entra desde fuera (tráfico, vecinos, obras) como el que sale de nuestra sala (para no molestar a otros).

En definitiva, tratar la acústica de un espacio no es un capricho reservado a estudios de grabación o salas de conciertos. Es una manera de sacar todo el potencial a tu equipo de audio o cine en casa , y al mismo tiempo disfrutar de una experiencia sonora mucho más natural y cómoda.

Salón doméstico tratado con paneles acústicos decorativos.
Salón doméstico tratado con paneles acústicos decorativos.

Absorción acústica

Cuando el sonido viaja por una sala y se encuentra con un obstáculo —una pared, una cortina o incluso un sofá— parte de esa energía se refleja y parte se absorbe . La absorción acústica es, en pocas palabras, la capacidad de ciertos materiales para “comerse” una porción del sonido y transformarla en calor (tranquilo, hablamos de una cantidad minúscula e imperceptible).

La idea es sencilla: cuanto más poroso y blando es un material, más ondas sonoras pueden atrapar en su interior, frenando su rebote dentro de la sala. Por eso, en una habitación vacía solemos escuchar un eco molesto, mientras que al colocar alfombras, cortinas y muebles acolchados el ambiente se vuelve mucho más agradable.

Algunos ejemplos cotidianos de materiales absorbentes:

  • Cortinas gruesas : ideales para atenuar los agudos.
  • Alfombras y tapicerías : absorbidas tanto pasos como parte del sonido ambiente.
  • Paneles acústicos de espuma o lana de roca : diseñados específicamente para controlar reflexiones.
  • Bibliotecas repletas de libros : no son absorbentes perfectos, pero ayudan a “mameluco” el sonido.

Para medir esta capacidad se utiliza el coeficiente de absorción , un valor que va de 0 a 1:

  • 0 significa que el material refleja todo (ejemplo: mármol, vidrio).
  • 1 significa que absorbe prácticamente todo lo que recibe (ejemplo: espumas acústicas).

La absorción es especialmente útil cuando una sala tiene exceso de reverberación o ecos que emborronan las voces y los instrumentos. Eso sí, conviene aplicarla con equilibrio: si abusamos de materiales absorbentes, podemos terminar con un sonido demasiado seco, apagado y sin vida.

👉 Un detalle importante : no todos los materiales absorben igual en todas las frecuencias.

  • Una alfombra es estupenda para controlar los agudos, pero apenas afecta a los graves.
  • Las espumas acústicas funcionan muy bien en medios y agudos, pero los graves, con longitudes de onda mucho más largas, suelen escaparse sin problema.
  • Para esos graves molestos que hacen retumbar la sala, lo que se necesita son trampas de graves, materiales más densos y colocados estratégicamente en las esquinas, donde la energía de baja frecuencia se acumula.
Ejemplo de trampa de graves
Ejemplo de trampa de graves

Difusión acústica

Mientras que la absorción busca reducir la energía del sonido, la difusión tiene un objetivo distinto: repartir las ondas sonoras de manera uniforme por la sala , evitando concentraciones, ecos molestos o puntos muertos.

Imagine el sonido como agua que cae sobre una superficie irregular. En lugar de acumularse en un solo lugar, se dispersa y llega de manera más homogénea a todos los rincones. En términos acústicos, la difusión no elimina la energía sonora , simplemente la reparte, mejorando la percepción general del sonido.

Ejemplos de difusión en la vida real

  • Difusores de madera o poliuretano : suelen tener forma de pirámides, barras o paneles irregulares que rompen la onda y la dispersan.
  • Bibliotecas con libros de distintos tamaños y grosores : no son difusores profesionales, pero ayudan a dispersar el sonido en una sala doméstica.
  • Paneles acústicos con patrones geométricos : combinan estética y funcionalidad, desviando las ondas y evitando ecos concentrados.

Cuándo conviene usar difusión

  • Salas de música y cine en casa : para evitar que el sonido “se amontone” en algunas zonas y se pierda claridad en otras.
  • Estudios de grabación y podcast : ayuda a que la mezcla sea más precisa, sin que ciertas frecuencias reboten de manera desigual.

En resumen, mientras que la absorción controla la energía del sonido, la difusión lo organiza , repartiendo las ondas de manera que el espacio suene más natural y equilibrado.

Ejemplo de difusor acústico.
Ejemplo de difusor acústico.

Aislamiento acústico

Hasta ahora hemos hablado de cómo mejorar la calidad del sonido dentro de una sala con absorción y difusión, pero ¿qué pasa con el ruido que entra de fuera o con el que generamos y no queremos compartir con los vecinos? Ahí entra en juego el aislamiento acústico.

El aislamiento no busca mejorar la claridad del sonido interior, sino impedir que el ruido atraviese las paredes, techos, suelos, puertas o ventanas. Es decir, actúa como una barrera física que separa dos ambientes sonoros.

Cómo funciona el aislamiento acústico

El principio es sencillo: cuanto más denso y sellado es un material, más difícil será que las ondas sonoras lo atraviesen. Por eso los muros de hormigón aíslan mejor que un tabique de pladur, y una ventana con doble acristalamiento retiene mucho más ruido que una de cristal simple.

Aquí entran en juego dos conceptos básicos:

  • Masa: a mayor peso del material, más difícil es que el sonido lo haga vibrar y lo atraviese.
  • Estanqueidad: cualquier rendija o hueco, por pequeño que sea, es una autopista para el sonido. De nada sirve una pared gruesa si la puerta no cierra bien.

Ejemplos prácticos de aislamiento

  • Dobles paredes y falsos techos: crean una cámara de aire que actúa como colchón aislante.
  • Ventanas de doble o triple acristalamiento: ideales para frenar el ruido del tráfico.
  • Puertas macizas con burletes: evitan fugas de sonido a través de rendijas.
  • Suelos flotantes: muy usados en estudios y cines para frenar vibraciones.

En resumen: si lo que quieres es que tu sala esté a prueba de ruidos externos o que tu música no moleste al resto de la casa (ni a los vecinos), el aislamiento acústico es la solución. Y ojo, no hay que confundirlo con la absorción: uno se encarga de bloquear el sonido, el otro de domarlo dentro del recinto.

Ejemplo de aislamiento acústico.
Ejemplo de aislamiento acústico.

Tratamientos según el problema

Ya sabemos que el sonido puede comportarse de maneras muy distintas dentro de una sala: puede rebotar demasiado, acumularse en graves, crear ecos molestos o filtrarse hacia fuera. Por eso, antes de lanzarse a comprar paneles o espumas, lo primero es identificar cuál es el problema principal de la sala.

Aquí van los casos más comunes y sus soluciones:

🔊 Exceso de reverberación

  • El problema: las voces se escuchan con eco, las palabras se alargan y cuesta entender bien las conversaciones o los diálogos de una película.
  • La solución: introducir materiales absorbentes como alfombras, cortinas gruesas, sofás tapizados y, si hace falta, paneles acústicos porosos en paredes y techo.

🔁 Ecos flotantes

  • El problema: ese “ping-pong” sonoro que aparece en salas con paredes paralelas desnudas (sobre todo cuando aplaudes y notas un rebote metálico).
  • La solución: difusores o librerías colocados estratégicamente para romper la simetría de las reflexiones. También puede ayudar colgar cuadros o paneles decorativos que no sean totalmente lisos.

🎵 Ondas estacionarias y graves retumbones

  • El problema: en ciertas frecuencias bajas el sonido se refuerza o desaparece en algunos puntos de la sala. Resultado: un bajo que retumba demasiado en una esquina y que se pierde por completo en otra.
  • La solución: trampas de graves colocadas en las esquinas, ya que es allí donde estas ondas tienden a acumularse.

🚪 Ruido externo o filtraciones hacia fuera

  • El problema: entra el ruido del tráfico o de los vecinos, o al revés, la música de tu sala se cuela en otras habitaciones.
  • La solución: aislamiento acústico. Puertas macizas bien selladas, ventanas de doble acristalamiento, dobles tabiques y cuidado especial en las juntas y rendijas.

En definitiva, cada problema requiere un tratamiento específico. No se trata de llenar la sala de espuma o madera al azar, sino de diagnosticar primero y aplicar después la solución adecuada. Así, cada intervención será más efectiva y evitarás gastar dinero innecesariamente.

Ejemplos prácticos de aislamiento acústico en distintos espacios

1. En un salón de casa (cine en casa o música en alta fidelidad 🎶📺)

  • Puertas y ventanas: sustituir las puertas huecas por puertas macizas o reforzarlas con burletes. En ventanas, optar por doble acristalamiento.
  • Pared compartida con vecinos: instalar trasdosados con lana mineral y placas de yeso laminado. Esto reduce drásticamente las quejas por “volumen de más”.
  • Suelos flotantes: si hay problemas con vibraciones (subwoofer potente, por ejemplo), una tarima flotante con lámina acústica ayuda a aislar del piso inferior.

2. En una sala de ensayo o estudio casero 🎤🥁

  • Caja dentro de la caja: crear una estructura independiente (paredes, techo y suelo desacoplados) es la solución profesional.
  • Tratamiento básico: para un home studio más sencillo, bastan paneles de lana de roca en paredes críticas y techos suspendidos con silent blocks.
  • Cabinas portátiles: existen cabinas modulares que permiten grabar voces sin molestar a nadie ni ser interrumpido por ruidos externos.

3. En un restaurante o local abierto al público 🍷🍽️

  • Falsos techos absorbentes: reducen la transmisión al piso superior y controlan la reverberación interna.
  • Revestimientos decorativos acústicos: paneles que, además de aislar, embellecen el espacio.
  • Aislamiento de maquinaria: compresores, ventilación o lavavajillas deben ir montados sobre soportes antivibración.

4. Caso práctico: un vecino melómano 🎧
Un aficionado instala un equipo hi-fi con graves profundos. Para evitar conflictos vecinales:

  • Añade un falso muro de 10 cm con lana de roca en la pared compartida.
  • Coloca el subwoofer sobre una base antivibratoria.
  • Resultado: puede disfrutar a 85 dB sin recibir “golpecitos con la escoba” desde el piso de arriba.

👉 Con estos ejemplos, el lector verá que el aislamiento acústico no es algo abstracto, sino una mejora aplicable en viviendas, locales comerciales y estudios.

Errores comunes en el aislamiento acústico 🚫🔊

1. Confundir absorción con aislamiento
Mucha gente cree que poner espuma acústica (tipo “huevera”) en la pared evita que el sonido salga. ❌ Error: esa espuma solo absorbe dentro del recinto, pero el ruido sigue viajando al exterior. Para aislar se necesita masa y desacoplo.

2. Dejar rendijas o puntos débiles
El aislamiento es tan fuerte como su punto más débil: una grieta, una puerta hueca, una ventana mal sellada… ¡y adiós al esfuerzo!
👉 Ejemplo: de nada sirve un muro de 20 cm si la puerta es de cartón prensado.

3. Olvidar las vibraciones
El sonido no solo viaja por el aire, también por las estructuras. Si un subwoofer está en contacto directo con el suelo, transmitirá vibraciones al edificio entero.
👉 Solución: usar soportes antivibración o plataformas flotantes.

4. Quedarse corto en el grosor del material
Un error típico es usar placas muy finas esperando milagros. En acústica, más masa = más aislamiento. A veces vale más añadir 2 cm extra de material que cubrir la pared de arriba a abajo con algo muy ligero.

5. No pensar en conjunto
El aislamiento es un sistema: paredes, techos, suelos, puertas, ventanas. Si uno de esos elementos falla, el ruido encontrará su camino.
👉 Es como poner una puerta blindada pero dejar la ventana abierta.

La influencia del local en el sonido

Hasta ahora hemos visto cómo absorción, difusión y aislamiento nos ayudan a mejorar el sonido, pero no podemos olvidar que la propia sala tiene su “personalidad acústica”. Las dimensiones, forma y materiales del espacio afectan directamente a cómo percibimos cualquier sonido.

Dimensiones y forma de la sala

  • Una sala larga y estrecha puede amplificar los graves a lo largo de su eje mayor, creando retumbos concentrados.
  • Una sala cúbica tiende a generar resonancias molestas en ciertas frecuencias, especialmente en bajos.
  • Espacios irregulares o asimétricos distribuyen mejor el sonido, evitando puntos muertos o picos de resonancia.

Materiales y superficies

  • Superficies duras y lisas (mármol, cristal, madera pulida) reflejan gran parte del sonido, aumentando la reverberación.
  • Superficies blandas y porosas (alfombras, cortinas, paneles acústicos) absorben energía y suavizan los ecos.
  • Una combinación equilibrada de ambos tipos permite un sonido claro y natural, sin que la sala “coloree” demasiado las fuentes.

Cómo afecta al tratamiento

  • Las reflexiones y resonancias nos dicen dónde colocar paneles absorbentes o difusores.
  • Las zonas con acumulación de graves indican la necesidad de trampas de graves en esquinas estratégicas.
  • Conocer la sala permite optimizar aislamiento y dispersión sin sobrecargarla de materiales, manteniendo también la estética.

En definitiva, no basta con aplicar tratamientos acústicos al azar: el éxito depende de cómo interactúan con la sala. Cada espacio es único, y entender su influencia nos permite crear un ambiente sonoro equilibrado, cómodo y disfrutable.

🔊 Cómo aplicar estos conceptos en una sala real

Comprender cómo se comporta el sonido en un espacio es fundamental, pero para conseguir una mejora real es necesaria

En función del tipo de sala y del uso que se le vaya a dar, existen distintas formas de actuar sobre la acústica, desde elementos que absorben el sonido hasta soluciones diseñadas para tratar problemas más concretos como la acumulación de graves.

A continuación se pueden consultar distintas guías en las que se analiza cómo aplicar estos principios en situaciones reales y qué tipo de soluciones se utilizan en cada caso.

Paneles acústicos para mejorar el sonido

Una de las soluciones más eficaces para reducir la reverberación y mejorar la calidad acústica de una sala.

Ver Paneles Acústicos

Aislamiento acústico en viviendas y salas

Qué soluciones existen para reducir el ruido que entra o sale de una habitación y mejorar el confort acústico.

Ver Aislamiento Acústico

Trampas de graves para controlar bajas frecuencias

Soluciones diseñadas para reducir la acumulación de graves y mejorar el equilibrio del sonido en la sala.

Ver Trampas de Graves

Cortinas acústicas para mejorar la absorción del sonido

Una solución sencilla y decorativa para reducir la reverberación y suavizar el sonido en distintos espacios.

Ver Cortinas Acústicas

Paneles acústicos decorativos para mejorar el diseño y el sonido

Una opción que combina funcionalidad y estética para reducir la reverberación sin renunciar al diseño del espacio.

Ver Paneles Acústicos Decorativos

Paneles acústicos de madera con diseño y alta absorción

Soluciones que integran materiales naturales y un acabado elegante, ideales para mejorar la acústica con un estilo más cálido.

Ver Paneles Acústicos de Madera

TECHNICS SL-1200, HISTORIA

Technics SL-1200

TECHNICS SL 1200, UNA HISTORIA DE ÉXITO

Hacía mucho tiempo que quería contar la historia del plato Technics SL-1200, pensé en hacerlo en mi cuenta de Facebook, pero lo limitado del formato impedía hacer una buena exposición. Ahora con mi sitio web recién inaugurado podré explayarme.

Una de las razones por la que consideraba necesario realizar una mirada retrospectiva a un giradiscos que muchos consideran un referente, es la gran cantidad de información errónea que circula por ahí, fruto muchas veces del desconocimiento. Antes de comenzar a escribir esta publicación di un repaso a lo que se cuenta en castellano por internet sobre el 1200 y su historia, encontrando barbaridades tales como que el SP-15 fue el precursor y que incluso se le ve “viejo” en comparación. Un plato el SP-15 que es posterior al 1200, que aparece por vez primera en catálogo en 1979, que es de una gama superior y que por el hecho de ir montado sobre el plinto SH-15B1 al autor le debió parecer anticuado.

Technics SP-15 con plinto SH-15B1
El Technics SP-15 con plinto SH-15B1 de mi amigo Carlos.

Lo primero que hay que desmontar es el mito muy extendido de que el Technics SL-1200 es un plato concebido para un uso profesional, algo totalmente falso pues dentro de la misma gama Technics ya existía un plato superior desarrollado con este propósito, el SP-10, que fue el primer plato de tracción directa de la historia. Lo cual nos plantea una pregunta ¿Cómo pudo un plato de gama media monopolizar las cabinas de las discotecas? Vayamos por partes.

PLATOS PROFESIONALES EN LOS 60, 70 y 80

En los años 60 la tracción de los platos tocadiscos podía ser por poleas o correa, los motores síncronos usados en la época giraban a una velocidad muy elevada, lo que imposibilitaba el acople directo al eje del plato, ya que llegaban (dependiendo del número de polos del motor) a girar a 1.500 rpm. Tampoco en aquella época esto era un problema esencialmente a efectos prácticos, ya que nadie se planteaba que fuera necesario disponer de un arranque rápido.

En este punto habría que hacer un alto y exponer cómo era el mundo de las discotecas en los años 60, no olvidemos que es en éste ámbito donde el 1200 se terminará imponiendo con el tiempo. Las emisoras de radio y de televisión es un tema aparte y aquí el 1200 no impondría su ley con tanta facilidad, al menos en las grandes cadenas donde se usaba material específicamente profesional.

Las discotecas, night clubs, boliches o como los queramos llamar, en los 60 no eran exactamente como los vemos hoy. La figura del discjockey estaba todavía muy ligada a las emisoras de radio y en este tipo de locales muchas veces eran los propios camareros los que se encargaban de poner los discos. Tampoco los equipos de sonido estaban a la altura, pero la historia del sonido en las discotecas la veremos más adelante en otra publicación.

Con todo esto tenemos que los platos profesionales tenían un uso enfocado más bien a las emisoras de radio y televisión, donde eran usados entre otras cosas para las actuaciones en playback, algo muy habitual en los 70. Aunque también tuvieron su hueco en aquellas discotecas que se lo podían permitir, un plato giradiscos de estas características no era precisamente barato.

Plato profesional EMT 950
Plato profesional EMT 950
Plato profesional Thorens TD 524
Plato profesional Thorens TD 524

Para adentrarnos en la historia del Technics SL-1200 es necesario ponernos en contexto y en una época. En los años 60 se produce un gran crecimiento y una suerte de fiebre por la alta fidelidad a nivel mundial, en los años 50 este fenómeno ya había causado impacto en la potente economía norteamericana, con un creciente interés entre un público ávido de escuchar su música favorita con la máxima fidelidad.

Revista de electrónica canadiense de 1954
Revista de electrónica canadiense de 1954

Mientras en Estados Unidos el mercado de la hifi (High Fidelity) estaba ya asentado, en Europa da sus primeros pasos. en los años sesenta además entrará un nuevo elemento en la ecuación, Japón. En el País del Sol Naciente se produce una verdadera explosión de empresas de la electrónica que trasciende sus propias fronteras, muchos de estos fabricantes llevan décadas existiendo pero es en los años sesenta cuando se vuelcan con el audio de una manera nunca vista. Incluso empresas que en principio no estaban relacionadas con este campo crean sus propias divisiones especializadas.

Japón empuja con fuerza en los últimos sesenta, el mercado crece y la oferta se multiplica, además los japos tienen la capacidad de fabricar grandes cantidades y con un standard de calidad muy alto a precios económicos. Mientras, en Europa y Estados Unidos no se pierde comba y las empresas del audio tratan de competir con sus mejores armas, llegamos a los 70, la era dorada del audio en alta fidelidad ha comenzado. Nunca la industria de la electrónica ofrecerá una oferta tan desarrollada y variada como en esa década y hasta mediados de los ochenta.

En los años 60 y 70 los avances en el mundo del audio se suceden a velocidad de vértigo, en 1967 aparece el primer amplificador de potencia estéreo de estado sólido, el Crown DC-300. Eventos como Woodstock en 1969 también marcarán un antes y un después en la sonorización de grandes espacios al aire libre.

En 1972 Denon construye la primera grabadora de audio digital de la historia, en ese mismo año la también japonesa Nakamichi desarrolla el grabador-reproductor de cassette modelo 1000, que presentado en 1973 establecerá un nuevo standard de calidad para este formato. En 1974 JVC (Japan Victor Company) presenta el primer giradiscos controlado por cuarzo.

Primera grabadora de audio digital de la historia. Denon DN-023 PCM
Primera grabadora de audio digital de la historia. Denon DN-023 PCM

En esos momentos, la guerra entre los fabricantes de audio por ofrecer lo mejor es total, la gama de productos en los catálogos crece de modo exponencial para cubrir todas las necesidades y presupuestos. Es en medio de ese contexto donde aparece en 1973 el National-Panasonic-Technics SL-1200, en ese momento el hoy famoso 1200 no deja de ser uno más dentro de una industria que crece de forma inusitada. Además se presenta como el tercero de la gama tras los SP-10 y SL-1100.

EL PRIMER PLATO DE TRACCIÓN DIRECTA DE LA HISTORIA

En 1969 el ingeniero Shuichi Obata desarrolla el primer plato giradiscos de tracción directa del mundo, se trata del SP-10 el cual entrará en catálogo en 1970. El SP-10 en su primera generación se vende tanto como National Panasonic como bajo la marca Technics.

El ingeniero japonés Shuichi Obata
El ingeniero japonés Shuichi Obata

El SP-10 se presenta con un motor de corriente continua de veinte polos y es capaz de ponerse a 33 rpm con tan solo media vuelta del plato. En esta primera generación la fuente de alimentación no iba separada como sí veremos más adelante en el SP-10 MKII.

El Technics SP-10 se vendía de modo independiente o con el plinto o base de la propia marca, el SH-10B1, a la unión de ambos elementos la marca nipona lo denominará SL-1000. El SP-10 se postula como un gran plato para uso profesional, de hecho Panasonic-Technics hará alarde de ello en sus propios catálogos.

Los SP-10 y SL-1000 se instalan a principios de los 70 en lo más alto de la gama Technics, son caros y por ello la marca decide ampliar por abajo la gama de los platos de tracción directa, para de ese modo llegar a un público más amplio.

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LOS HIJOS DEL SP-10, SE AMPLÍA LA GAMA EN TRACCIÓN DIRECTA

A principios de los setenta la competencia entre las numerosas marcas de audio era ya muy fuerte, fenómeno que se intensificará todavía más a lo largo de la década. Todos tratan también de llegar a un mayor número de público, con lo que es preciso diversificar las gamas de producto.

El Technics SP-10 es un producto extraordinario pero caro, así que en Matsushita desarrollan el SL-1100, con el que pretenden trasladar a un público más amplio la novedosa tracción directa. El SL-1100 aparece en 1971 y se presenta como el segundo de la gama tras el SP-10

Technics SL-1100
Technics SL-1100. Fotos cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Technics SL-1100. Fotos cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Catálogo Technics SL-1100AC

El Technics SL-1100 tendrá un hermano mellizo, el SL-110. A diferencia del SL-1100 el SL-110 no trae brazo incorporado, lo que posibilita colocar el que nosotros queramos. Esta no es una cuestión menor, como habéis visto anteriormente el SP-10 se vendía incluso sin plinto, aunque también se podía comprar una versión completa ( SL-1000)

Traer un brazo fijo de fábrica dificulta la sustitución del mismo en muchos casos, ya que a menudo no se contempla la posibilidad de cambiarlo. En el caso de los SP-10 y SL -1000 se puede cambiar sin problemas, pero en el 1100 hay que hacer modificaciones si deseamos poner otro de superior nivel al que trae de fábrica. Ello es debido principalmente a que en principio no podemos variar la distancia del eje del plato al brazo, defecto que encontraremos también en el SL-1200.

La solución nos la presentaba Technics con el SL-110.

Technics SL-110
Technics SL-110. Fotos cortesía de Alejandro Usuca
Technics SL-110. Fotos cortesía de Alejandro Usuca
Catálogo Technics SL-1100 y SL-110

Quisiera hacer un apunte respecto a las fechas, un producto nuevo presentado en Japón podía tardar varios meses o un año en estar disponible en otros países, es por ello que a veces encontramos referencias a 1972 o 1973 respecto al nacimiento del 1200. En los 80 ocurría que mientras en Europa se estaba vendiendo la gama de 1986, en Japón estaba ya descatalogada y se estaba vendiendo la siguiente generación. Incluso algunas marcas fabricaron productos exclusivos para el exigente mercado japonés.

TECHNICS SL 1200, EL TERCERO DE LA GAMA EN TRACCIÓN DIRECTA

En 1972-73 Technics continúa fabricando platos de tracción por correa, aunque son relegados a puestos menos destacados en los catálogos del fabricante, está claro que Matsushita donde pone toda la carne en el asador es con los «direct drive».

En un esfuerzo de ampliar la gama hacia abajo, Panasonic-Technics presenta un tercer plato de tracción directa, el SL-1200, pero aquella primera generación no se parece mucho todavía al 1200 que todos conocéis. El 1200 es una versión simplificada y más económica del SL-1100, estará en producción hasta 1979.

Technics SL-1200 de primera generación (1972-1979)
Technics SL-1200 (1972-1979)

El SL-1200 también tendrá su versión sin brazo, una opción mucho más interesante si lo que pretendemos es exprimir al máximo las posibilidades sonoras con un buen brazo. El modelo se denomina SL-120 y en la foto de abajo se puede apreciar la base de acople para el brazo.

Technics SL-120
Technics SL-120

En 1974 la gama de platos Technics de tracción directa se encuentra totalmente asentada y bien estratificada, con los platos profesionales SP-10 y SL-1000 en lo más alto de la gama, los SL-1100 y SL-110 en un puesto intermedio y los SL-1200 y SL-120 como modelos de acceso. A pesar de ello el fabricante todavía mantiene algún modelo de tracción por correa como el SL-25B.

1975, EXPLOSIÓN DE LA INDUSTRIA DEL AUDIO

A mediados de la década de los 70 los fabricantes de equipos de alta fidelidad incrementan la gama de productos de modo significativo. La competencia aprieta y la gama Technics de platos giradiscos de tracción directa crece hacia abajo con modelos como los SL-1300, SL 1350 o SL-1500.

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En la segunda mitad de los 70, al igual que ocurre con todos los fabricantes de equipos de audio, la gama de giradiscos Technics se multiplica. A finales de la década la gama de platos es tan amplia que sería complicado citar todos los modelos.

Abajo vemos un catálogo de Technics británico de 1977, el SL-1200 ni siquiera aparece, algo que no debe sorprendernos pues los fabricantes comercializan puntualmente algunos modelos y otros no según el país.

Technics SL-1000Mk II
Technics SL-110 y SL-150
Technics SL-1900 y SL-2000

A finales de los setenta el segundo plato más alto de la gama, los SL-1100 y SL-110, es sustituido por el SP-15 citado al principio de la publicación. El SP-15 es un plato de concepción muy similar a los SP-10 y SL-1000, que no olvidemos se diferencian básicamente por el hecho de venderse con o sin plinto. Por tanto al igual que éstos el SP-15 se vende con o sin plinto. En algunos mercados el SL-1100/SL-110 convivirá un tiempo con el SP-15.

Technics SP-15

EVOLUCIÓN DEL MEJOR PLATO TECHNICS DE LA HISTORIA

Y me estoy refiriendo naturalmente a los SP-10 y SL-1000. Al modelo tope de la gama de platos Technics le va saliendo cada vez más competidores, por tanto a mediados de los setenta se hacía ya necesaria una revisión y actualización del modelo.

En 1975 aparece por tanto el SP-10 MkII (y su homólogo con plinto, el SL-1000 MkII). A diferencia de la primera versión de 1970, el MkII cuenta con una fuente de alimentación separada e incorpora por vez primera dentro de la gama Technics el control de velocidad por cuarzo, inventado el año anterior por JVC.

Esta generación se caracterizará por la entrada en escena del plinto construido en obsidiana SH-10, muy codiciado en la actualidad.

Technics SP-10, SL-1000 en su evolución MkII con plinto de obsidiana. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Technics SP-10, SL-1000 en su evolución MkII con plinto de obsidiana. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Technics SP-10, SL-1000 en su evolución MkII con plinto de obsidiana. Fotos cortesía de Silvio Martín Luján Pomar

En 1982 aparece la tercera generación del SP-10, la cual convivirá unos años con la MkII. El Technics SP-10 MkIII es un plato mucho más pesado que sus antecesores, presenta además como novedad el controlador externo.

Technics SL-1000 Mk3D
Catálogo Technics SP-10Mk3, SP-10Mk2 y SP-15
Technics SP-10 MkIII con o sin plinto de obsidiana, vemos en el catálogo de la marca también un SP-10MkII y un SP-15.

En 1988, ante el avance del compact disc y tras casi dos décadas de perfeccionamiento, Technics deja de fabricar su mejor plato. Su última versión fue la SP-10 MkIIID.

He de apuntar que dentro de la serie SP hubo más modelos que los citados, pero no dejaban de ser variantes de los ya vistos. Los SP-20 o los SP-25, incluso alguna rareza como el económico SP-12, una especie de 1200 sin plinto. En realidad tal y como he contado antes, hacer una descripción exhaustiva por años de todos los modelos Technics de gama media y alta sería inacabable.

En 2016 Technics anuncia su vuelta al mundo de los platos giradiscos, además lo hace a lo bruto y por la puerta grande resucitando el SP-10, actualmente en producción y un precio de unos 20.000 € con plinto. Me estoy refiriendo a los Technics SP-10R y SL-1000 (versión con plinto)

El actual plinto es según el propio Shuichi Obata el mejor que ha fabricado Technics, es por ello que desestimó la vuelta al plinto de obsidiana.

Technics SP-10R
Technics SL-1000R
Technics SL-1000R
Technics SL-1000R
Technics SP-10R

TECHNICS EN EL REINO DE LAS DISCOTECAS

Era necesario conocer un poco la historia de los platos de tracción directa Technics para poner al 1200 en un contexto exacto, frecuentemente me he encontrado con comentarios del tipo; «Es el mejor plato que existe» o «Es un plato profesional». Como habéis visto ni lo uno ni lo otro, en sus orígenes el 1200 era un plato de gama media que trataba de hacer llegar a un mayor número de aficionados algunas de las virtudes vistas en los modelos superiores.

Cuando en 1973 el icónico modelo aparece en los catálogos de todo el mundo, Technics ya ofrece otros modelos con superiores capacidades, además el SL-1200 no será el primer modelo de Technics en ser usado por DJ`s. David Mancuso apostó pronto por el SL-110, preferencia que mantuvo a lo largo de su carrera.

El jamaicano DJ Kool Herc, para muchos el padre del hip-hop, comenzó a innovar en los setenta con el SL-1100, gracias a las posibilidades que ofrecía la tracción directa.

David Mancuso con los Technics SL-110
David Mancuso con los Technics SL-110

A lo largo de los 70 la presencia de Technics en las cabinas de las discotecas es poco menos que testimonial, por no decir bastante escasa. Recordemos que nos encontramos en los años dorados del audio, la competencia y variedad de productos y marcas es descomunal. Genéricamente tampoco el que un plato sea de tracción directa o por correa tiene una importancia vital en las cabinas de las discotecas en esa época, básicamente porque las mezclas suelen ser poco exigentes en ese sentido.

Durante los 70 y 80 se pudo ver todo tipo de platos en las cabinas, ya fueran de tracción directa como Denon, JVC o Technics o de tracción por correa. Incluso modelos tan audiófilos ( e icónicos) como el Michell Transcriptor tuvieron su lugar en algunas salas sin problemas económicos, el Transcriptor era un modelo muy vistoso famoso por aparecer en la película «La Naranja Mecánica». Lenco, Dual o la más elitista Thorens, pero también Philips, Marantz, Sansui, Pioneer, Sony, Yamaha y un sinfín de marcas más poblaban las cabinas de todo el mundo.

Son tiempos en los que los platos verdaderamente profesionales siguen teniendo su lugar en las emisoras de radio. En las discotecas el presupuesto disponible determina en gran medida la gama de equipos utilizados.

Así pues no existe un standard ni moda alguna que indique qué tipo de plato instalar en una discoteca, situación que se mantendrá durante años pues como digo, los Technics SL-1200 se irán imponiendo progresivamente.

Larry Levan en la cabina de Paradise Garage con los Thorens TD-125
Larry Levan en la cabina de Paradise Garage con los Thorens TD-125

TECHNICS SL-1200 Mk2, LA CLAVE DEL ÉXITO

En 1978 el Technics SL-1200 hace un tiempo que prácticamente ha desaparecido de los catálogos de la marca en algunos países, fagotizado y superado por modelos de Technics más modernos que ya incorporan el control de velocidad por cuarzo. Según en qué mercados en algunos catálogos todavía se puede ver el SL-120, versión sin brazo del 1200 como ya sabéis.

En 1979 buena parte de la gama de la marca nipona ya ha sido renovada, en los últimos tres o cuatro años había surgido un buen número de nuevos modelos y versiones. El SL-1200, que originalmente ocupaba el tercer puesto dentro de la gama, está algo desfasado y se renueva por fin.

Esta renovación/evolución denominada SL-1200MkII incorpora un llamativo y revolucionario «pitch» de gran tamaño, muy manejable y ergonómico situado en el lateral derecho del plinto. Esta es la clave del éxito futuro del modelo, ello unido a un precio muy asequible. La aparición de este enorme pitch en forma de fader no fue casual, Technics había enviado a su propio personal a visitar varios clubes de Chicago para recoger las necesidades reales de los discjockeys.

Abajo tenéis el catálogo español de Technics de 1979, en él podéis ver conviviendo al nuevo SL-1200MkII (primera página) con el viejo SL-120 (tercera página).

Catálogo platos giradiscos Technics
Catálogo platos giradiscos Technics
Catálogo platos giradiscos Technics

El nuevo pitch no va a pasar desapercibido para los discjockeys, hasta entonces la mayoría de mandos para realizar un ajuste fino de la velocidad eran diminutos y muchas veces en una ubicación poco práctica para su manejo. El nuevo SL-1200MkII rompe con esto y se destaca por encima de la competencia en este aspecto.

Technics SL-1200 MkII. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Technics SL-1200 MkII. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar

El primer lugar del que tengo referencia que se instala un par de MkII es en la Studio 54 de Nueva York, no para sustituir a los Thorens TD-125, que sónicamentre seguían siendo superiores, si no como complementarios. En la 54 me consta que en los sótanos había varios platos de repuesto, incluido los SL-1200 originales.

A lo largo de la década de los ochenta el 1200 MkII se irá introduciendo progresivamente en las cabinas, muy lentamente al principio y de manera contundente en la segunda mitad de esa década. A ello contribuyó también el hecho de que otros fabricantes comienzan a disminuir su oferta de giradiscos en favor del nuevo formato de compact disc.

Pero sin duda la clave fue el pitch como he apuntado anteriormente, hasta el punto de que otros fabricantes toman buena nota de esto y Thorens presenta un plato 100 x 100 profesional incorporando este detalle, el TD-535. No olvidemos que el 1200 originalmente nace con un planteamiento más doméstico, a diferencia del carísimo SP-10.

El nuevo Thorens profesional con pitch al estilo MkII tiene unas prestaciones sobresalientes pero es demasiado caro, lo que dejará expedito el camino al famoso plato de Technics. Además otros platos de elevadas prestaciones y tracción directa se dejan de fabricar ante el avance imparable del CD.

Plato profesional de tracción directa Thorens TD 535

EL TECHNICS SL-1200 Y SUS VERSIONES

Al mismo tiempo que se lanza el SL-1200MkII aparece el SL-1210 MkII, ambos modelos son prácticamente iguales y visualmente se distinguen por el color gris oscuro en el caso del 1210. Además hay alguna diferencia en el cableado pero nada destacable, en realidad se trata del mismo plato.

Technics SL-1210 MkII. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Technics SL-1210 MkII. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar

No es el propósito de esta publicación enumerar todas las versiones habidas de los SL-1200 y SL-1210, pues no dejan de ser variantes del mismo producto, aunque eso si, cada una de ellas con sus particularidades y mejoras respecto a versiones anteriores. Además podéis acceder a esa información en Wikipedia, eso si, en inglés.

Technics SL-1210M5G, lanzado en noviembre del año 2002. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar
Technics SL-1210M5G, lanzado en noviembre del año 2002. Foto cortesía de Silvio Martín Luján Pomar

Sí era el objetivo de la presente publicación explicar la historia y contexto exacto, en el cual la firma nipona llega a convertirse en un standard para todos los DJ`s del mundo.

En el año 2010 Technics deja de fabricar el «mil doscientos», pero debido a las continuas peticiones de aficionados y DJ`s de todo el mundo en 2016 retoma la fabricación de platos giradiscos.

Quisiera agradecer a Silvio Martín Luján Pomar, gerente de Hifiman su inestimable y experta colaboración en este reportaje, Silvio ha tenido a lo largo de su carrera profesional prácticamente todos los modelos que han existido de Technics, no solo platos si no también amplificadores, bafles…etc.

Un vistazo a la actual gama Technics

En la actualidad Technics continúa con su larga tradición ofreciendo unos giradiscos que colmarán las aspiraciones de cualquier buen aficionado al audio, así como a aquellos que busquen la mejor herramienta de trabajo DJ.

Para escuchar…

Para DJ´s…

Calidad superior…

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