Hablar de Sansui es hablar de una de las marcas que contribuyeron a convertir la alta fidelidad japonesa en una referencia mundial, pero también de una empresa cuya historia refleja como pocas la transformación de la industria electrónica durante la segunda mitad del siglo XX. Desde sus orígenes como fabricante de transformadores, Sansui desarrolló una filosofía basada en la calidad de la construcción, la investigación y la búsqueda de una reproducción sonora cada vez más fiel, principios que alcanzarían su máxima expresión durante la edad de oro del audio japonés. Sus amplificadores, receptores y componentes llegaron a convertirse en objetos de culto entre los aficionados, gracias a una combinación de ingeniería, prestaciones y una construcción que todavía hoy despierta admiración. Sin embargo, la evolución del mercado, las decisiones empresariales, la diversificación y los profundos cambios de la industria terminarían llevando a la compañía por un camino muy diferente. Esta es la historia de Sansui: desde aquellos primeros transformadores hasta los grandes amplificadores que hicieron legendario su nombre y, finalmente, hasta la desaparición de la empresa que los creó.

Parte 1: La historia de Sansui: del transformador al mito
Antes que nada queremos expresar nuestro agradecimiento a Silvio Pomar de Hifiman, gran conocedor de la mítica marca japonesa además de importador para la Argentina de firmas de prestigio como McIntosh o Accuphase. Sin su colaboración este reportaje no habría sido posible.
Sansui antes de ser Sansui
Cuando hoy se pronuncia el nombre de Sansui, es difícil no pensar inmediatamente en grandes amplificadores japoneses, enormes transformadores, paneles de aluminio y aquellas características letras doradas que durante los años sesenta y setenta se convirtieron en sinónimo de alta fidelidad. Sin embargo, la historia de Sansui comenzó mucho antes de que la compañía fabricara su primer amplificador. Su origen está en un pequeño taller de Tokio dedicado a una pieza que, aunque pueda parecer mucho menos atractiva que un amplificador, terminaría siendo fundamental para comprender la filosofía técnica de la marca: el transformador.
En diciembre de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, Kōsaku Kikuchi puso en marcha en Yoyogi-Uehara, Tokio, un pequeño negocio dedicado a la fabricación de transformadores y componentes eléctricos. Kikuchi había trabajado anteriormente como empleado de un distribuidor de componentes para radio y había comprobado de primera mano la irregular calidad de algunos de los materiales disponibles en aquella época. Su respuesta fue crear su propia empresa y fabricar aquello que consideraba que no estaba encontrando en el mercado con el nivel de calidad que buscaba.
Aquella decisión quedó resumida en una filosofía empresarial que acompañaría a Sansui durante buena parte de su historia: hacer productos de mayor calidad aunque eso significara que tuvieran un precio más elevado. No era todavía una declaración relacionada con la alta fidelidad, porque Sansui ni siquiera había llegado a ella, pero sí establecía una forma de entender la fabricación que más tarde resultaría esencial para explicar por qué sus amplificadores adquirieron semejante reputación. Una historia publicada por la propia compañía en los años ochenta recordaba además que el nombre Sansui —山水, «montaña y agua»— fue elegido por Kikuchi asociando la montaña con la fortaleza y el agua con la belleza, la claridad y el movimiento.
En junio de 1947, aquella pequeña empresa se transformó oficialmente en Sansui Electric Co., Ltd. El cambio no fue únicamente administrativo. La compañía comenzaba a sentar las bases para pasar de ser un fabricante de componentes destinados a otros equipos electrónicos a desarrollar productos propios. En sus primeros años continuó trabajando fundamentalmente alrededor de los transformadores y otros componentes eléctricos, suministrando material a fabricantes de mayor tamaño. Una investigación reciente basada en documentación empresarial japonesa señala, por ejemplo, que entre sus clientes llegaron a encontrarse compañías como Sony, NEC, JVC, Matsushita y Toshiba.
Y aquí aparece uno de los elementos que más nos interesa para comprender todo lo que vendrá después. Sansui aprendió primero a fabricar la pieza que proporcionaba energía a un equipo de audio antes de intentar fabricar el equipo de audio completo. Durante aquellos primeros años desarrolló una experiencia considerable en transformadores, incluyendo transformadores de salida para equipos de radio y posteriormente transformadores destinados a otras aplicaciones electrónicas. Esa especialización terminaría proporcionando a la compañía un conocimiento que tendría una enorme importancia cuando decidió entrar en el mundo de la amplificación.
La transformación comenzó a producirse a mediados de los años cincuenta. En 1954 Sansui empezó a fabricar amplificadores y kits de amplificación basados en válvulas, incluyendo sus primeros modelos HPR-100 y HF2A3S. Dos años después, la tecnología de amplificación de Sansui ya se incorporaba a un receptor, y en 1958 la compañía presentó sus primeros conjuntos estéreo de preamplificación y amplificación a válvulas.

La era de las válvulas
A mediados de los años cincuenta, Sansui comenzó a dar el paso que acabaría transformando por completo la identidad de la compañía. Después de una década dedicada principalmente a los transformadores y otros componentes eléctricos, en 1954 comenzó a fabricar amplificadores a válvulas, tanto en forma de kits de preamplificación y amplificación de potencia como en equipos terminados. Entre los primeros modelos que la propia Sansui recuerda en su documentación histórica se encuentran el HPR-100 y el HF2A3S, presentados aquel mismo año.
La elección tenía mucho sentido. La experiencia acumulada durante años en la fabricación de transformadores había proporcionado a Sansui un conocimiento especialmente valioso para la construcción de amplificadores a válvulas, en los que los transformadores de alimentación y, sobre todo, los transformadores de salida desempeñaban un papel fundamental. La propia compañía resumiría años después aquella filosofía diciendo que, mediante la mejora de la calidad de sus transformadores y de sus tecnologías, buscaba conseguir una reproducción del sonido más natural y musical. La alta fidelidad no iba a ser para Sansui simplemente una nueva línea de productos: era la aplicación de conocimientos que la empresa ya dominaba.
La evolución fue rápida. En 1956, Sansui ya había incorporado su tecnología de amplificación a válvulas a receptores de radio, y dos años más tarde llegó uno de los primeros grandes hitos de su historia: la presentación de su primera generación de electrónica estéreo a válvulas. El SP-220 se convirtió en su primer preamplificador estéreo y el Q-3535 en uno de sus primeros amplificadores de potencia estéreo. La documentación histórica de la marca sitúa precisamente en 1958 la introducción de sus primeros preamplificadores y amplificadores de potencia estéreo a válvulas.
Aquello ocurría en un momento en el que el estéreo doméstico todavía estaba dando sus primeros pasos. Por eso estos equipos tienen una importancia que va mucho más allá de ser simplemente los primeros Sansui con dos canales. La compañía estaba entrando en un mercado que todavía estaba definiendo sus estándares, y lo hacía con una experiencia particular: sabía fabricar los componentes que estaban en el corazón de un amplificador y comenzaba a desarrollar también la electrónica que los rodeaba.
La apuesta por la alta fidelidad empezó además a adquirir una dimensión internacional. A finales de los años cincuenta Sansui comenzó sus primeras exportaciones y la compañía tenía una ambición considerable para una empresa japonesa que apenas llevaba unos años fabricando equipos de audio: Kōsaku Kikuchi quería que sus productos de alta fidelidad pudieran competir con las grandes referencias estadounidenses de la época, entre ellas Fisher y H. H. Scott.
En 1959 Sansui amplió todavía más su catálogo con nuevos componentes estéreo, entre ellos el preamplificador SM-88 y el receptor SM-20, mientras la empresa experimentaba ya un crecimiento extraordinario. La compañía que había comenzado quince años antes en un pequeño taller de Tokio se estaba convirtiendo rápidamente en un fabricante de electrónica de consumo con ambiciones internacionales.
Y aquí empieza a aparecer una característica que acompañará a Sansui durante toda su trayectoria: la búsqueda de la calidad no se limitaba a un determinado tipo de tecnología. Las válvulas eran el camino disponible en aquellos años, pero Sansui no tardaría en enfrentarse a una revolución que cambiaría para siempre la electrónica: el transistor.
La compañía entraría en los años sesenta con una reputación creciente y con una decisión que acabaría marcando el siguiente gran capítulo de su historia. La Sansui de las válvulas estaba a punto de dejar paso a la Sansui del estado sólido.

El salto a los transistores
A comienzos de los años sesenta, la industria del audio estaba entrando en una nueva etapa. Las válvulas seguían ofreciendo excelentes resultados y Sansui continuaba perfeccionando su tecnología, pero los transistores prometían equipos más compactos, menor consumo, mayor fiabilidad y nuevas posibilidades de diseño. Para una empresa que llevaba dos décadas trabajando con transformadores y amplificación, aquello no significaba abandonar su experiencia anterior, sino trasladarla a una tecnología completamente diferente.
Sansui comenzó a experimentar con los semiconductores mientras todavía desarrollaba algunos de sus amplificadores a válvulas más importantes. Un buen ejemplo es precisamente el AU-111, presentado en 1965: aunque seguía siendo un amplificador a válvulas, su circuito de entrada de fono ya utilizaba semiconductores para mejorar la relación señal/ruido. Ese mismo año, la compañía presentó el TR-707A, un receptor estéreo transistorizado destinado al mercado de exportación.
El paso definitivo llegó poco después. En 1967 Sansui presentó el AU-777, su primer amplificador integrado basado en transistores de silicio, un modelo que tendría una importancia especial en la evolución posterior de la marca. Ese mismo periodo también vio aparecer otros componentes de estado sólido, mientras la compañía iba dejando atrás progresivamente las válvulas como tecnología principal de sus amplificadores.
El cambio no consistía simplemente en sustituir una válvula por un transistor. La nueva tecnología permitía replantear por completo la arquitectura de los equipos. Los amplificadores podían hacerse más compactos y eficientes, pero también podían diseñarse con mayores márgenes de potencia y con circuitos de realimentación y corrección mucho más sofisticados. Para Sansui, además, suponía una oportunidad para aplicar a la electrónica de estado sólido algo que ya formaba parte de su identidad: el control de la alimentación y de los transformadores.
La transición tampoco fue inmediata. Durante unos años convivieron en el catálogo equipos de válvulas y de transistores, mientras la compañía acumulaba experiencia con estos últimos. El resultado fue una generación de amplificadores que ya no tenía como referencia la tradición de los grandes equipos a válvulas, sino una nueva filosofía de diseño que acabaría llevando a Sansui hacia una posición destacada dentro de la alta fidelidad japonesa.
El AU-777 ocupa un lugar especial en ese recorrido. Su aparición en 1967 marcó el comienzo de una etapa en la que Sansui empezó a desarrollar una sucesión de amplificadores de estado sólido cada vez más ambiciosos. A partir de aquí, la compañía ya no tendría que demostrar que los transistores podían sustituir a las válvulas: tendría que demostrar hasta dónde podían llegar.
Y esa búsqueda sería precisamente la que conduciría a Sansui hacia su época de mayor esplendor.



El AU-777 y la nueva Sansui
El paso de las válvulas a los transistores no fue para Sansui un simple cambio de componentes. La compañía llevaba años acumulando experiencia en amplificación, transformadores y fuentes de alimentación, y cuando la tecnología de estado sólido comenzó a imponerse decidió trasladar buena parte de esa filosofía a una arquitectura completamente nueva. El resultado fue el AU-777, presentado en mayo de 1967 y convertido en uno de los modelos fundamentales de la historia de Sansui.
El AU-777 fue el primer amplificador integrado de Sansui construido íntegramente con transistores de silicio. La elección no era casual: los nuevos dispositivos ofrecían mejores posibilidades en cuanto a respuesta en frecuencia y linealidad, al tiempo que permitían abandonar definitivamente las válvulas como elemento activo de la amplificación. El circuito utilizaba una etapa de salida con inversión de fase y una arquitectura de realimentación negativa aplicada a las diferentes etapas de amplificación, buscando mejorar la respuesta en frecuencia, la distorsión y la relación señal/ruido. Sansui también incorporó su propio sistema electrónico de protección para evitar daños en los transistores de potencia en caso de cortocircuito en las salidas.
Pero quizá lo más interesante del AU-777 no está solamente en sus especificaciones. Su diseño nació con una filosofía heredada de la generación anterior. La propia documentación del modelo señala que fue concebido con una intención de diseño similar a la del AU-111, algo que ayuda a entender que Sansui no pretendía empezar de cero, sino llevar al mundo del transistor los conocimientos adquiridos durante su etapa de válvulas.
Aquella transición se produjo además en un momento de enorme transformación para la industria. Los fabricantes japoneses estaban desarrollando rápidamente sus propias tecnologías de estado sólido y los equipos de audio comenzaban a hacerse más pequeños, fiables y accesibles. Sansui comprendió que el futuro de la alta fidelidad pasaba por los transistores y, a partir del AU-777, comenzó una sucesión de amplificadores que en pocos años cambiaría por completo la imagen de la marca.
El AU-777 fue también el comienzo de una nueva familia. Tras él llegaron modelos como los AU-222, AU-555, AU-777A, AU-666 y AU-999, mientras Sansui ampliaba progresivamente su catálogo y aumentaba las prestaciones y la potencia de sus amplificadores de estado sólido. La evolución fue especialmente rápida: entre 1967 y los primeros años de la década siguiente, la compañía pasó de aquel primer integrado de 25 vatios por canal a diseños de mucha mayor potencia y complejidad.
La importancia del AU-777, por tanto, no reside únicamente en haber sido un modelo pionero. Representa el momento en que Sansui dejó atrás definitivamente la etapa de las válvulas y comenzó a desarrollar una identidad propia alrededor del transistor. Y lo hizo conservando una idea que había acompañado a la empresa desde sus orígenes: que la tecnología solo tenía sentido cuando servía para construir mejores equipos.
A partir de aquí, la historia de Sansui se acelera. Los años setenta traerán una sucesión de amplificadores cada vez más ambiciosos, nuevas soluciones de circuito y una expansión internacional que convertiría a la marca en uno de los grandes nombres mundiales de la alta fidelidad.
La gran ofensiva de 1975-1977
A mediados de los años setenta, Sansui ya no era simplemente uno de los muchos fabricantes japoneses que competían por hacerse un hueco en el mercado internacional. La compañía había alcanzado una posición de prestigio y estaba en condiciones de presentar una gama de componentes que hoy resulta difícil de contemplar sin cierta admiración. Entre 1975 y 1977 aparecieron algunos de los equipos más ambiciosos de toda su historia, desde integrados de enorme potencia hasta combinaciones de previo y etapa concebidas para competir en la parte más alta del mercado.
Uno de los protagonistas fue el AU-20000, presentado dentro de la llamada Definition Series. Era un amplificador integrado de 170 vatios por canal sobre 8 ohmios con ambos canales funcionando, una cifra extraordinaria para un aparato integrado de aquella época. Su respuesta en frecuencia se extendía de 10 Hz a 50 kHz y la distorsión armónica total declarada era inferior al 0,05 %. Pero las cifras de potencia no cuentan por sí solas la historia: el AU-20000 incorporaba dos circuitos de ecualización de fono, sensibilidad e impedancia seleccionables para las entradas de giradiscos, tres conexiones para grabadores con diferentes posibilidades de monitorización y copia, tres controles de tono y tres sistemas independientes de protección.
Su aspecto también dejaba claro que Sansui estaba jugando en otra liga. El enorme chasis, los medidores de nivel y los acabados en negro y granate característicos de la Definition Series transmitían una imagen de componente de referencia. Y había una razón para que aquella gama resultara tan imponente: Sansui no estaba intentando construir simplemente un amplificador potente, sino ofrecer en un único aparato muchas de las prestaciones que normalmente se asociaban a un sistema formado por previo y etapa independientes.
Pero la compañía podía ir todavía más lejos. Para quienes preferían separar completamente ambas funciones, Sansui disponía de las CA-2000 y CA-3000 como previos y de las BA-2000, BA-3000 y BA-5000 como etapas de potencia. La BA-5000 era el auténtico gigante de la familia: 300 vatios por canal sobre 8 ohmios, capacidad para trabajar con cargas de 2, 4 u 8 ohmios y posibilidad de funcionar en configuración mono para alcanzar 600 vatios. Su construcción alcanzaba aproximadamente los 49 kilogramos y contaba incluso con ventilación forzada y varios sistemas de protección para controlar temperatura, sobrecarga y condiciones de funcionamiento de los transistores de potencia.
No era una potencia puramente simbólica. La BA-5000 estaba diseñada para entregar esos 300 vatios de forma continua y estable, y su fuente de alimentación y sus circuitos de protección estaban concebidos para soportar las enormes exigencias que implicaba trabajar a esos niveles. Incluso incorporaba dos grandes medidores capaces de mostrar la potencia de salida y un esquema del propio aparato impreso en la cubierta, un detalle que resume bastante bien la mentalidad de aquella época: la ingeniería no tenía que esconderse, también podía formar parte del espectáculo visual del equipo.
La gama de aquellos años resulta todavía más interesante cuando se observa en conjunto. Sansui no disponía de un único modelo de referencia, sino de una auténtica escalera de productos. El catálogo de 1976-77 incluía desde los AU-2900 y AU-3900 hasta los AU-9900, AU-11000 y AU-20000, junto a las etapas BA-2000 y BA-3000 y el extraordinario BA-5000. Al mismo tiempo, la compañía mantenía otras gamas destinadas a cubrir diferentes segmentos del mercado.
Dentro de esa oferta había además una distinción que merece la pena conservar porque ayuda a comprender la estrategia de Sansui. La Definition Series, identificada por sus característicos acabados granate, reunía los componentes más exclusivos como el AU-20000, CA-3000 y BA-3000/BA-5000. Junto a ella estaba la Professional Series, con modelos como los AU-9900 y AU-11000 y las combinaciones CA-2000/BA-2000. No se trataba, por tanto, de una única línea de productos, sino de diferentes aproximaciones a la alta fidelidad de máximo nivel.
Esta etapa resulta especialmente importante porque desmonta una idea que a veces aparece cuando se habla retrospectivamente de Sansui: que la marca alcanzó su cima únicamente con los AU-717 y AU-919 de finales de la década. Aquellos modelos serían fundamentales y probablemente acabarían siendo todavía más famosos entre los aficionados, pero antes de que llegaran Sansui ya había demostrado hasta dónde podía llegar con máquinas como el AU-20000 y el BA-5000.
De hecho, la gama de 1975-1977 representa quizá la expresión más evidente de la Sansui que había crecido durante las tres décadas anteriores. La empresa que había comenzado fabricando transformadores podía ahora construir amplificadores integrados de 170 vatios por canal y etapas capaces de entregar 300 vatios por canal; la experiencia adquirida con las válvulas había dado paso a sofisticadas arquitecturas de estado sólido, y la investigación electrónica comenzaba a convertirse en una parte cada vez más visible de la identidad de la marca.
Y aquí aparece una paradoja fascinante. Mientras Sansui estaba fabricando algunos de los componentes más espectaculares de su historia, también estaba entrando en una nueva fase tecnológica. La siguiente generación ya no iba a estar definida solamente por la potencia o por el tamaño de los transformadores, sino por una obsesión creciente con la velocidad de respuesta, la distorsión transitoria y la arquitectura interna de los circuitos.
De esa evolución nacerían el AU-517 y, sobre todo, el AU-717. Y poco después, el AU-919 llevaría aquella filosofía hasta uno de los puntos culminantes de la ingeniería de Sansui.

Sansui obsesionada con la arquitectura electrónica y la velocidad
Los grandes Sansui de la segunda mitad de los años setenta podían impresionar por sus enormes transformadores, sus cifras de potencia y el peso de sus chasis, pero detrás de aquella espectacularidad había una preocupación mucho más profunda. Los ingenieros de la compañía estaban cada vez más interesados en algo que no podía apreciarse a simple vista: la velocidad con la que un amplificador era capaz de responder a una señal eléctrica y la forma en que su arquitectura interna condicionaba esa respuesta.
La potencia continuaba siendo importante, pero ya no constituía por sí sola el objetivo. La investigación de Sansui se dirigía hacia amplificadores con una respuesta extremadamente amplia, menor distorsión y capacidad para reaccionar con rapidez ante cambios muy bruscos de la señal. En aquellos años adquirieron especial importancia conceptos como la distorsión por intermodulación transitoria (TIM) y la necesidad de evitar que la propia arquitectura del amplificador introdujera errores difíciles de detectar mediante las mediciones convencionales.
La compañía había comenzado a atacar estos problemas mediante diseños cada vez más sofisticados. El DC circuitry del AU-717 eliminaba determinados condensadores de acoplamiento de la ruta de señal y permitía construir un amplificador con una respuesta que se extendía desde corriente continua hasta frecuencias muy elevadas. El siguiente paso fue el Diamond Differential DC empleado en el AU-919, una arquitectura simétrica concebida para aumentar todavía más la velocidad y reducir la distorsión transitoria.
Pero Sansui no parecía dispuesta a considerar ninguna de aquellas soluciones como definitiva. La compañía había convertido la arquitectura electrónica en uno de sus principales campos de investigación y cada nueva generación de amplificadores debía aportar algo más que una simple reducción de la cifra de distorsión o un aumento de la potencia disponible.
Esta búsqueda explica también una característica que hoy resulta especialmente interesante al consultar los catálogos originales de la marca. Sansui acostumbraba a destacar en el propio frontal de sus equipos las tecnologías que consideraba más importantes. Las denominaciones no eran simples nombres de modelos: DC, Diamond Differential, Ultra High Speed y, poco después, Super Feedforward, se convirtieron en una especie de declaración de intenciones tecnológica.
En torno a 1980, esa obsesión por la velocidad alcanzó una nueva expresión con el AU-X1. El amplificador no incorporaba todavía el Super Feedforward que aparecería en la siguiente generación, pero Sansui ya destacaba en él su concepto de Ultra High Speed. El nombre resumía perfectamente hacia dónde estaba llevando la compañía su investigación: conseguir que el circuito pudiera responder a las variaciones de la señal con una rapidez extraordinariamente elevada.
El AU-X1 es especialmente interesante porque aparece precisamente en un momento de transición. Por un lado, conserva buena parte de la filosofía que había hecho grandes a los Sansui de los años setenta: una construcción extraordinariamente elaborada, una fuente de alimentación de gran capacidad y una arquitectura pensada para ofrecer una elevada estabilidad y capacidad de entrega de corriente. Por otro, anticipa la nueva etapa en la que la complejidad del circuito y la velocidad de respuesta iban a adquirir todavía más protagonismo.
No se trataba, por tanto, de abandonar la filosofía anterior, sino de llevarla un paso más lejos. La experiencia acumulada con el DC circuitry y el Diamond Differential había enseñado a Sansui que la calidad de un amplificador no dependía únicamente de cuánta potencia podía entregar, sino también de cómo reaccionaba internamente ante la señal que estaba amplificando.
Y precisamente en ese punto termina una etapa y comienza otra. A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, Sansui ya estaba investigando nuevas formas de corregir los errores del circuito y de reducir las limitaciones asociadas a la realimentación convencional.

El Super Feedforward: cuando Sansui quiso eliminar el error
A finales de los años setenta, Sansui había llevado muy lejos su búsqueda de amplificadores rápidos, estables y con una distorsión cada vez menor. El DC circuitry del AU-717 y el Diamond Differential DC del AU-919 habían representado pasos importantes en esa dirección, pero los ingenieros de la compañía seguían enfrentándose a un problema fundamental: incluso un amplificador cuidadosamente diseñado podía introducir errores durante la propia amplificación de la señal.
La realimentación negativa, o Negative Feedback (NFB), era una de las herramientas fundamentales para reducir esos errores. Consiste, simplificando mucho, en comparar la señal de salida con la señal de entrada y utilizar la diferencia para corregir el funcionamiento del amplificador. El sistema había demostrado ser extraordinariamente eficaz, pero también tenía limitaciones. Cuando el amplificador debía responder a cambios muy rápidos de la señal, la propia velocidad de reacción del circuito podía convertirse en un factor determinante.
Sansui decidió abordar el problema desde otro ángulo. En lugar de confiar únicamente en la realimentación negativa para corregir los errores después de que aparecieran, la compañía desarrolló una arquitectura que añadía una segunda vía de corrección: el feedforward, o alimentación hacia delante. La idea consistía en detectar el error generado por la etapa de amplificación y utilizar esa información para compensarlo antes de que llegara a convertirse en una distorsión apreciable en la salida.
El concepto de feedforward no era nuevo. Sus fundamentos teóricos se remontaban varias décadas atrás, pero llevarlo a la práctica en un amplificador de audio de altas prestaciones planteaba dificultades considerables. Sansui consiguió combinarlo con la realimentación negativa convencional y convertir aquella combinación en un sistema propio que denominó Super Feedforward.
La compañía presentó oficialmente esta tecnología en 1980, primero durante la convención de la Audio Engineering Society (AES) celebrada en Londres en febrero y posteriormente en la edición de la AES celebrada en Los Ángeles en mayo. Allí los ingenieros de Sansui explicaron los fundamentos de la nueva arquitectura ante profesionales de la industria, en un momento en el que el debate sobre la distorsión transitoria, la realimentación y las limitaciones de los amplificadores de estado sólido estaba especialmente vivo.
La propuesta era ambiciosa. Sansui sostenía que el Super Feedforward permitía actuar sobre diferentes tipos de distorsión que quedaban después de aplicar una cantidad óptima de realimentación negativa. En su documentación técnica y en la publicidad de la época, la compañía llegó a afirmar que el sistema podía reducir prácticamente a cero los diferentes tipos de distorsión producidos por el amplificador.
Naturalmente, una afirmación semejante requería algo más que una declaración comercial. Y precisamente por eso resulta interesante acudir a las publicaciones especializadas de aquellos años. Revistas como Audio y Hi-Fi Stereo Review dedicaron artículos al sistema cuando todavía era una tecnología completamente nueva y analizaron la arquitectura y los resultados obtenidos por los primeros amplificadores que la incorporaron.
Los primeros Sansui de esta nueva generación que hicieron del Super Feedforward una de sus principales señas tecnológicas fueron el AU-D9 y el AU-D11, aparecidos entre finales de 1980 y 1981 según el mercado y la documentación consultada. Ambos combinaban el nuevo sistema con la arquitectura de amplificación que Sansui había desarrollado durante la generación anterior. No se trataba, por tanto, de sustituir una tecnología por otra, sino de añadir una nueva forma de corrección al trabajo que ya realizaban los circuitos de realimentación negativa.
El resultado era conceptualmente muy diferente de la carrera por aumentar simplemente la potencia. Sansui estaba intentando que el amplificador cometiera el menor número posible de errores durante el proceso de amplificación y, sobre todo, que esos errores fueran corregidos de forma rápida. La atención se desplazaba desde la potencia disponible hacia el comportamiento dinámico del circuito.
Los resultados publicados en aquella época ayudan a entender por qué el Super Feedforward despertó tanta expectación. El AU-D11, por ejemplo, presentaba cifras de distorsión extraordinariamente bajas y una arquitectura que los especialistas consideraron técnicamente muy avanzada. La tecnología no convirtió mágicamente al amplificador en un dispositivo perfecto, pero sí representó uno de los intentos más sofisticados de la industria por atacar las limitaciones de la amplificación mediante una combinación de realimentación y corrección feedforward.
Y hay un detalle especialmente revelador cuando se consultan los catálogos de Sansui siguiendo la evolución de los modelos. La compañía no escondía sus avances tecnológicos: los convertía en parte visible de la identidad del producto. Después de haber destacado expresiones como DC, Diamond Differential o Ultra High Speed, el nombre Super Feedforward pasó a ocupar un lugar destacado en los nuevos amplificadores.
Era una forma muy característica de entender la ingeniería: no bastaba con fabricar un amplificador potente y bien construido. Cada generación debía incorporar una solución técnica que explicara por qué era diferente de la anterior.
El Super Feedforward fue precisamente eso: una declaración de intenciones. Sansui quería demostrar que todavía era posible avanzar en la ingeniería de amplificación cuando parecía que la tecnología de estado sólido ya había alcanzado niveles de distorsión extraordinariamente bajos.
Y, durante unos años, la compañía siguió explorando hasta dónde podía llevar aquella idea.

El AU-D11: Super Feedforward llevado a la práctica
Si el Super Feedforward representaba una nueva forma de enfrentarse a la distorsión, el AU-D11 fue uno de los primeros amplificadores en los que aquella filosofía adquirió una forma tangible. Presentado para la generación de 1981, se situó en la parte más alta de la nueva familia de amplificadores Sansui y convirtió aquella tecnología en uno de los elementos fundamentales de su arquitectura.
A primera vista, el AU-D11 no parecía necesitar demasiadas explicaciones para impresionar. Era un amplificador integrado de 120 vatios por canal, construido alrededor de una fuente de alimentación y una etapa de potencia capaces de manejar cargas exigentes. Pero lo verdaderamente interesante no estaba en la cifra de potencia ni en su aspecto exterior. Estaba en el circuito que Sansui había desarrollado detrás de los paneles.
Para entenderlo hay que volver por un momento a la realimentación negativa. En un amplificador convencional, una parte de la señal de salida se devuelve hacia la entrada para compararla con la señal original. El error que se detecta se utiliza para corregir el funcionamiento del circuito. Esta técnica permite reducir considerablemente la distorsión y mejorar diferentes parámetros del amplificador, pero la corrección sigue dependiendo del recorrido que realiza la señal a través del circuito de realimentación.
El Super Feedforward añadía una segunda vía de corrección. En el diseño del AU-D11, Sansui utilizaba simultáneamente la realimentación negativa y una ruta feedforward, de manera que el error que quedaba después de la primera corrección pudiera ser tratado por un circuito independiente.
El funcionamiento puede entenderse de una manera relativamente sencilla. La etapa principal de potencia genera inevitablemente cierta cantidad de error al amplificar la señal. Una parte de ese error se recoge mediante el circuito de realimentación negativa y se devuelve a la entrada con la fase adecuada para reducirlo. Hasta aquí estamos ante el principio convencional de la NFB.
La diferencia aparece con el segundo camino. El Super Feedforward toma la componente de error que queda en la señal, la utiliza como señal de corrección y la lleva a un amplificador de error independiente. Esta etapa genera una señal de polaridad opuesta que se combina con la salida del amplificador principal. El objetivo es que ambas componentes se cancelen entre sí antes de que el error llegue al altavoz.
Dicho de otra forma, Sansui no intentaba que un único mecanismo corrigiera todos los errores. Utilizaba dos caminos complementarios: la realimentación negativa actuaba sobre una parte importante de la distorsión y el feedforward se ocupaba de aquello que todavía quedaba después de esa primera corrección.
La propia documentación técnica de Sansui describía precisamente esta combinación como una arquitectura híbrida entre negative feedback y feedforward. El esquema resulta especialmente interesante porque permite ver que el circuito de corrección no sigue exactamente el mismo recorrido que la señal principal: el amplificador de error evita la etapa de potencia principal y lleva su señal directamente hacia la salida para compensar lo que aquella etapa no había conseguido reproducir correctamente.
Esto tenía una consecuencia importante. El Super Feedforward no estaba concebido simplemente para conseguir una cifra de distorsión extraordinariamente baja en una medición estática. Su planteamiento pretendía reducir también los errores que podían aparecer cuando el amplificador se enfrentaba a señales complejas y rápidamente cambiantes, precisamente uno de los problemas que habían llevado a Sansui a investigar durante años la velocidad de respuesta de sus circuitos.
La importancia que la compañía concedía a esta arquitectura queda demostrada por otro detalle poco habitual. En febrero de 1981, dos ingenieros del departamento de investigación y desarrollo de Sansui publicaron en el Journal of the Audio Engineering Society un artículo dedicado específicamente al diseño y construcción de un amplificador con corrección feedforward. El trabajo no era una explicación comercial del producto: presentaba la base técnica del sistema y estudiaba la relación entre el circuito de realimentación y la nueva técnica de feedforward.
El AU-D11 permitía además comprobar hasta qué punto la obsesión de Sansui por la velocidad había condicionado toda esta evolución. La compañía no había llegado al Super Feedforward desde cero. Antes estaban el DC circuitry, el Diamond Differential DC y el concepto Ultra High Speed que habíamos visto en el AU-X1. Cada generación había intentado reducir una parte de los errores del proceso de amplificación, y el nuevo sistema representaba otro paso en esa misma búsqueda.
Las publicaciones especializadas de la época recibieron el AU-D11 con enorme interés. Las mediciones mostraban cifras de distorsión extraordinariamente bajas y, en las pruebas más exigentes, el propio equipo de medida comenzaba a convertirse en una parte relevante de la ecuación. Una revisión publicada en 1981 llegó a considerar el AU-D11 un amplificador de referencia para la época, hasta el punto de señalar que sus prestaciones podían estar cerca de los límites de los instrumentos disponibles para medirlas.
Pero quizá lo más interesante del AU-D11 no sea determinar si aquellas afirmaciones publicitarias de Sansui —que hablaban de eliminar prácticamente todo tipo de distorsión— deben tomarse literalmente. Lo verdaderamente significativo es que una gran compañía japonesa estaba intentando resolver un problema que consideraba todavía abierto mediante una arquitectura completamente diferente de la habitual.
Y ahí es donde el AU-D11 adquiere su verdadero significado dentro de la historia de Sansui. No fue simplemente otro amplificador potente de comienzos de los años ochenta. Fue la materialización de una investigación que había llevado a la compañía desde la realimentación convencional hasta el Diamond Differential, desde allí hasta la búsqueda de una velocidad extrema y finalmente hacia una segunda vía de corrección capaz de atacar los errores que quedaban después de la primera.
Sansui había conseguido algo que pocas marcas podían mostrar con tanta claridad: una sucesión de tecnologías propias que se podían seguir físicamente de una generación de amplificadores a la siguiente.
Y el AU-D11 fue uno de los puntos culminantes de esa carrera tecnológica.

Qué hacía diferente al Super Feedforward
La diferencia fundamental del Super Feedforward puede entenderse comparándolo con la realimentación negativa convencional. En un amplificador con NFB, una parte de la señal de salida se devuelve al circuito para detectar las diferencias respecto a la señal original y corregirlas. Es un sistema extraordinariamente eficaz, pero la corrección depende de la propia arquitectura y de la velocidad de respuesta del amplificador.
Sansui añadió una segunda vía destinada específicamente a actuar sobre el error que quedaba después de esa primera corrección. El circuito de feedforward detectaba esa componente no deseada, generaba una señal de corrección de polaridad opuesta y la combinaba con la salida del amplificador principal.
Dicho de una forma muy sencilla: la señal entra, el amplificador la reproduce, aparece un pequeño error, el circuito lo detecta, genera una corrección y trata de cancelarlo antes de que llegue al altavoz.
La idea puede parecer sencilla explicada de esta manera, pero llevarla a la práctica exigía una extraordinaria precisión en el diseño del circuito. Y precisamente ahí estaba una de las grandes aportaciones de Sansui: convertir un principio teórico conocido desde hacía décadas en una arquitectura que pudiera funcionar dentro de un amplificador de audio de altas prestaciones.
El Super Feedforward no era, por tanto, simplemente otra denominación comercial para una cifra de distorsión más baja. Era una forma diferente de abordar el problema del error en un amplificador.
Super Compo: llevar la filosofía Sansui a un público más amplio
Mientras Sansui desarrollaba algunos de los amplificadores más sofisticados de su historia, la compañía también estaba pensando en otro problema: cómo conseguir que una parte mucho más amplia del público pudiera acceder a un sistema de alta fidelidad de la marca.
En 1979 apareció la Super Compo, una nueva propuesta que Sansui definía como un enfoque de sistema para la alta fidelidad. No se trataba simplemente de reunir varios componentes de precio más contenido bajo una misma denominación. La compañía diseñaba los distintos aparatos pensando en su funcionamiento conjunto y hablaba de un concepto de in-depth matching: una adaptación entre componentes que debía tener en cuenta sus características técnicas, sus funciones y su comportamiento como conjunto.
La idea tenía bastante sentido desde el punto de vista del usuario. Montar un equipo de alta fidelidad podía resultar complicado para alguien que no conociera las diferencias entre amplificadores, sintonizadores, giradiscos o pletinas de cassette. Super Compo permitía comprar un sistema completo en el que los diferentes elementos ya estaban concebidos para trabajar juntos, incluso con muebles específicos de estilo rack que integraban los componentes en un conjunto visualmente uniforme. En la publicidad estadounidense de 1981, Sansui llegó a presentar seis sistemas Super Compo diferentes, con mando a distancia opcional.
Pero hay algo especialmente interesante en la manera en que Sansui planteó esta gama. La compañía no quería presentarla como una simple colección de equipos económicos. En su publicidad de 1981 insistía en que los sistemas habían sido concebidos desde el principio como conjuntos y destacaba la incorporación de tecnologías que, hasta entonces, podían parecer propias de categorías superiores: sintonizadores digitales con sintetizador PLL y memorias de emisoras, giradiscos con selección automática de pistas, pletinas con control lógico y amplificadores con servocontrol DC y medidores de potencia mediante LED.
Los catálogos de la época muestran hasta qué punto aquella estrategia podía abarcar productos diferentes. La gama incluía amplificadores, receptores, sintonizadores, giradiscos, pletinas de cassette y muebles especialmente diseñados para integrarlos. Algunos de estos componentes utilizaban soluciones técnicas bastante serias para su categoría, mientras que otros estaban claramente orientados a contener el coste y facilitar la creación de un equipo completo.
Ahí está precisamente la clave para entender qué fue realmente Super Compo. No era la Sansui de los AU-919, AU-X1 o BA-5000 trasladada sin cambios a una gama económica, pero tampoco era simplemente una colección de aparatos baratos con el logotipo de la compañía. Era una estrategia diferente: utilizar la experiencia acumulada por Sansui para construir sistemas más accesibles, fáciles de elegir y atractivos para un público mucho mayor.
La propia compañía situaba a Super Compo dentro de su evolución tecnológica. En una cronología publicada a comienzos de los años ochenta, Sansui señalaba 1978 como el año de sus amplificadores DC y del circuito DD/DC, 1979 como el de la aparición de Super Compo y 1980 como el del Super Feedforward. Es significativo que la empresa colocara estos acontecimientos uno junto a otro: mientras su departamento de ingeniería seguía buscando nuevas fronteras en la amplificación, su estrategia comercial estaba intentando llevar la alta fidelidad de Sansui a nuevos usuarios.
Y la gama tuvo continuidad. Durante los primeros años de los ochenta aparecieron nuevas generaciones y diferentes configuraciones, adaptadas a mercados y niveles de precio distintos. La serie llegó a convertirse en una parte reconocible del catálogo de Sansui, precisamente porque combinaba la idea de sistema completo con una estética cuidada y unas prestaciones que pretendían situarla por encima de los equipos compactos más sencillos.
Esto también ayuda a poner en contexto una cuestión que será importante cuando lleguemos a los años ochenta. La diversificación de Sansui no comenzó de repente cuando la compañía empezó a tener problemas. Ya a finales de los setenta estaba explorando distintas maneras de ampliar su mercado: desde los componentes de referencia hasta los sistemas Super Compo y, poco después, nuevas categorías electrónicas y de vídeo.
Por eso sería demasiado sencillo afirmar que la aparición de productos más asequibles fue el principio del declive de Sansui. La historia fue bastante más compleja. Durante un tiempo, la compañía podía fabricar simultáneamente amplificadores extraordinariamente sofisticados y sistemas destinados a un público mucho más amplio.
La verdadera pregunta será qué ocurrió después: cuándo dejó de ser una diversificación controlada y pasó a convertirse en un problema estratégico para la empresa.
Y para responderla tenemos que volver a la Sansui de los grandes componentes de los años ochenta.


La Sansui de los años ochenta: una industria que estaba cambiando
Al comenzar los años ochenta, Sansui seguía siendo una compañía de enorme prestigio. La etapa del Super Feedforward había demostrado que sus ingenieros continuaban buscando nuevas soluciones para llevar la amplificación de estado sólido un paso más allá, y la empresa mantenía un catálogo en el que convivían equipos destinados a un público amplio con componentes de auténtica referencia.
Sin embargo, el entorno en el que Sansui había crecido durante las dos décadas anteriores estaba empezando a cambiar profundamente. La competencia internacional era cada vez mayor y el mercado de la electrónica de consumo avanzaba hacia productos más variados, con ciclos de renovación cada vez más rápidos. La alta fidelidad seguía teniendo un enorme número de aficionados, pero ya no era el único terreno en el que los grandes fabricantes japoneses podían crecer.
Además, Sansui dependía en buena medida de los mercados exteriores. Y a mediados de la década apareció un problema que afectaría de forma especial a los fabricantes japoneses: la espectacular revalorización del yen.
En septiembre de 1985, Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Reino Unido alcanzaron el llamado Acuerdo del Plaza, con el objetivo de corregir los desequilibrios monetarios internacionales. El resultado fue una rápida apreciación del yen frente al dólar. Si antes del acuerdo un dólar podía cambiarse por alrededor de 240 yenes, a finales de 1988 la cotización se había situado en torno a los 120. Para una empresa que fabricaba en Japón y vendía una parte importante de su producción en otros países, aquello significaba que sus productos se encarecían considerablemente en los mercados exteriores, incluso aunque no cambiara su precio en origen.
La consecuencia fue mucho más profunda que una simple dificultad para exportar. Los fabricantes japoneses tuvieron que replantearse dónde producían, qué mercados querían ocupar y qué tipo de productos podían ofrecer con unos costes competitivos. Algunas grandes compañías disponían de recursos suficientes para trasladar parte de su producción al extranjero o diversificar rápidamente sus negocios. Para una empresa del tamaño de Sansui, el proceso era mucho más delicado.
Y, sin embargo, resulta fundamental no interpretar esta situación como el comienzo inmediato de una pérdida de calidad. La ingeniería de Sansui seguía avanzando. En 1984 la compañía desarrolló el Twin Diamond Balanced Drive Circuit, una evolución de sus anteriores arquitecturas Diamond y de la filosofía de funcionamiento balanceado.
Ese desarrollo tendría una expresión extraordinaria en algunos de los componentes que Sansui presentó durante aquellos años. El B-2301, por ejemplo, pertenecía precisamente a esa generación. Era una etapa de potencia capaz de entregar 300 vatios por canal sobre 8 ohmios, con una respuesta declarada de 1 Hz a 300 kHz y una distorsión armónica total de apenas el 0,003 %. Su construcción alcanzaba aproximadamente los 37-38 kilogramos.
El dato es importante porque ayuda a desmontar una interpretación demasiado sencilla de lo que estaba sucediendo. Mientras el entorno económico se volvía más difícil, Sansui todavía era capaz de desarrollar productos que representaban la máxima expresión de su filosofía de ingeniería. La crisis empresarial y la calidad técnica no avanzaban necesariamente al mismo ritmo.
Al mismo tiempo, la compañía llevaba años intentando ampliar su actividad más allá de los grandes componentes de audio. Super Compo era una muestra de ello, pero no era la única. La electrónica de consumo estaba entrando en una etapa en la que los televisores, los reproductores de vídeo, los equipos compactos y posteriormente el CD ofrecían nuevas oportunidades comerciales. Para Sansui, diversificar podía ser una manera lógica de reducir su dependencia de un mercado de alta fidelidad cada vez más competitivo.
El problema era que diversificarse exigía inversiones, nuevas redes comerciales y conocimientos industriales diferentes de los necesarios para fabricar amplificadores y componentes de audio. Y hacerlo precisamente cuando el yen estaba encareciendo la producción japonesa podía aumentar todavía más la presión sobre la compañía.
A mediados de los ochenta, por tanto, Sansui se encontraba en una situación paradójica. Seguía teniendo el prestigio, la experiencia técnica y la capacidad de fabricar algunos de los componentes más sofisticados de su historia, pero el modelo industrial que había permitido construir aquel prestigio estaba empezando a resultar mucho más difícil de sostener.
La propia compañía comenzó a tomar medidas para adaptarse a la nueva situación. En febrero de 1986, Ryosuke Itō fue nombrado presidente, y pocos meses después Sansui inició un programa de salidas voluntarias que afectaba a 380 empleados, aproximadamente una cuarta parte de su plantilla. No era todavía el final de Sansui, pero sí una señal inequívoca de que la empresa estaba afrontando una transformación profunda.
Y aquí aparece una cuestión especialmente interesante. ¿Se trataba simplemente de una reorganización necesaria para sobrevivir al nuevo entorno económico o estaba comenzando una transformación más profunda de la propia estrategia de Sansui?
Para responder a esa pregunta tenemos que fijarnos en quién tomó las decisiones durante esta nueva etapa, qué productos comenzó a priorizar la compañía y cómo cambió su propia imagen. Porque apenas un año después de aquella reorganización, Sansui cambiaría su logotipo por primera vez en décadas.
Y ese cambio no fue un detalle menor. Era la imagen visible de una empresa que estaba intentando adaptarse a una industria que ya no era la misma que había conocido durante su época dorada.
Ryosuke Itō y el cambio de rumbo
En febrero de 1986, Sansui nombró presidente a Ryosuke Itō, pero su llegada a la máxima responsabilidad de la compañía no supuso la incorporación de un ejecutivo ajeno a la tradición de la marca. Itō llevaba trabajando en Sansui desde 1961 y había desarrollado prácticamente toda su carrera dentro de la empresa, pasando por diferentes áreas relacionadas con las ventas, el desarrollo de producto, la investigación y la planificación corporativa antes de llegar a la presidencia.
Su trayectoria resulta especialmente significativa porque Itō no procedía únicamente del ámbito administrativo. Durante sus años en Sansui estuvo relacionado con el desarrollo de productos y con la investigación tecnológica. Su nombre aparece incluso como inventor, junto al ingeniero Susumu Tanaka, en una patente presentada por Sansui en 1982 para un circuito de amplificación balanceada con una fuente de alimentación aislada de la referencia de masa. La patente fue concedida en 1985 y refleja hasta qué punto el futuro presidente había estado vinculado a la ingeniería de la compañía antes de asumir su dirección.
Por eso resulta difícil presentar a Itō como el responsable de un supuesto abandono de la filosofía técnica de Sansui. Cuando llegó a la presidencia, la compañía seguía desarrollando amplificadores extraordinariamente sofisticados y él mismo formaba parte de una generación de directivos que conocía de primera mano esa cultura tecnológica.
El problema que recibió era de otra naturaleza.
La industria japonesa de la electrónica estaba entrando en una etapa mucho más complicada. La apreciación del yen estaba haciendo menos competitiva la producción realizada en Japón, mientras que la competencia internacional aumentaba y los productos de electrónica de consumo evolucionaban hacia categorías nuevas. Sansui, además, llevaba años intentando ampliar su actividad más allá de los componentes de alta fidelidad, precisamente en un momento en el que mantener una estructura industrial amplia resultaba cada vez más costoso.
La situación exigió medidas drásticas. En junio de 1986, apenas unos meses después de que Itō asumiera la presidencia, Sansui solicitó a 380 empleados —aproximadamente una cuarta parte de su plantilla— que aceptaran una jubilación voluntaria. La coincidencia temporal es reveladora: el nuevo presidente no heredaba una empresa que estuviera simplemente buscando una nueva imagen, sino una organización que ya necesitaba reducir costes y adaptar su estructura.
Aquella reorganización también ayuda a interpretar correctamente lo que ocurriría después. No parece que exista un único momento en el que Sansui decidiera abandonar la alta fidelidad para dedicarse a productos más baratos. La transformación fue gradual y estuvo condicionada por problemas que afectaban a toda la industria: costes de producción, evolución del mercado, competencia internacional y necesidad de encontrar nuevas fuentes de ingresos.
De hecho, la trayectoria posterior de Itō confirma que la diversificación iba a adquirir cada vez más importancia. A finales de la década, cuando Sansui ya atravesaba una situación financiera mucho más grave, el propio Itō explicaría que la compañía pretendía ampliar su actividad hacia productos como reproductores de CD, videograbadores y equipos de fax, utilizando también instalaciones de producción en Hong Kong, Taiwán y Singapur.
Pero todavía estamos en 1986, y hay algo que no debemos perder de vista. La Sansui que estaba reorganizando su plantilla seguía siendo capaz de desarrollar algunos de los componentes técnicamente más extraordinarios de su historia. La reducción de costes y la dificultad financiera no significaban que sus ingenieros hubieran perdido su capacidad o que la compañía hubiera dejado de investigar.
Lo que estaba cambiando era algo mucho más profundo: la relación entre la excelencia tecnológica de Sansui y la realidad económica necesaria para sostenerla.
Durante décadas, la empresa había construido su prestigio alrededor de una idea relativamente sencilla: fabricar componentes técnicamente ambiciosos, incluso cuando eso implicaba utilizar grandes transformadores, fuentes de alimentación sobredimensionadas, numerosos transistores y una construcción costosa. Ahora tenía que competir en un mercado en el que el precio, la velocidad de renovación de los productos y la capacidad de producir en diferentes países tenían cada vez más importancia.
Itō tendría que intentar resolver esa contradicción durante los años siguientes. Y el primer cambio visible para el público llegaría poco después.
En junio de 1987, Sansui modificó su logotipo, sustituyendo el conocido emblema utilizado durante décadas por una nueva identidad gráfica. A primera vista podía parecer simplemente un cambio estético, pero llegaba en un momento en el que la compañía estaba intentando adaptarse a una realidad industrial completamente diferente.
La nueva Sansui estaba a punto de presentarse al mercado.
Y, aunque todavía fabricaría algunos de los amplificadores más extraordinarios de su historia, la empresa que entraba en la segunda mitad de los años ochenta ya no era exactamente la misma que había construido el mito durante las décadas anteriores.


1987: un nuevo logo para una nueva Sansui
En junio de 1987, Sansui tomó una decisión que, aunque podía parecer puramente estética, tenía un significado mucho mayor. Después de casi tres décadas utilizando esencialmente el mismo logotipo, la compañía presentó una nueva identidad gráfica.
El cambio era muy evidente. El conocido logotipo caligráfico que había acompañado a Sansui desde finales de los años cincuenta desaparecía para dejar paso a un símbolo completamente diferente: una S estilizada, formada visualmente entre dos campos enfrentados, acompañada por la palabra SANSUI en letras mayúsculas de trazos rectos. Las solicitudes de registro de la nueva identidad en Estados Unidos fueron presentadas en junio de 1987, coincidiendo con el momento en que la compañía introdujo oficialmente el nuevo diseño.
No era un cambio menor. El antiguo logotipo se había convertido en una de las imágenes más reconocibles de la alta fidelidad japonesa. Había aparecido en los grandes amplificadores de los años sesenta y setenta, en receptores, giradiscos, pletinas y componentes profesionales, y estaba estrechamente asociado a la época de mayor prestigio de la compañía.
Ahora Sansui quería transmitir una imagen diferente.
El nuevo símbolo tenía una apariencia mucho más geométrica y moderna, acorde con la estética de la electrónica de los años ochenta. La tipografía abandonaba la personalidad manuscrita del logotipo histórico y adoptaba unas letras más sobrias y contemporáneas. La empresa estaba entrando así en una etapa en la que el diseño industrial, la electrónica digital y la integración de nuevas categorías de producto comenzaban a tener cada vez más peso.
Pero sería un error interpretar aquel cambio como una declaración de que Sansui estaba abandonando la alta fidelidad. Los productos que acompañaron a la nueva identidad demuestran precisamente lo contrario.
Una de las primeras grandes presentaciones asociadas al nuevo logo Sansui fue el AU-X901, un amplificador integrado que la compañía situaba en la vanguardia de su investigación. En junio de 1987, coincidiendo prácticamente con el lanzamiento de la nueva identidad, Sansui publicó en la revista Audio un amplio anuncio dedicado a explicar su trayectoria tecnológica y presentar el AU-X901 como la culminación de décadas de investigación en amplificación. La publicidad comenzaba con una afirmación especialmente reveladora: el amplificador ideal debía aproximarse al concepto de un “cable con ganancia”, es decir, transmitir la señal sin alterar su naturaleza.
El AU-X901 incorporaba la evolución de la tecnología que Sansui había desarrollado durante los años anteriores: el Alpha X-Balanced, basado en una arquitectura completamente balanceada que permitía amplificar la señal sin utilizar la masa como referencia. La compañía lo presentaba como una forma de reducir las interferencias externas y los problemas asociados a la alimentación y a las corrientes generadas por los propios altavoces.
Y esto resulta fundamental para entender el momento histórico. La nueva Sansui no era todavía una compañía que hubiera abandonado la ingeniería de alto nivel. Al contrario: en 1987 seguía invirtiendo en investigación y presentando tecnologías propias como había hecho durante toda su historia.
Incluso algunos de sus componentes más sofisticados conservaron durante un tiempo el antiguo logotipo. Esto puede comprobarse en catálogos y fotografías de la época: determinados modelos de gama muy alta, como las combinaciones de previo y etapa de la serie 2301, continuaron mostrando el emblema clásico mientras otras familias adoptaban ya la nueva identidad. El cambio, por tanto, no se produjo necesariamente de manera simultánea en todos los productos.
La nueva imagen tampoco significaba que Sansui hubiera encontrado ya la solución a sus problemas económicos. La compañía acababa de atravesar una importante reorganización y se enfrentaba a un entorno industrial cada vez más difícil. El nuevo logotipo era, en cierto modo, la imagen de una empresa que intentaba renovarse mientras todavía luchaba por mantener aquello que la había hecho grande.
Y aquí aparece una paradoja que resulta especialmente interesante vista desde el presente. Hoy podemos contemplar el logotipo de 1987 y asociarlo fácilmente a la etapa posterior de Sansui, cuando la marca acabaría apareciendo en productos muy alejados de aquellos enormes amplificadores japoneses que habían construido su reputación. Pero en aquel momento nadie podía saber que esa sería la trayectoria futura.
Para Sansui, 1987 era todavía un año de renovación.
La compañía acababa de cambiar su identidad, continuaba desarrollando amplificadores técnicamente muy sofisticados y trataba de presentar al mercado una imagen moderna, internacional y preparada para la siguiente etapa de la electrónica de consumo.
El nuevo logo no anunciaba el final de la vieja Sansui. Anunciaba que la vieja Sansui estaba intentando convertirse en otra cosa.
Y para saber si aquella transformación podía funcionar, había que mirar mucho más allá del diseño. Había que observar qué productos quería fabricar la compañía, dónde pensaba fabricarlos y, sobre todo, cómo pretendía ganar dinero en un mercado que ya no se parecía al de los años setenta.

Diversificar para sobrevivir: cuando el audio ya no era suficiente
El cambio de logotipo de 1987 simbolizaba una transformación que en realidad había comenzado algunos años antes. Sansui seguía desarrollando amplificadores de extraordinaria sofisticación, pero la dirección de la compañía sabía que el mercado sobre el que había construido su prestigio estaba cambiando.
Durante los años setenta, un fabricante especializado en alta fidelidad podía crecer apoyándose en una combinación de grandes mercados exteriores, una demanda creciente de componentes y una producción japonesa capaz de ofrecer una relación entre calidad y coste muy competitiva. Durante los ochenta, aquel modelo empezó a ser mucho más difícil de mantener.
Uno de los problemas fundamentales fue la evolución del yen. La fuerte apreciación de la moneda japonesa durante la segunda mitad de la década hizo que fabricar en Japón y vender en otros países resultara cada vez menos favorable. Para Sansui, cuya actividad dependía considerablemente de las exportaciones, aquello significaba que sus productos podían perder competitividad aunque la empresa no modificara sustancialmente sus propios costes o sus prestaciones.
Pero el problema no estaba únicamente en el tipo de cambio. La electrónica de consumo estaba entrando en una época de renovación acelerada. El compact disc, los reproductores digitales, los videograbadores, los televisores de gran formato y los nuevos sistemas compactos estaban abriendo mercados que crecían mucho más deprisa que el tradicional de los componentes de alta fidelidad.
Sansui intentó participar en esa transformación.
A comienzos de los años ochenta, la compañía trató de introducirse en el mercado de los televisores de gran pantalla y los videograbadores, aunque con resultados poco satisfactorios. La propia prensa especializada de la época señalaría posteriormente que Sansui había intentado comercializar televisores y VCR fabricados por JVC sin conseguir hacerse un hueco significativo en esos mercados.
También había otro frente de batalla: los llamados rack systems, aquellos conjuntos formados por amplificador o receptor, pletina, sintonizador, giradiscos y otros componentes integrados visualmente en un mueble. Super Compo había mostrado precisamente el interés de Sansui por este tipo de sistemas, pero durante la primera mitad de los ochenta la compañía fue mucho más lejos en su esfuerzo por ganar cuota de mercado.
El problema fue que aquel mercado estaba empezando a saturarse. Un análisis publicado en Television Digest en 1989 señalaba retrospectivamente que Sansui había luchado por alcanzar una posición dominante en los sistemas rack precisamente durante los primeros y mediados de los ochenta, cuando el crecimiento del segmento prácticamente se había detenido debido a la saturación del mercado.
Es una circunstancia especialmente importante porque muestra cómo una estrategia que podía parecer razonable desde el punto de vista comercial podía convertirse en un problema cuando cambiaban las condiciones. Sansui necesitaba aumentar sus ventas y ampliar su mercado, pero competir por volumen en un segmento saturado significaba asumir una presión sobre los precios y los márgenes que no tenía nada que ver con la fabricación de un amplificador de referencia.
Mientras tanto, el mundo de la electrónica estaba desplazando progresivamente parte de su valor hacia productos que requerían enormes inversiones y ciclos de desarrollo diferentes. Un especialista histórico en amplificación podía fabricar un magnífico aparato de audio, pero eso no significaba que dispusiera automáticamente de las mismas ventajas competitivas en vídeo, informática o electrónica digital.
Sansui empezó por tanto a encontrarse atrapada entre dos modelos. Por un lado, tenía una identidad tecnológica extraordinariamente fuerte en el audio. Por otro, necesitaba crecer en categorías donde competía con compañías de dimensiones mucho mayores.
La paradoja era evidente. La marca podía seguir presentando amplificadores como el AU-X901 y otras máquinas de altísimo nivel, pero esos productos pertenecían a un mercado relativamente especializado. Los grandes volúmenes de venta que necesitaba una compañía con una estructura industrial importante estaban cada vez más asociados a productos de consumo masivo.
La situación financiera empezó a reflejar esa tensión. En 1985 comenzaron las pérdidas continuadas de Sansui y, con el paso de los años, estas se fueron acumulando. En 1989, el propio presidente Ryosuke Itō reconocería que la compañía había acumulado déficits por unos 13.800 millones de yenes, atribuidos principalmente a la fuerte apreciación del yen frente al dólar y a la creciente competencia tanto en Japón como en los mercados internacionales.
La magnitud del problema se aprecia todavía mejor al observar las cifras que manejaba la prensa económica en 1989. Los analistas estimaban que Sansui había acumulado pérdidas de unos 19.400 millones de yenes desde 1985, equivalentes entonces a unos 147 millones de dólares.
Y la deuda ya empezaba a convertirse en un problema estructural. En abril de 1989, los préstamos bancarios pendientes superaban los 121 millones de dólares, mientras que los activos de la compañía rondaban los 101 millones. Sansui llevaba además cuatro años sin pagar dividendos.
Aquí es donde la historia empieza a adquirir una dimensión mucho más preocupante. La empresa no estaba simplemente vendiendo menos amplificadores. Su estructura financiera se estaba deteriorando mientras intentaba encontrar nuevas áreas de crecimiento.
La respuesta de Sansui fue seguir diversificando y, al mismo tiempo, intentar trasladar parte de su producción a lugares donde los costes fueran más competitivos. En 1989, Ryosuke Itō explicaría que la compañía planeaba fabricar reproductores de CD en instalaciones de Hong Kong, Taiwán y Singapur, mientras preparaba la producción de videograbadores y máquinas de fax en Japón. El objetivo era extraordinariamente ambicioso: multiplicar casi por cuatro las ventas en cinco años.
Vista desde hoy, aquella estrategia puede parecer desesperada, pero en aquel momento tenía una lógica empresarial. Sansui necesitaba reducir costes, encontrar nuevos mercados y aprovechar su prestigio internacional para entrar en categorías con mayor volumen de ventas.
El problema era que cada nuevo negocio exigía inversiones, conocimientos, redes de distribución y capacidad industrial, precisamente cuando la empresa disponía de menos recursos para asumir riesgos.
Y aquí encontramos probablemente una de las claves de la posterior caída de Sansui: la compañía no perdió de repente su capacidad para fabricar buenos amplificadores; perdió progresivamente la capacidad económica para sostener una empresa de su tamaño alrededor de ese negocio.
La alta fidelidad seguía siendo el corazón tecnológico de Sansui, pero ya no podía ser por sí sola el motor financiero que había sido durante la época dorada.
La empresa necesitaba transformarse.
Y para hacerlo tendría que tomar decisiones cada vez más difíciles.
Polly Peck: el rescate que no pudo salvar a Sansui
A finales de 1989, Sansui se encontraba en una situación que pocos años antes habría parecido inimaginable. La compañía seguía desarrollando amplificadores de enorme sofisticación y conservaba una marca con un prestigio internacional considerable, pero financieramente estaba al límite. Había acumulado déficits de aproximadamente 13.800 millones de yenes, llevaba cuatro años sin pagar dividendos y se enfrentaba a la posibilidad de ser excluida de la Bolsa de Tokio. La causa no era una única decisión empresarial, sino la combinación de la fuerte apreciación del yen, la competencia internacional y una estructura de costes cada vez más difícil de sostener.
Sansui había buscado durante meses una solución y llegó a estudiar acuerdos con más de veinte empresas japonesas, surcoreanas y europeas. Finalmente apareció una alternativa completamente inesperada: Polly Peck International, un gran conglomerado británico dirigido por Asil Nadir, acordó adquirir el 51 % de Sansui mediante una ampliación de capital de aproximadamente 15.600 millones de yenes. La operación fue presentada en Japón como un acontecimiento histórico, ya que suponía que una empresa extranjera tomara el control de una compañía japonesa cotizada en Bolsa.
La operación no pretendía limitarse a aportar dinero para cubrir las pérdidas. Polly Peck veía en Sansui una puerta de entrada al mercado japonés y quería utilizar la compañía para ampliar su actividad en electrónica de consumo. El proyecto contemplaba desarrollar tres grandes áreas: audio, imagen e información. Sansui conservaría su actividad tradicional, pero también comenzaría a participar en productos como videograbadores, televisores y equipos de fax.
La estrategia industrial era bastante ambiciosa. Polly Peck disponía de fábricas y empresas electrónicas en diferentes países y pretendía integrar progresivamente la producción de Sansui con aquellas instalaciones. La idea era trasladar parte de la fabricación de reproductores de CD, minicomponentes y productos de audio a fábricas de Polly Peck en Asia, mientras se exploraban nuevas localizaciones para fabricar videograbadores. La producción de car audio, por el contrario, continuaría inicialmente en Japón.
Y aquí encontramos un detalle que resulta fundamental para entender lo que estaba ocurriendo. Sansui no estaba siendo comprada porque hubiese perdido su capacidad tecnológica. El proyecto de Polly Peck seguía considerando el audio como uno de los tres negocios principales de la compañía y hablaba expresamente de mantener como objetivo un mercado de consumo de nivel medio y alto. El problema era que la estructura industrial japonesa de Sansui resultaba demasiado cara para competir en determinados segmentos internacionales.
En otras palabras, la cuestión ya no era simplemente qué podía fabricar Sansui, sino dónde podía fabricarlo y cuánto costaba hacerlo.
La nueva dirección confiaba en que el capital de Polly Peck permitiera financiar aquella transformación. Sansui incluso anunció objetivos extraordinariamente ambiciosos: aumentar sus ventas desde unos 185 millones de dólares hasta aproximadamente 714 millones en cinco años. Para conseguirlo pretendía fabricar reproductores de CD en Hong Kong, Taiwán y Singapur y entrar con mayor fuerza en los mercados del vídeo y de los equipos de información.
Sobre el papel, podía parecer la solución que Sansui necesitaba.
Pero ocurrió algo que nadie en Sansui podía controlar.
Polly Peck empezó a entrar en una crisis financiera prácticamente inmediatamente después de hacerse con el control de la compañía. El enorme conglomerado había crecido mediante una estrategia de adquisiciones muy agresiva y en 1990 comenzaron a aparecer graves problemas financieros. En 1991 Polly Peck terminó entrando en administración judicial en el Reino Unido, dejando a Sansui en una situación especialmente complicada: la empresa japonesa que había acudido a un grupo extranjero para obtener capital y reorganizarse se encontraba de nuevo vinculada a un propietario incapaz de continuar financiando aquella estrategia.
El episodio resulta especialmente significativo porque desmonta otra simplificación frecuente en la historia de Sansui. No podemos decir simplemente que la entrada de capital británico provocó el hundimiento de la compañía. Sansui ya estaba gravemente endeudada antes de la operación y necesitaba urgentemente una reestructuración. Pero tampoco puede considerarse que la operación resolviera el problema: el accionista que debía aportar estabilidad terminó sufriendo su propia crisis.
La situación se volvió todavía más compleja porque la reorganización había dejado a Sansui relacionada con otras compañías del entramado de Polly Peck. Entre ellas estaba Capetronic, un grupo estadounidense de electrónica que posteriormente acabaría integrado en la estructura de Sansui y que se convertiría en uno de los elementos de la complicada reestructuración posterior.
Mientras todo esto sucedía, sin embargo, hay algo que merece la pena observar con especial atención: Sansui seguía fabricando amplificadores extraordinarios.
La transición empresarial no supuso el final inmediato de la investigación en audio. De hecho, alrededor de 1990 aparece una nueva generación de amplificadores de la familia Alpha, entre ellos el AU-α907DR. La compañía continuaba desarrollando circuitos propios y componentes de gama alta precisamente cuando su situación financiera era cada vez más delicada.
Es una paradoja que define perfectamente esta etapa de la historia de Sansui. Por un lado, la empresa estaba intentando reducir costes, trasladar producción y encontrar nuevas fuentes de ingresos. Por otro, sus ingenieros seguían desarrollando productos que pertenecían claramente al territorio de la alta fidelidad de referencia.
La contradicción sería todavía mayor unos años después.
En 1992, Sansui seguía inmersa en una situación financiera extremadamente complicada. La empresa anunció un nuevo programa de jubilaciones voluntarias destinado a reducir su plantilla de aproximadamente 450 empleados a unos 300. La dirección explicaba que la medida era necesaria por la intensa competencia de precios y por las escasas perspectivas de crecimiento del mercado del audio, con el objetivo de reducir drásticamente los costes fijos.
Pero esta vez el problema ya no era únicamente Polly Peck.
La compañía estaba entrando en una nueva etapa de propiedad y reorganización. El grupo canadiense Semi-Tech, que también estaba relacionado con Akai, pasó a controlar Sansui y comenzó a aplicar un programa mucho más agresivo de racionalización. En 1992 la prensa especializada describía pérdidas enormes y un proceso de reestructuración que incluía la venta de activos, reducción de costes y eliminación de líneas de producto poco rentables.
Una de las consecuencias más reveladoras fue la caída de las ventas. En 1993, después de eliminar líneas de productos no rentables y retirarse de determinados mercados, Sansui consiguió reducir sus pérdidas, pero a costa de una fuerte contracción de su actividad: la facturación del primer semestre cayó un 39 %, hasta 4.620 millones de yenes. La propia dirección atribuía la situación al débil consumo japonés, las difíciles condiciones de la industria y la fortaleza del yen.
La estrategia estaba cambiando.
Ya no se trataba de crecer rápidamente mediante nuevos negocios, como había intentado Sansui a finales de los ochenta. Ahora el objetivo era mucho más elemental: sobrevivir.
En diciembre de 1993, Sansui tuvo que realizar una nueva ampliación de capital de 4.500 millones de yenes para pagar deuda y financiar sus necesidades de capital circulante. La operación permitió recapitalizar la compañía después de la venta de determinados activos inmobiliarios y de otras medidas de saneamiento.
En 1993, además, Sansui consiguió volver temporalmente a beneficios, pero el dato necesitaba una importante matización. El resultado positivo de 318 millones de yenes se produjo después de dos años consecutivos de pérdidas y estuvo acompañado por unos beneficios extraordinarios de 2.880 millones de yenes derivados principalmente de la venta de propiedades dentro del proceso de reestructuración. No significaba que el negocio ordinario hubiese recuperado realmente su fortaleza.
Y aquí aparece una de las claves de toda esta historia.
Sansui todavía existía. Seguía teniendo ingenieros, seguía desarrollando amplificadores y seguía utilizando su propia tecnología. Pero la empresa que había existido durante la edad de oro ya no tenía la misma estructura industrial ni la misma capacidad económica.
La marca había entrado en una nueva realidad: menos empleados, menos líneas de producto, menos mercados y una presión mucho mayor para que cada negocio fuese rentable.
Por eso, cuando lleguemos a los grandes Sansui de los años noventa, no debemos contemplarlos simplemente como los últimos coletazos de una marca moribunda. Son algo mucho más interesante. Son los productos de una empresa que, mientras perdía tamaño y capacidad financiera, todavía intentaba demostrar que podía seguir haciendo alta fidelidad de referencia.
Y esa tensión entre la excelencia técnica y la supervivencia económica es probablemente la mejor manera de entender la última gran etapa de Sansui.
La última gran Sansui: la familia Alpha 907
A comienzos de los años noventa, la situación empresarial de Sansui era muy diferente de la que había conocido durante su época dorada. La compañía había reducido su estructura, estaba sometida a una fuerte presión financiera y había tenido que abandonar o racionalizar numerosas líneas de producto. Sin embargo, algo sorprendente permanecía intacto: su capacidad para desarrollar amplificadores de alta fidelidad técnicamente muy ambiciosos.
La familia Alpha 907 es probablemente el mejor ejemplo de esta paradoja.
El AU-α907DR, presentado alrededor de 1990, pertenecía todavía claramente a la tradición de los grandes integrados japoneses de referencia. Pesaba 33 kilogramos y podía entregar 160 vatios por canal sobre 8 ohmios, con una respuesta declarada de 1 Hz a 300 kHz y una distorsión armónica total del 0,003 %. La construcción seguía una filosofía de doble mono y la arquitectura Alpha X-Balanced continuaba desarrollando la idea de amplificación completamente balanceada que Sansui había introducido durante la década anterior.
Lo extraordinario no es solamente que Sansui siguiera fabricando un amplificador de semejantes características en 1990. Es que aquel modelo no representaba una excepción aislada.
La familia 907 continuó evolucionando durante los años siguientes, mientras la compañía atravesaba nuevas reorganizaciones y reducía progresivamente su presencia en el mercado. Aparecieron sucesivas versiones como los AU-α907KX, AU-α907XR y AU-α907MR, manteniendo la filosofía de la serie y llevando diferentes aspectos de su arquitectura electrónica hacia nuevas cotas.
Pero en 1994 Sansui decidió hacer algo todavía más llamativo.
Presentó el AU-α907 Limited, una edición limitada a 2.000 unidades y con un precio oficial de 410.000 yenes. Era una cifra extraordinaria para un amplificador integrado: no pretendía competir en el mercado masivo, sino convertirse en una demostración de lo que la compañía todavía era capaz de hacer cuando no tenía que contener los costes de la misma manera que en sus gamas convencionales.
La lista de soluciones utilizadas en aquel amplificador resulta especialmente reveladora. Sansui empleó una versión denominada HYPER α-X Balanced, construida alrededor de una arquitectura DC de banda extremadamente ancha. En la etapa de entrada se utilizaban circuitos de corriente constante basados en espejos de Wilson con elevado rechazo en modo común, mientras que como dispositivos activos de potencia se recuperaron MOS-FET de una generación anterior, los 2SK405 y 2SJ115.
Y había otro detalle que demostraba hasta qué punto Sansui estaba dispuesta a llevar la construcción del aparato: el AU-α907 Limited incorporaba por primera vez en un amplificador integrado de la marca un sustrato de teflón, una solución que ya se había utilizado en el previo C-2302 Vintage, uno de los componentes de referencia de la compañía.
La utilización de estos materiales y circuitos no encaja demasiado bien con la imagen de una Sansui que simplemente estuviera abaratando sus productos y viviendo de su reputación. Al contrario: en 1994, una empresa económicamente debilitada seguía destinando recursos a desarrollar un integrado de altísimo nivel y a incorporar en él soluciones que procedían de sus componentes más exclusivos.
El AU-α907 Limited pesaba aproximadamente 34 kilogramos y utilizaba MOS-FET, entradas RCA y balanceadas y una construcción extraordinariamente elaborada. Su potencia nominal era de 80 + 80 vatios sobre 8 ohmios, bastante inferior a la del 907DR, algo que resulta significativo: Sansui no estaba intentando ganar la batalla de las especificaciones mediante una cifra de potencia cada vez mayor. El objetivo era construir un amplificador en el que la arquitectura, la alimentación, los dispositivos activos y los materiales trabajasen conjuntamente.
Esta filosofía permite entender algo que a veces se pierde cuando se mira retrospectivamente el catálogo de Sansui. La marca no había abandonado la investigación en amplificación; había cambiado el terreno en el que quería demostrarla.
Durante los años setenta, la espectacularidad podía estar en un AU-20000 de 170 vatios por canal o en una BA-5000 de 300 vatios por canal. En los noventa, la batalla tecnológica se libraba cada vez más alrededor de la arquitectura balanceada, la reducción del ruido, la estabilidad de las fuentes de alimentación, la velocidad de respuesta y la selección de componentes.
Y Sansui seguía compitiendo precisamente ahí.
La evolución continuó hasta la segunda mitad de la década. En 1997 apareció otra muestra extraordinaria de esta filosofía: el B-2105 MOS Vintage, una etapa de potencia concebida como uno de los componentes de referencia de la marca y asociada a la celebración del 50.º aniversario de Sansui. Su precio japonés era de 460.000 yenes y su construcción alcanzaba los 37 kilogramos.
Pero aquí las cifras vuelven a contar una historia interesante.
El B-2105 entregaba 110 vatios por canal sobre 8 ohmios, 150 vatios sobre 6 ohmios y podía alcanzar 320 vatios dinámicos sobre una carga de 2 ohmios. Su respuesta se extendía desde corriente continua hasta 300 kHz, la relación señal/ruido superaba los 110 dB y la velocidad de respuesta declarada era de 150 V/µs.
La construcción era igualmente reveladora. Sansui utilizó una fuente de alimentación con un gran transformador de baja vibración, una arquitectura completamente balanceada, entradas XLR, conectores WBT, barras de cobre 6N, un chasis inferior de doble fondo con cobre en su interior y tornillería chapada en cobre. La compañía incluso describía todos los componentes empleados como seleccionados para conseguir baja impedancia, alta velocidad y resistencia a las vibraciones.
Y todavía encontramos algo más significativo.
El B-2105 no se limitaba a utilizar la tecnología Alpha X-Balanced de generaciones anteriores. Incorporaba una evolución denominada Advanced Hyper α-X Balanced, con una arquitectura simétrica de alimentación para la etapa de ataque y un nuevo circuito Diamond Differential. El objetivo seguía siendo exactamente el mismo que había perseguido Sansui desde los años setenta: mantener la linealidad, conseguir una respuesta extremadamente rápida y proporcionar una fuente de corriente estable incluso cuando la carga del amplificador se volvía muy exigente.
Es difícil encontrar una demostración más clara de la continuidad tecnológica de Sansui.
Desde el Diamond Differential del AU-919 hasta el Alpha X-Balanced y posteriormente el Hyper α-X Balanced, la compañía había pasado más de dos décadas intentando resolver problemas cada vez más específicos de la amplificación. Los nombres cambiaban, los componentes evolucionaban y las arquitecturas se hacían más sofisticadas, pero existía una línea tecnológica reconocible.
Y entonces llegamos al dato que quizá mejor resume la situación.
En 1998, cuando Sansui llevaba ya años sometida a una enorme presión empresarial, apareció el AU-α907NRA. Seguía siendo un amplificador integrado de 33 kilogramos, con 160 vatios por canal sobre 8 ohmios, respuesta de 1 Hz a 300 kHz y una distorsión declarada del 0,003 %.
Es decir: casi una década después del AU-α907DR, Sansui seguía fabricando un 907 de 33 kilogramos, 160 vatios por canal y 0,003 % de distorsión.
Eso cambia completamente la forma de interpretar los años noventa.
No estamos ante una marca que en 1990 abandonó la alta fidelidad y posteriormente sobrevivió colocando su nombre sobre productos fabricados por terceros. Durante buena parte de la década siguió existiendo una auténtica línea de ingeniería de alta gama.
Lo que se estaba extinguiendo era otra cosa. La empresa capaz de sostener económicamente aquella ingeniería. Y esa diferencia es fundamental.
Sansui podía seguir diseñando un AU-α907NRA porque todavía conservaba conocimientos, ingenieros, tecnología y una identidad técnica muy definida. Lo que resultaba cada vez más difícil era mantener una estructura empresarial capaz de financiar todo aquello mediante las ventas necesarias.
Por eso los grandes catálogos de los años setenta y primeros ochenta habían desaparecido. No necesariamente porque la ingeniería hubiera dejado de estar a la altura, sino porque el mercado que había permitido sostener aquella amplitud de catálogo ya no existía en las mismas condiciones.
La Sansui de los noventa era más pequeña, más selectiva y mucho más vulnerable. Pero precisamente por eso sus últimos grandes amplificadores resultan tan fascinantes.
Cada uno de ellos parece contener una contradicción: son productos concebidos con la mentalidad de una compañía que quería seguir demostrando que estaba entre las grandes, fabricados por una empresa que cada vez tenía menos posibilidades de comportarse como una de ellas.
Y todavía quedaba una última demostración.
En 1999, cuando la historia empresarial de Sansui estaba ya entrando en su tramo final, apareció el B-2105 MOS Vintage. La compañía seguía hablando de Hyper α-X Balanced, Diamond Differential, alimentación simétrica, grandes transformadores, cobre, MOS-FET y velocidades de respuesta extraordinarias. El aparato pesaba 37 kilogramos y tenía un precio de 460.000 yenes.
Sansui todavía quería construir amplificadores de referencia. El problema es que para entonces la batalla decisiva ya no se estaba librando dentro del amplificador. Se estaba librando fuera de él: en las cuentas de la compañía, en sus fábricas, en sus accionistas y en un mercado que había cambiado radicalmente.
Y esa es precisamente la razón por la que la historia de Sansui resulta tan trágica. La tecnología no desapareció antes que la empresa. En cierto modo, ocurrió exactamente al contrario.
El final de la Sansui que conocíamos
A finales de los años noventa, Sansui había llegado a una situación difícil de imaginar para cualquiera que hubiese conocido la compañía durante su época dorada. La marca todavía era capaz de presentar amplificadores extraordinarios y su catálogo japonés conservaba modelos que demostraban una continuidad tecnológica sorprendente, pero la estructura empresarial que había permitido desarrollar aquellos productos se había reducido hasta quedar muy lejos de la que había existido durante los años setenta y primeros ochenta.
En 1999 apareció uno de los últimos grandes ejemplos de aquella filosofía: el AU-α607 MOS Limited. Era un modelo de producción limitada, con un precio de 180.000 yenes, que utilizaba como dispositivos de salida antiguos MOS-FET procedentes de las existencias de reparación de Sansui. Aquellos transistores habían sido empleados anteriormente en modelos como el AU-X111 de 1984, el AU-X1111 MOS Vintage de 1988 y el B-2105 MOS Vintage. Para aprovecharlos correctamente, Sansui desarrolló además un nuevo transformador de gran tamaño cuya corriente secundaria alcanzaba los 10 amperios, aproximadamente el doble de la utilizada en el modelo convencional. La compañía lo presentó como el último representante de la serie 07.
El detalle de los MOS-FET resulta especialmente simbólico. Sansui no estaba simplemente recuperando un componente antiguo porque careciera de recursos para diseñar otro amplificador. Estaba utilizando deliberadamente unos dispositivos que consideraba especialmente adecuados para su filosofía de amplificación rápida y lineal. La decisión encajaba con la trayectoria que había seguido la compañía desde los años ochenta: seleccionar componentes concretos, construir una alimentación capaz de proporcionar la corriente necesaria y desarrollar alrededor de ellos una arquitectura propia.
Y en esos mismos años aparecía otra de las últimas grandes etapas de potencia de la marca, la B-2105 MOS Vintage, que continuaba llevando al extremo aquella filosofía. Con aproximadamente 37 kilogramos de peso y una construcción de auténtica gama alta, el modelo utilizaba la evolución Advanced Hyper α-X Balanced de Sansui y combinaba una arquitectura completamente balanceada con una fuente de alimentación de gran capacidad. La empresa seguía actuando, al menos en el terreno de la ingeniería, como el fabricante de referencia que había sido durante décadas.
Pero mientras los ingenieros continuaban trabajando de esa manera, la situación empresarial se estaba deteriorando rápidamente.
El año 2000 fue especialmente importante porque el problema ya no podía resolverse simplemente mediante una nueva reducción de costes. La actividad de Sansui se había contraído hasta unos niveles extraordinariamente pequeños y la compañía estaba cada vez más condicionada por sus relaciones con los grupos empresariales que la controlaban. La situación financiera de su entorno también era complicada. Akai Holdings, que había estado vinculada al mismo entramado empresarial, entró en una crisis de enormes proporciones y finalmente se declaró insolvente en noviembre de 2000. El colapso de aquel grupo tendría consecuencias importantes para la estructura de propiedad que rodeaba a Sansui.
Sansui, por tanto, llegó al cambio de siglo no solamente debilitada, sino atrapada dentro de una compleja red de empresas asiáticas que también estaban atravesando graves problemas financieros. La marca que había nacido en Tokio como una compañía especializada y relativamente independiente se encontraba ahora en una situación en la que su futuro dependía cada vez más de decisiones tomadas fuera de la propia empresa.
Sin embargo, todavía quedaba una última escena extraordinariamente reveladora.
Durante 2001 continuaron fabricándose en Japón algunos de los últimos grandes amplificadores de Sansui. Los registros de producción conservados por coleccionistas muestran que en abril de aquel año salieron de la línea 60 unidades del AU-111 Vintage y del AU-α907DR. No se trataba de modelos económicos destinados a mantener artificialmente la presencia de la marca, sino de productos que seguían perteneciendo a la tradición de la alta fidelidad japonesa de referencia. Incluso existen registros de unidades fabricadas en junio de 2001.
Ese dato resulta extraordinariamente importante porque nos permite situar con mucha más precisión el final de aquella etapa. La Sansui de los grandes amplificadores no desapareció en algún momento indeterminado de los años noventa. Todavía estaba fabricando amplificadores de alta gama en 2001.
Pero aquello era ya el final.
En marzo de 2001, la empresa comunicó unas pérdidas netas consolidadas de 1.330 millones de yenes correspondientes al ejercicio anterior. Las ventas del grupo habían caído hasta 1.320 millones de yenes, un 71,8 % menos que el año anterior, y el patrimonio neto consolidado presentaba un déficit de 8.180 millones de yenes. La propia compañía explicaba que la caída de las ventas estaba relacionada con la reducción de la producción de productos que no resultaban rentables, entre ellos los equipos de audio de bajo precio.
Esta última circunstancia merece una atención especial porque ayuda a desmontar definitivamente otra de las simplificaciones habituales sobre la desaparición de Sansui. La compañía estaba reduciendo precisamente la producción de equipos de audio baratos porque no eran rentables. Mientras tanto, continuaba existiendo una producción mucho más selectiva de modelos de alta gama. El problema no era simplemente que Sansui hubiera decidido sustituir los amplificadores sofisticados por productos económicos: el problema era que la empresa ya no podía sostener económicamente una actividad industrial suficientemente grande.
La situación se agravó durante ese mismo año. En agosto, Sansui tuvo que revisar al alza su previsión de pérdidas antes de impuestos hasta 900 millones de yenes, debido en buena medida a pérdidas cambiarias. La previsión de ventas del grupo se situaba entonces en apenas 250 millones de yenes, una cifra que muestra hasta qué punto se había reducido la dimensión del negocio.
Y en noviembre llegó otro acontecimiento decisivo. Grande N.A.K.S. y las compañías vinculadas al grupo de Hong Kong pasaron a controlar de hecho Sansui. La documentación empresarial japonesa sitúa el 28 de noviembre de 2001 como la fecha en que Sansui entró efectivamente bajo el control del grupo Grande. Poco después, en diciembre, cerró la fábrica de Sukagawa, en la prefectura de Fukushima.
El cierre de aquella fábrica tiene un valor simbólico enorme. Durante décadas, Sansui había sido una compañía industrial japonesa que diseñaba y fabricaba sus propios componentes de alta fidelidad. Ahora la estructura productiva japonesa estaba desapareciendo.
Y aquí debemos hacer una precisión importante.
Sansui Electric no quebró ni dejó de existir en 2001.
La sociedad continuó funcionando y siguió apareciendo como empresa cotizada durante años. Lo que terminó en torno a aquel periodo fue algo diferente: la Sansui que conocíamos como fabricante japonés de alta fidelidad con una estructura industrial propia. Después del cierre de las instalaciones, la actividad de la empresa se fue reduciendo progresivamente y la fabricación dejó de ser el centro de su existencia.
La prueba aparece de nuevo en las cifras de 2002. Sansui consiguió presentar un beneficio neto consolidado de 3.260 millones de yenes, lo que a primera vista podría parecer una recuperación extraordinaria después de las pérdidas del ejercicio anterior. Pero el resultado era profundamente engañoso si se interpretaba como una recuperación del negocio. El resultado operativo seguía siendo negativo, con una pérdida de 346 millones de yenes, y el resultado antes de impuestos mostraba otra pérdida de 995 millones. Además, las ventas del grupo se habían desplomado un 85,1 %, hasta apenas 197 millones de yenes.
Entonces, ¿de dónde procedía aquel beneficio neto?
Fundamentalmente de operaciones financieras y extraordinarias. El apoyo de Grande N.A.K.S. permitió cancelar parte de la deuda y Sansui registró aproximadamente 2.230 millones de yenes de beneficio derivados de la condonación de préstamos. También liberó otros 2.110 millones de yenes de provisiones relacionadas con la liquidación de empresas participadas. En otras palabras, Sansui no había vuelto a ganar dinero fabricando y vendiendo grandes cantidades de amplificadores. Había conseguido mejorar temporalmente su balance gracias a una operación de saneamiento financiero.
Esta diferencia entre beneficio contable y recuperación industrial es probablemente una de las mejores formas de comprender qué había sucedido.
La empresa todavía podía existir jurídicamente. Podía reorganizar sus deudas, vender activos, recibir apoyo financiero y presentar incluso un beneficio neto en sus cuentas. Pero la actividad industrial que había definido a Sansui durante más de cuatro décadas estaba desapareciendo.
Y eso explica también por qué las fechas que aparecen en Internet pueden resultar contradictorias. Algunas fuentes sitúan el final de la producción japonesa de amplificadores de alta gama en 2001; otras lo prolongan hasta algún momento entre 2002 y 2005. La documentación disponible permite afirmar con seguridad que en 2001 todavía se fabricaban algunos modelos de referencia y que ese mismo año se cerró una de las principales instalaciones productivas. Lo que resulta mucho más difícil es establecer un día concreto en el que «Sansui dejó de fabricar amplificadores». La transformación fue progresiva, no un interruptor que se apagase de un día para otro.
Pero desde el punto de vista de la historia de la alta fidelidad, hay una fecha que tiene un significado especial: 2001.
Es el año en el que podemos encontrar todavía una Sansui auténticamente japonesa fabricando productos que conservaban la filosofía de sus grandes amplificadores, pero también el año en el que desaparece una parte esencial de la infraestructura industrial que había permitido construirlos.
La compañía que había comenzado fabricando transformadores en 1944 había conseguido llegar al siglo XXI.
Lo que no consiguió fue llevar consigo la estructura que había convertido aquellos transformadores en el corazón de algunos de los amplificadores más extraordinarios de la historia del audio japonés.
A partir de aquí comienza otra historia.
Ya no es la historia de Sansui como fabricante de alta fidelidad, sino la historia de Sansui como marca: quién controló sus derechos, qué ocurrió con sus productos fabricados fuera de Japón, cómo se separaron los distintos mercados y por qué el mismo logotipo que durante décadas había identificado amplificadores de referencia terminó apareciendo en productos que no tenían prácticamente ninguna relación con aquella ingeniería.
Y ahí es donde podremos abordar finalmente una de las cuestiones que más confusión ha generado entre los aficionados: ¿cuántas Sansui hubo realmente después de la desaparición de la Sansui original?
Cuando Sansui dejó de ser una empresa y se convirtió en una marca
La desaparición de la estructura industrial japonesa de Sansui no significó la desaparición de su nombre. Y aquí comienza una de las etapas más confusas de toda la historia de la compañía, porque durante los años siguientes el nombre Sansui seguiría apareciendo en productos de diferentes categorías y mercados, mientras la empresa japonesa original iba perdiendo progresivamente el control sobre aquello que durante décadas había representado.
La clave está en distinguir tres conceptos que durante mucho tiempo estuvieron unidos y que ahora comenzaban a separarse: Sansui Electric como empresa japonesa, Sansui como marca registrada y Sansui como fabricante de productos de audio. Durante la época dorada las tres cosas eran prácticamente inseparables. Un amplificador Sansui era diseñado y fabricado por Sansui Electric y llevaba el nombre de la propia compañía. Después de la crisis, esa relación dejó de ser necesariamente cierta.
La transformación había comenzado antes incluso del cierre de las últimas instalaciones japonesas. En 1989, cuando Sansui buscaba desesperadamente una solución financiera, la entrada de capital extranjero ya había introducido a la compañía en una estructura empresarial mucho más compleja. Polly Peck fue sustituida posteriormente por Semi-Tech y, finalmente, a partir de 2001, Grande Holdings pasó a ocupar una posición decisiva en el entramado empresarial relacionado con Sansui.
Pero la adquisición de Sansui por parte de Grande no debe interpretarse como si Grande hubiese heredado simplemente una fábrica de amplificadores. Para entonces, el valor más importante de Sansui comenzaba a estar precisamente en otro lugar: en el nombre, las marcas registradas, la reputación acumulada durante décadas y la posibilidad de utilizar esa identidad comercial en diferentes mercados.
La evolución posterior de las sociedades relacionadas con la marca demuestra hasta qué punto aquella separación llegó a ser profunda. En la documentación corporativa de Grande Holdings, Sansui Acoustics Research Corporation, registrada en las Islas Vírgenes Británicas, aparece como la sociedad propietaria de los derechos mundiales sobre las marcas Sansui. Es decir, los derechos sobre el nombre podían estar en una sociedad distinta de Sansui Electric, la empresa japonesa que había creado originalmente los productos.
Esta separación resulta fundamental para entender por qué empezaron a aparecer productos Sansui fabricados fuera de Japón.
Una empresa podía obtener una licencia para utilizar la marca en un determinado territorio y fabricar o comercializar productos bajo ese nombre sin pertenecer necesariamente a la antigua Sansui Electric japonesa. La marca dejaba así de funcionar como la identificación de un único fabricante y comenzaba a comportarse como un activo comercial que podía ser cedido mediante acuerdos de licencia.
El proceso terminaría desarrollándose hasta convertirse en un auténtico modelo de negocio. Años después, Grande Holdings explicaría oficialmente que gestionaba las marcas Sansui, Akai y Nakamichi mediante acuerdos con diferentes licenciatarios internacionales. Cada uno podía recibir derechos para comercializar productos bajo una de esas marcas en determinadas regiones, utilizando sus propios recursos, conocimientos y redes de distribución. En 2015, por ejemplo, Grande declaraba tener 26 licenciatarios para sus diferentes marcas.
Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto a la Sansui que conocían los aficionados de los años setenta y ochenta.
El Sansui clásico era una empresa fabricante.
El nuevo modelo convertía a Sansui progresivamente en una marca licenciada.
Eso no significa que todos los productos posteriores fueran necesariamente de mala calidad ni que todos procedieran del mismo fabricante. Significa algo mucho más importante: el logotipo dejó de garantizar por sí mismo quién había diseñado y fabricado el aparato.
Esta transformación explica perfectamente una de las experiencias que tuvieron muchos aficionados durante los años noventa y dos mil. Podían encontrarse productos con el mismo nombre Sansui en diferentes mercados y con características completamente distintas. Algunos seguían relacionados con la actividad tradicional de audio, mientras que otros pertenecían a categorías de electrónica de consumo mucho más amplias.
La propia evolución empresarial de Grande Holdings confirma esta ampliación. En sus informes posteriores, la compañía describía Sansui como una marca dirigida principalmente al mercado de productos de audio y vídeo de precio bajo y medio, además de televisores, pantallas, electrodomésticos, teléfonos, accesorios y sistemas para automóvil. La marca podía utilizarse en categorías que tenían muy poco que ver con los grandes amplificadores japoneses que habían construido su reputación original.
Esto también permite comprender mejor por qué las fotografías de determinados productos posteriores pueden resultar desconcertantes para un aficionado de toda la vida. El mismo nombre que había aparecido sobre un AU-919, un AU-X1 o un B-2105 podía encontrarse después sobre un televisor o un equipo de electrónica de consumo fabricado por otra empresa.
No era necesariamente una falsificación ni un uso ilegítimo del nombre. Era precisamente el resultado de la nueva estrategia empresarial: la marca se había convertido en un activo que podía ser licenciado a fabricantes y distribuidores independientes.
Y, con el tiempo, esa estrategia llegó mucho más lejos.
En 2006, Grande Holdings explicaba ya que gestionaba la distribución y las licencias de tres grandes marcas internacionales —Nakamichi, Akai y Sansui— y que había seguido invirtiendo en ellas mediante nuevas líneas de producción de televisores de plasma y LCD en China. El objetivo era aprovechar el valor comercial acumulado por aquellos nombres en categorías de electrónica de consumo en pleno crecimiento.
Años después, el sistema estaba todavía más desarrollado. En documentación corporativa de Grande se describe explícitamente un modelo en el que los titulares de las marcas concedían derechos a empresas independientes de diferentes partes del mundo para vender productos bajo los nombres Sansui, Akai o Nakamichi. Los licenciatarios pagaban una cantidad por utilizar la marca y asumían por su cuenta la fabricación, comercialización y distribución de los productos autorizados.
Esto explica algo que durante años ha generado una enorme confusión entre los aficionados: después de la desaparición de la Sansui industrial, podía haber varias empresas utilizando legítimamente el nombre Sansui en distintos países y para categorías diferentes.
No eran necesariamente varias Sansui independientes compitiendo entre sí.
Eran, en muchos casos, diferentes licenciatarios utilizando una misma marca cuyo propietario se encontraba separado de la antigua empresa japonesa.
En Hablando de Teles teníamos la sensación de que había una Sansui vinculada a intereses británicos o europeos y otra diferente en Asia. Prueba de ello es que había dos webs hace unos años sin nada que ver entre ellas, usando cada una un logotipo; el clásico en el caso de la europea y el posterior a 1987 en el caso de la asiática.
La memoria tiene una base real, pero tras realizar una profunda investigación vimos que la realidad jurídica era más complicada. La entrada de Polly Peck en 1989 fue efectivamente una operación protagonizada por un grupo británico y posteriormente el control empresarial pasó por diferentes grupos asiáticos hasta llegar a Grande Holdings. Sin embargo, no podemos describir el resultado simplemente como una división de la marca entre una “Sansui británica” y una “Sansui asiática”. Lo que terminó produciéndose fue una combinación de cambios de propiedad, sociedades intermediarias y derechos de marca gestionados por separado según las regiones y las categorías de producto.
La documentación de marcas demuestra además que esta separación llegó a afectar incluso a determinados territorios de forma específica. En Estados Unidos, por ejemplo, aparecen registros posteriores relacionados con Sansui Acoustics Research Corporation, mientras que otros expedientes continuaban identificando a Sansui Electric como titular de solicitudes de marca. La situación jurídica no fue completamente uniforme y fue cambiando con el tiempo.
España ofrece otro pequeño ejemplo de esa complejidad. El antiguo registro español de Sansui, solicitado originalmente en 1967 para productos de audio y electrónica, figura posteriormente con una transferencia registrada en 2003. Esto no significa por sí solo que España tuviera una “Sansui diferente”, pero sí demuestra que los derechos sobre la marca fueron objeto de operaciones y transferencias mucho después de que la Sansui clásica hubiera dejado de funcionar como fabricante de referencia.
La consecuencia histórica fue enorme.
Durante más de cuatro décadas, comprar un Sansui significaba, en términos generales, comprar un producto procedente de una compañía japonesa concreta, con una cultura de ingeniería perfectamente reconocible. Después de la fragmentación, comprar un producto con el logotipo Sansui ya no permitía hacer esa misma asociación automáticamente.
El nombre había sobrevivido. La empresa, en cambio, había quedado atrás.
Y probablemente esa sea la mejor manera de explicar la sensación de desconcierto que experimentaron muchos aficionados durante los años 2000. El logotipo seguía existiendo, aparecía en nuevos productos y la marca continuaba teniendo presencia internacional, pero aquella relación directa entre Sansui, ingeniería japonesa y fabricación propia se había roto.
La compañía que había empezado fabricando transformadores en Tokio había terminado convirtiendo su mayor patrimonio en algo intangible: un nombre capaz de seguir generando valor comercial incluso después de que la fábrica que lo había hecho famoso hubiera desaparecido.
Sansui había dejado de ser, esencialmente, un fabricante que poseía una marca. Había empezado a convertirse en una marca que otros fabricantes podían utilizar.
Y esa transformación es la que permite entender por qué, al mirar hoy un producto Sansui de las últimas décadas, hay que hacerse una pregunta que durante la época dorada era innecesaria:
¿Quién fabricó realmente este Sansui?
El final de Sansui Electric: 2012-2014
Después del cierre de la fábrica de Sukagawa en diciembre de 2001, Sansui Electric todavía continuó existiendo como sociedad japonesa, pero su relación con la fabricación de equipos de alta fidelidad había cambiado radicalmente. La antigua estructura industrial había desaparecido y la compañía se encontraba cada vez más lejos de aquella Sansui que había diseñado y fabricado en Japón sus propios amplificadores, receptores y componentes durante décadas.
Durante los primeros años del nuevo siglo, la empresa intentó encontrar nuevas actividades que pudieran proporcionar ingresos. En octubre de 2002 llegó incluso a entrar en el negocio de los sistemas informáticos, aunque aquella incursión tuvo una vida muy corta y terminó siendo abandonada ante el agravamiento de los déficits. La actividad de Sansui se fue reduciendo progresivamente, mientras diferentes sociedades vinculadas a la compañía eran vendidas o reorganizadas. En 2004, por ejemplo, Sansui Electric adquirió la participación que todavía no controlaba de Sansui Sales Pte. Ltd., una de sus filiales de Singapur.
La evolución de la propia estructura corporativa muestra hasta qué punto se había reducido el tamaño de la compañía. En 1997 Sansui había vendido todas las acciones de su filial estadounidense Sansui Incorporated. En 2001 vendió también las participaciones que conservaba en Sansui International Company Limited, SCIC Limited y Sansui Industrial China Company Limited. Poco después llegó el cierre de la fábrica de Fukushima y, en agosto de 2002, la venta de los terrenos y edificios de aquella instalación.
Aquello tenía un significado mucho mayor que el de una simple operación inmobiliaria. La compañía estaba desprendiéndose de una parte esencial de los activos que habían formado su estructura industrial. El fabricante japonés que había llegado a tener una enorme capacidad productiva estaba reduciendo progresivamente sus instalaciones, sus filiales y sus actividades.
Sin embargo, Sansui Electric no desapareció inmediatamente.
Durante la década siguiente continuó existiendo como sociedad, aunque su actividad fue reduciéndose hasta niveles muy pequeños. La marca Sansui seguía teniendo presencia comercial en diferentes mercados gracias a acuerdos de licencia y a empresas vinculadas al grupo Grande, mientras que la propia sociedad japonesa tenía cada vez menos relación con la fabricación de los productos que llevaban su nombre.
Esta separación entre empresa y marca es fundamental para comprender los últimos años de Sansui. El nombre podía continuar apareciendo en televisores, equipos de audio y otros productos de electrónica de consumo fabricados por diferentes empresas, mientras Sansui Electric sobrevivía como una compañía japonesa con una actividad industrial cada vez más limitada.
En 2010 se produjo otro momento decisivo. Sansui Electric dejó prácticamente en suspenso su actividad de equipos audiovisuales. Para entonces, la empresa ya no podía considerarse un fabricante de alta fidelidad en el sentido tradicional. Su volumen de negocio había descendido hasta niveles extraordinariamente pequeños y la compañía dependía cada vez más de recursos externos y de acuerdos relacionados con la marca.
La situación financiera terminó haciendo imposible continuar indefinidamente de aquella manera.
En abril de 2012, Sansui Electric solicitó ante el Tribunal de Distrito de Tokio la aplicación de la legislación japonesa de rehabilitación civil, un procedimiento destinado a intentar reorganizar una empresa con problemas financieros y evitar su desaparición inmediata. El intento de reconstrucción no consiguió devolver a la compañía a una situación estable. Apenas un mes después, el 3 de mayo, Sansui dejó de cotizar en la Bolsa de Tokio. A finales de ese mismo año, el 27 de diciembre, el procedimiento de rehabilitación civil fue formalmente concluido.
Pero cerrar un procedimiento de rehabilitación no significaba que Sansui hubiera recuperado su antiguo negocio. La compañía seguía arrastrando problemas financieros y disponía de una actividad económica demasiado pequeña para sostener su estructura.
Finalmente, el 9 de julio de 2014 llegó el momento que podemos considerar como la verdadera desaparición jurídica de la Sansui fundada por Kōsaku Kikuchi. El Tribunal de Distrito de Tokio dictó la apertura del procedimiento de quiebra de Sansui Electric Co., Ltd. La empresa tenía entonces unos pasivos de aproximadamente 350 millones de yenes.
La noticia fue recibida en Japón como el final de una compañía histórica. La empresa que había comenzado su actividad en 1944 fabricando transformadores y que se había constituido jurídicamente en 1947 había pasado por casi setenta años de historia industrial antes de llegar a aquel desenlace. Durante décadas había fabricado algunos de los amplificadores más sofisticados de la industria japonesa y había contribuido decisivamente a convertir la alta fidelidad japonesa en una referencia mundial.
Pero cuando llegó aquel 9 de julio de 2014, ya hacía muchos años que aquella Sansui había dejado de existir en el sentido que interesaba a los aficionados.
La desaparición jurídica fue solamente el último acto de un proceso que había comenzado mucho antes.
La primera ruptura había sido financiera, cuando la empresa dejó de poder sostener la estructura industrial que había construido durante su época de expansión. Después llegó la entrada de capital extranjero, las sucesivas reorganizaciones, el cierre de las fábricas japonesas y la separación entre la empresa y la marca. Finalmente, la propia sociedad japonesa quedó reducida a una estructura incapaz de generar los recursos necesarios para continuar.
Por eso, si tuviéramos que escoger una fecha para decir cuándo terminó la Sansui fabricante de alta fidelidad, probablemente tendríamos que mirar hacia 2001-2002, cuando se cerró la fábrica de Sukagawa y se vendieron sus instalaciones. Si hablamos de cuándo terminó la Sansui Electric como sociedad japonesa, la fecha es mucho más precisa: 9 de julio de 2014.
Son dos finales diferentes.
Y entre ambos transcurrieron casi trece años en los que el nombre Sansui siguió circulando por el mundo mientras la empresa que había creado aquel nombre se iba apagando.
Existe además una última ironía en toda esta historia. Sansui consiguió sobrevivir jurídicamente mucho más tiempo que su propia capacidad para fabricar los productos que la habían hecho famosa. El nombre continuó apareciendo en aparatos fabricados por otras empresas y en diferentes mercados, pero la relación directa entre la marca, los ingenieros y las fábricas japonesas se había roto.
La compañía había desaparecido como fabricante mucho antes de desaparecer como sociedad.
Y finalmente, en 2014, desapareció también la sociedad.
Kōsaku Kikuchi había comenzado en 1944 fabricando transformadores porque consideraba que la calidad de los componentes era fundamental para conseguir mejores productos electrónicos. Setenta años después, Sansui Electric dejaba de existir.
Entre ambos extremos había quedado una de las historias más extraordinarias de la electrónica japonesa: la de una pequeña empresa de transformadores que terminó fabricando amplificadores como el AU-919, el AU-X1, el AU-X901, el AU-α907 y el B-2105 MOS Vintage; una compañía capaz de convertir la investigación electrónica en una seña de identidad propia y de competir durante décadas con los mayores fabricantes del mundo.
Su desaparición empresarial no borra esa historia.
Al contrario.
Hace que resulte todavía más extraordinario que una empresa que empezó siendo un pequeño fabricante de transformadores llegara tan lejos.
Y ahora sí podemos cerrar la primera parte de esta historia.
Porque después de seguir a Sansui desde aquel pequeño taller de Tokio hasta su desaparición como empresa, llega el momento de detenernos en aquello que explica por qué su nombre sigue teniendo tanta fuerza entre los aficionados: los equipos que construyeron su leyenda.

Parte 2: Los Sansui que hicieron historia.
Todas las fotos que vais a ver han sido cedidas por Silvio Pomar de Hifiman. Silvio lleva toda una vida dedicada al audio. A lo largo de su carrera profesional ha tenido prácticamente todos los modelos de Sansui, algunos de los cuales pasaron a formar parte de su colección personal.
El Sansui G-33000: cuando un receptor necesitaba dos chasis
Si hubo una época en la que los grandes receptores estéreo llegaron a convertirse en auténticas declaraciones de intenciones, el Sansui G-33000 ocupa un lugar muy especial. Presentado en 1978, este gigantesco receptor representaba la culminación de una filosofía que Sansui había desarrollado durante toda la década: no conformarse con reunir en un mismo aparato un sintonizador, un previo y una etapa de potencia, sino llevar cada una de esas secciones hasta un nivel de construcción y prestaciones comparable al de componentes separados. El resultado fue tan descomunal que Sansui decidió dividir físicamente el aparato en dos unidades: por un lado, el sintonizador-preamplificador y, por otro, la etapa de potencia. Cuando ambas secciones se unían, formaban un único receptor de unas dimensiones realmente extraordinarias.
La cifra que más impresiona es, naturalmente, la potencia. El G-33000 estaba especificado en 300 vatios RMS por canal sobre 8 ohmios, con los dos canales funcionando simultáneamente y una distorsión armónica total inferior al 0,009 % entre 5 Hz y 20 kHz. Pero la potencia era solamente una parte de lo que Sansui quería demostrar. El amplificador utilizaba una arquitectura de corriente continua (Straight DC) y alcanzaba una velocidad de respuesta de 175 V/µs, una cifra extraordinariamente elevada para un receptor estéreo de la época. Su respuesta especificada desde la entrada principal llegaba además hasta los 300 kHz, mientras que la propia documentación comercial destacaba la rapidez de respuesta del diseño como una de sus principales características.
La división en dos chasis tampoco era una simple solución para facilitar el transporte de un aparato gigantesco. La sección de amplificación constituía prácticamente un amplificador de potencia independiente, con su propia alimentación, mientras que la otra unidad reunía el sintonizador y las funciones de previo. De esta manera, Sansui podía mantener separadas físicamente las partes más sensibles de la electrónica de señal y, al mismo tiempo, concentrar en una unidad específica toda la alimentación y la electrónica necesaria para entregar semejante potencia. El conjunto alcanzaba los 45,4 kg, de los que aproximadamente 29,3 kg correspondían a la sección de amplificación y 16,1 kg al sintonizador-preamplificador.
El resultado era un aparato de unas dimensiones que hoy cuesta incluso imaginar para un receptor doméstico: 636 mm de anchura, 227 mm de altura y 553 mm de profundidad cuando las dos secciones estaban unidas. Sansui había conseguido fabricar un receptor que, por concepto, podía desempeñar el papel de un sistema de previo, sintonizador y etapa de potencia independientes, pero que conservaba la comodidad de manejo y la integración de un único componente. En la práctica, incluso ofrecía una ventaja inesperada: las dos secciones podían separarse, de modo que la etapa de potencia podía instalarse fuera de la vista mientras el sintonizador-preamplificador permanecía en el mueble del equipo.
La sección de sintonización y previo estaba igualmente lejos de ser un simple complemento de la etapa. El G-33000 incorporaba dos entradas de phono, controles de tono de tres bandas con frecuencias de corte seleccionables, filtros subsónico y de agudos, loudness, dos anchos de banda seleccionables tanto para FM como para AM, controles de muting, mezcla de micrófono y funciones para trabajar con dos sistemas de altavoces. También disponía de dos grandes vúmetros para la etapa de potencia y de indicadores independientes para la señal y la sintonía, todo ello integrado en un frontal de dimensiones acordes con el resto del aparato.
El G-33000 pertenece, por tanto, a una generación de receptores que resulta difícil de comparar con los actuales. Hoy solemos asociar un receptor estéreo con un aparato relativamente compacto al que se conectan unas cajas acústicas, pero durante los años setenta los modelos de gama alta podían convertirse en auténticos centros de control del equipo doméstico. Sansui llevó esa idea hasta uno de sus extremos: el G-33000 no era solamente un receptor con mucha potencia, sino un intento de reunir en un único sistema las prestaciones, la construcción y la filosofía de un conjunto de alta fidelidad separado.
Y precisamente por eso resulta tan interesante contemplarlo por dentro. Tras ese frontal gigantesco no había simplemente una colección de componentes sobredimensionados para impresionar al comprador, sino una arquitectura coherente con la obsesión de Sansui por la alimentación, la velocidad de respuesta y la reducción de los errores introducidos por la propia electrónica. El G-33000 aparece así como uno de los mejores ejemplos de aquella etapa de la compañía en la que la ingeniería parecía no aceptar demasiados límites: si un receptor podía construirse como dos aparatos, utilizar una etapa de 300 vatios por canal y llevar su arquitectura hasta el territorio de los grandes amplificadores independientes, Sansui estaba dispuesta a hacerlo.





Sansui G-7500: la gama media-alta que tenía muy poco de pequeña
Después de encontrarnos con el gigantesco G-33000, podría parecer que todos los grandes receptores de Sansui de aquella época tenían que ser necesariamente enormes. Nada más lejos de la realidad. El G-7500 pertenece a una categoría inferior dentro de la extensa familia de receptores de la marca, pero basta con contemplarlo para comprobar que en aquellos años incluso un modelo que no ocupaba la cima de la gama podía ser un aparato imponente. Lanzado para la generación de 1978-1979, el G-7500 ofrecía 90 vatios RMS por canal sobre 8 ohmios, con ambos canales funcionando simultáneamente y una distorsión armónica total inferior al 0,025 %.
Conviene aclarar además una confusión que se ha repetido durante años alrededor de esta pareja de modelos. Aunque el G-7500 y el G-7000 presentan un aspecto muy parecido, no son el mismo receptor vendido con diferentes nombres según el mercado. El G-7000 pertenecía a la generación G-x000, mientras que el G-7500 formaba parte de la siguiente serie G-x500. En Europa, el G-7000 tuvo además su correspondiente versión denominada G-701, lo que ayuda a explicar por qué aparecen diferentes referencias cuando se consultan catálogos y bases de datos de Sansui. El G-7500, en cambio, es un modelo propio, situado entre generaciones y con sus propias especificaciones.
Eso no significa que el G-7500 fuese un receptor sencillo. Su denominación puede hacer pensar que se encontraba en una zona intermedia de la extensa gama Sansui, pero la construcción y las prestaciones seguían estando claramente por encima de lo que hoy asociaríamos con un equipo doméstico convencional. Sus 17,2 kg de peso, repartidos en un chasis de 505 milímetros de anchura, 182 de altura y 409 de profundidad, dejan claro desde el primer momento que estamos ante un componente construido en una época en la que un receptor estéreo podía ser el auténtico centro de un sistema de alta fidelidad.
El G-7500 utilizaba una arquitectura de amplificación en corriente continua, identificada por Sansui como Pure Power DC, y sus especificaciones reflejan la filosofía que la compañía había desarrollado durante la década anterior. La respuesta en frecuencia alcanzaba de 5 Hz a 50 kHz, la velocidad de respuesta era de 60 V/µs y el tiempo de subida se situaba en 1,4 microsegundos. Son cifras que, aunque no cuentan por sí solas cómo suena un amplificador, muestran hasta qué punto Sansui estaba preocupada por conseguir una electrónica rápida y con un comportamiento lineal mucho más allá del margen audible.
La sección de previo tampoco era un simple complemento de la etapa de potencia. El G-7500 incorporaba entrada de fono para cápsulas MM, entrada de micrófono, entradas de línea y conexiones DIN, además de monitorización de cinta y controles y filtros destinados a adaptar la reproducción a diferentes fuentes y condiciones de escucha. El panel frontal reunía también los característicos indicadores de potencia y sintonía, mientras que la sección de radio ofrecía recepción de FM y onda media. Era, en definitiva, un equipo concebido para centralizar buena parte del sistema de música doméstico en un solo chasis.
Y aquí es donde el G-7500 resulta especialmente interesante dentro de nuestra historia. No hace falta que un Sansui sea un AU-20000, un G-33000 o una etapa de varias decenas de kilos para representar la filosofía de la marca. Una parte enorme del éxito de Sansui durante los años setenta estuvo precisamente en conseguir trasladar muchos de los principios desarrollados en sus modelos superiores a equipos que podían llegar a un público mucho más amplio. El G-7500 pertenece a esa categoría: no pretende ser el aparato definitivo de la marca, pero sí ofrecer una combinación de potencia, construcción, funciones y presencia que, para un aficionado de finales de los setenta, convertía al receptor en una pieza central del equipo.
Comparado con el G-33000 que acabamos de ver, la diferencia resulta evidente. El gigantesco buque insignia llevaba la idea de receptor hasta un extremo casi absurdo, separando incluso físicamente la sección de potencia del sintonizador-preamplificador. El G-7500 era mucho más convencional y podía vivir perfectamente como una única unidad sobre un mueble, pero conservaba algo de aquella misma filosofía: un receptor no tenía por qué ser un compromiso entre comodidad y alta fidelidad. Podía ser, sencillamente, un auténtico amplificador estéreo de calidad al que Sansui había añadido un sintonizador y las funciones necesarias para convertirlo en el corazón de un sistema completo.
Por eso, aunque dentro del catálogo de Sansui el G-7500 no pueda considerarse uno de los gigantes absolutos de la marca, verlo hoy junto a aquellos enormes receptores de los años setenta permite entender mejor hasta dónde había llegado aquella categoría de producto. 17 kilos, 90 vatios por canal y medio metro de anchura no eran entonces una extravagancia: eran la forma que podía adoptar un receptor de gama alta para un aficionado que quería tenerlo todo en un solo aparato. Y Sansui fabricó muchos modelos así antes de que aquella época de grandes receptores comenzara a desaparecer.


Sansui G-8700DB: el receptor que empezó a mirar hacia el futuro
Si el G-33000 representa el extremo más espectacular de la filosofía Sansui y el G-7500 demuestra hasta dónde podía llegar un receptor que no ocupaba la cima de la gama, el G-8700DB introduce algo diferente: la transición hacia una nueva generación de equipos en la que la información digital empieza a convivir con los elementos tradicionales del receptor estéreo. Fabricado a partir de 1979, este enorme Sansui conservaba el característico dial analógico iluminado y su puntero mecánico, pero añadía un indicador digital de frecuencia y sustituía los tradicionales vúmetros de aguja por dos grandes columnas de LED para mostrar el nivel de potencia. El manual de servicio confirma que el aparato combinaba el mecanismo de dial convencional con un fluorescent display unit y un conjunto independiente de indicadores LED.
La combinación resulta especialmente llamativa porque no intenta ocultar una tecnología detrás de la otra. Al contrario: el usuario podía seguir viendo físicamente cómo se desplazaba el puntero sobre la escala de FM mientras, al mismo tiempo, una lectura digital indicaba con precisión la frecuencia seleccionada. Era una solución muy característica de aquellos años, cuando la electrónica digital comenzaba a introducirse en los equipos de alta fidelidad pero todavía convivía con mecanismos analógicos que habían formado parte de los receptores durante décadas. En el G-8700DB, esa convivencia se convierte incluso en uno de sus principales rasgos estéticos.
Y detrás de aquella nueva presentación había también una electrónica considerable. El G-8700DB pertenecía a la familia Pure Power DC de Sansui y entregaba 160 vatios RMS por canal sobre 8 ohmios, con ambos canales funcionando entre 20 Hz y 20 kHz y una distorsión armónica total inferior al 0,025 %. Su respuesta de frecuencia desde las entradas de línea alcanzaba de 5 Hz a 80 kHz, mientras que la etapa de potencia tenía una respuesta que se extendía desde corriente continua hasta 200 kHz. La velocidad de respuesta era de 76 V/µs y el tiempo de subida de 1,4 microsegundos.
Esas cifras permiten entender que el G-8700DB no era simplemente un receptor al que Sansui hubiese añadido un display digital para modernizar su aspecto. La compañía seguía aplicando en él buena parte de la filosofía de amplificación que había desarrollado durante los años anteriores. La alimentación y la sección de potencia tenían que ser capaces de manejar una cifra de 160 vatios por canal, mientras que el diseño de corriente continua y la elevada velocidad de respuesta reflejaban aquella búsqueda de Sansui por conseguir amplificadores rápidos y con una respuesta lineal muy amplia.
La sección de previo también estaba a la altura. El G-8700DB disponía de dos entradas de phono, dos bucles de grabación, entradas de línea y micrófono, controles independientes de graves, medios y agudos, filtro subsónico, filtro de agudos, loudness y muting. En la parte de radio, el sintonizador cubría FM y AM y añadía funciones como selección del ancho de banda de FI, reducción de ruido en FM y Dolby para emisiones FM compatibles. No era, por tanto, un amplificador al que se hubiera incorporado un sintonizador como función secundaria: seguía siendo un receptor concebido como centro de un sistema completo.
Sus dimensiones ayudan a comprender la categoría a la que pertenecía. Con aproximadamente 56 centímetros de anchura, 20 centímetros de altura y casi 48-50 centímetros de profundidad, según la documentación consultada, y un peso cercano a los 22 kilos, el G-8700DB tenía una presencia física considerable. Pero quizá sea precisamente esa combinación entre tamaño, potencia y tecnología la que mejor explica por qué resulta tan representativo. Ya no estamos ante la estética puramente analógica de los grandes receptores de comienzos de los setenta, pero tampoco ante un aparato que haya abandonado aquella estética para abrazar por completo lo digital.
El cambio se aprecia especialmente en sus indicadores. Durante años, los grandes receptores habían utilizado agujas que se desplazaban sobre escalas graduadas para mostrar el nivel de señal o la potencia. El G-8700DB sustituye esa imagen por dos columnas luminosas de LED, capaces de mostrar visualmente el nivel de salida de cada canal. Es un cambio pequeño desde el punto de vista funcional, pero enorme desde el punto de vista visual: las agujas pertenecían a una generación de equipos; aquellas columnas luminosas anunciaban la siguiente.
También resulta significativo que el display digital no sustituya al dial analógico. Sansui conserva ambos sistemas porque cada uno aporta algo diferente: la escala permite visualizar de manera continua la posición del sintonizador y el recorrido de la banda, mientras que la lectura digital ofrece una referencia numérica mucho más precisa. Es una solución que hoy puede parecernos redundante, pero que en 1979 representaba perfectamente el momento tecnológico que estaba viviendo la electrónica de consumo: lo digital llegaba a los equipos de alta fidelidad sin borrar todavía todo aquello que había hecho reconocible a un receptor tradicional.
Por eso el G-8700DB es un magnífico punto final para nuestra pequeña selección de receptores Sansui. No es necesario recorrer decenas de modelos para comprender la evolución de esta categoría. El G-33000 nos ha mostrado hasta dónde podía llegar la obsesión por el tamaño, la potencia y la construcción; el G-7500 nos ha enseñado que incluso un modelo situado más abajo en la gama podía ser un aparato extraordinariamente serio; y el G-8700DB nos deja justo en el umbral de otra época, cuando los displays digitales, el cuarzo y los indicadores LED comenzaban a cambiar la estética de los equipos de alta fidelidad sin que Sansui hubiera renunciado todavía a sus enormes chasis ni a sus grandes etapas de potencia.
Y quizá por eso, visto hoy, resulta tan difícil no quedarse mirándolo. Es mitad receptor clásico y mitad anuncio de lo que estaba a punto de llegar. Una pieza que pertenece todavía a los años setenta, pero que ya parece saber que los ochenta están a la vuelta de la esquina.


Sansui Definition Series: cuando Sansui llevó su filosofía al extremo
Si los grandes receptores muestran hasta dónde podía llegar Sansui cuando quiso convertir un equipo completo en una sola máquina, la Definition Series representa la otra cara de aquella filosofía: separar las funciones y construir cada componente sin demasiadas concesiones. Presentada en 1975, la serie nació alrededor del preamplificador CA-3000 y las etapas de potencia BA-3000 y BA-5000, a las que posteriormente se incorporaron otros componentes de referencia. Sansui no estaba creando simplemente una gama de amplificadores caros, sino una declaración de intenciones frente a los fabricantes que comenzaban a competir en el territorio más exclusivo de la alta fidelidad japonesa.
La propia publicidad de Sansui de 1975 utilizaba un lenguaje que dejaba muy clara la intención de la compañía: hablaba de una aproximación «uncompromising» al diseño de componentes de alta potencia y presentaba la Definition Series como una gama concebida para ofrecer prestaciones que permanecieran estables durante toda la vida útil del aparato. Detrás de aquella retórica había además una construcción realmente ambiciosa: transformadores de alimentación toroidales, múltiples transistores de salida y circuitos de protección destinados a permitir que las etapas trabajasen con grandes niveles de potencia de forma sostenida.
Y aquí las fotografías de Silvio adquieren un valor especial. Los grandes paneles en acabado oscuro, los enormes instrumentos y la construcción interior permiten apreciar una Sansui muy diferente de la que encontramos en los receptores G-series. Ya no se trata de ofrecer muchas funciones en un único aparato, sino de dedicar espacio, alimentación y componentes a que cada parte del sistema pueda hacer su trabajo de la mejor manera posible.
Sansui CA-3000: el centro de control
El CA-3000 era el corazón de la primera Definition Series. Se trataba de un preamplificador completamente independiente, diseñado para trabajar con las etapas BA-3000 y BA-5000, y su planteamiento dejaba claro que Sansui no quería que la ausencia de una etapa de potencia integrada significase renunciar a la sofisticación. Sus especificaciones incluían una respuesta en frecuencia de 10 Hz a 100 kHz, con una desviación máxima de ±0,5 dB, una distorsión armónica total del 0,03 % y una separación entre canales de 60 dB. El precio de lanzamiento en Estados Unidos fue de 699,95 dólares.
Más allá de las cifras, lo interesante del CA-3000 era la cantidad de posibilidades de control que ofrecía. Disponía de dos entradas de phono, entradas de línea, múltiples conexiones para grabación y monitorización, controles de graves, medios y agudos, filtros de bajas y altas frecuencias y funciones de muting. Sansui pretendía que el propietario pudiera construir alrededor de él un sistema completo y adaptar con precisión la reproducción a sus fuentes y necesidades.
La construcción también estaba a la altura de su posición. Las placas electrónicas eran extraíbles y utilizaban conectores dorados, una solución que facilitaba tanto el montaje como el mantenimiento y que hoy resulta especialmente interesante cuando se observa uno de estos aparatos varias décadas después. El chasis, además, no era precisamente discreto: 460 mm de anchura, 178 mm de altura y 373 mm de profundidad, con unos 13,3 kg de peso. Era un preamplificador concebido para ocupar un lugar protagonista en un sistema de alta fidelidad, no un accesorio escondido detrás de la etapa.
Y quizá lo más interesante sea que el CA-3000 no debe entenderse aisladamente. Su verdadero significado aparece cuando lo colocamos junto a las etapas que Sansui desarrolló para él. El BA-3000 ofrecía 170 vatios por canal, mientras que el gigantesco BA-5000 alcanzaba 300 vatios por canal, ambos con los dos canales funcionando simultáneamente. En el caso del BA-5000, además, Sansui especificaba funcionamiento estéreo con cargas de 2, 4 y 8 ohmios y la posibilidad de trabajar en mono hasta alcanzar 600 vatios.


Sansui BA-3000: 170 vatios en una etapa de referencia
El BA-3000 ocupaba la posición intermedia de aquellas primeras etapas Definition, pero llamarlo simplemente «el pequeño» sería bastante engañoso. Sus 170 vatios RMS por canal y su capacidad para entregar 340 vatios en configuración mono lo colocaban directamente en el territorio de los amplificadores de alta potencia de la época. Su distorsión armónica especificada era inferior al 0,05 % y la respuesta de frecuencia alcanzaba de 5 Hz a 100 kHz. Pesaba aproximadamente 22,6 kg.
El diseño de la etapa seguía la misma filosofía que presidía toda la serie: una alimentación sobredimensionada, múltiples transistores de salida y una construcción pensada para soportar cargas exigentes. La documentación de Sansui insistía precisamente en la capacidad de estas etapas para mantener su potencia de forma constante, algo que explica también sus grandes transformadores y su importante masa. No era potencia concebida únicamente para impresionar en una ficha técnica: el objetivo era disponer de margen suficiente para controlar cajas acústicas difíciles sin que el amplificador tuviera que trabajar continuamente al límite.


Sansui BA-5000: cuando 300 vatios ya no parecían suficientes
Y entonces llegamos al BA-5000, uno de los amplificadores de potencia más espectaculares que Sansui construyó durante los años setenta. Sus 300 vatios RMS por canal sobre 2, 4 y 8 ohmios, con ambos canales funcionando simultáneamente, lo situaban en una categoría en la que muy pocos amplificadores domésticos podían competir. En mono podía alcanzar 600 vatios, y la propia documentación de la época destacaba sus dos grandes instrumentos de potencia, sus tres circuitos de protección y su sistema de ventilación forzada.
El BA-5000 pesaba aproximadamente 49 kg y estaba preparado incluso para instalación en rack, con una anchura estándar de 19 pulgadas. En 1975 su precio estadounidense era de 1.299,95 dólares, una cantidad que lo colocaba claramente en la zona de los componentes de referencia.
Pero quizá lo que mejor define al BA-5000 es que Sansui no se limitó a aumentar la potencia del BA-3000. El aparato estaba pensado como una auténtica etapa profesional de alta fidelidad adaptada al entorno doméstico, con transformadores toroidales destinados a reducir el flujo magnético disperso, numerosos transistores de salida y una alimentación capaz de sostener semejante demanda. Cuando se observa su construcción, resulta fácil entender por qué se convirtió en uno de los Sansui más reconocibles de aquella época.


Sansui AU-20000: toda la Definition Series en un solo chasis
El AU-20000 es especialmente interesante porque permite cerrar el círculo. Si el CA-3000 y el BA-3000 representaban la filosofía de separar las funciones, Sansui decidió demostrar que también podía integrar aquella arquitectura en un único amplificador. El resultado fue un aparato de 170 vatios por canal, construido conceptualmente alrededor del preamplificador CA-3000 y la etapa BA-3000, aunque con diferencias en la sección de previo.
Con sus aproximadamente 23,6 kg, 460 mm de anchura y 400 mm de profundidad, el AU-20000 era un amplificador integrado de proporciones considerables. Ofrecía 170 vatios por canal sobre 4 y 8 ohmios, además de 85 vatios sobre 16 ohmios, con una distorsión armónica especificada inferior al 0,05 %. Su precio estadounidense rondaba los 1.000 dólares en la segunda mitad de los setenta.
Su importancia dentro de la historia de Sansui va más allá de sus cifras. El AU-20000 demuestra que la compañía estaba desarrollando simultáneamente dos estrategias: por un lado, los sistemas separados de máxima sofisticación; por otro, amplificadores integrados capaces de incorporar buena parte de aquella tecnología en un único aparato. No era una contradicción, sino dos maneras diferentes de responder a un mismo objetivo: conseguir que la electrónica de amplificación dejara de ser el elemento limitante del sistema.


Sansui AU-11000: la alta fidelidad de referencia en formato integrado
El AU-11000 pertenece a una generación posterior y comparte buena parte de la filosofía de la Definition Series, aunque dentro de la denominación que Sansui empleó posteriormente para su gama Professional. Con 110 vatios por canal, una distorsión armónica inferior al 0,05 % y una respuesta que alcanzaba los 80 kHz en la versión AU-11000A, era un amplificador integrado situado claramente en la parte alta del catálogo. La arquitectura interna separaba las funciones de previo y potencia dentro del mismo chasis, buscando reducir las interferencias entre ambas secciones.
Precisamente por eso, el AU-11000 resulta un magnífico puente entre los grandes amplificadores de la primera mitad de los setenta y la siguiente generación de Sansui. Su potencia era inferior a la del AU-20000, pero la compañía había aprendido mucho durante aquellos años y podía concentrar en un aparato de dimensiones relativamente contenidas una arquitectura cada vez más sofisticada. El posterior AU-11000A mantuvo los 110 vatios por canal y recibió diversas modificaciones internas, mientras que Sansui desarrollaba en paralelo los componentes separados CA-2000 y BA-2000.
Vista en conjunto, esta familia explica mucho mejor que una sucesión de modelos aislados lo que estaba ocurriendo en Sansui durante la segunda mitad de los años setenta. El CA-3000 representaba el control, el BA-3000 la potencia, el BA-5000 llevaba esa potencia hasta un territorio casi desproporcionado y el AU-20000 demostraba que ambas filosofías podían convivir dentro de un único chasis. El AU-11000, por su parte, anticipaba la siguiente evolución de la marca.
Y aquí merece la pena detenernos un momento, porque estas máquinas ayudan a comprender por qué la Sansui de aquella época llegó a adquirir una reputación tan extraordinaria. No fue únicamente cuestión de fabricar amplificadores muy potentes. Fue la combinación de arquitectura, alimentación, construcción mecánica y una obsesión casi ingenieril por eliminar las limitaciones del propio amplificador. Eso es precisamente lo que iremos viendo cuando aparezcan en nuestra colección otros AU, BA y C de la marca.

Una colección que seguirá creciendo
Esta segunda parte del recorrido por la historia de Sansui no termina aquí. Las fotografías conservadas en el archivo de Silvio Pomar permiten mostrar muchos más modelos de la marca, pero intentar incorporarlos todos de una sola vez haría que este recorrido perdiera precisamente aquello que queremos conservar: una lectura cómoda y un acercamiento pausado a los equipos que contribuyeron a construir la historia de Sansui.
Por ello, iremos ampliando progresivamente esta sección durante las próximas semanas, incorporando nuevos modelos y fotografías de aquellos Sansui que, por su importancia histórica, sus características técnicas o su particular interés, merezcan formar parte de este recorrido. De esta manera podremos ir completando poco a poco una colección fotográfica representativa de los equipos más relevantes de la marca, sin necesidad de convertir el artículo en un interminable catálogo de modelos.
Como puedes ver al comienzo de la página, el índice permite acceder directamente a cada uno de los bloques y modelos incluidos en este recorrido. A medida que la colección vaya creciendo, se incorporarán nuevas entradas al índice para que resulte sencillo localizar cualquier aparato concreto sin tener que recorrer toda la página.
La historia de Sansui fue demasiado extensa y dejó demasiadas máquinas interesantes como para poder reunirlas todas en un solo día. Esta parte del artículo crecerá con el tiempo, igual que lo hizo el catálogo de la propia Sansui, y cada nueva incorporación nos permitirá descubrir otra pieza de aquella extraordinaria etapa de la alta fidelidad japonesa.
Galería de fotos
Fotografías propiedad de Silvio Pomar (Hifiman). Todos los derechos reservados.


































Que gran trabajo de investigación,cuanta información y datos desconocidos para mi.
Sansui se ganó un lugar de privilegio que pocas marcas logran.
Felicitaciones Miguel.
Celebro que te guste ¡Muchas gracias Ariel! 😊