La frecuencia de refresco es una de las características que influye en la forma en que percibimos el movimiento en una pantalla. Se expresa en hercios (Hz) e indica cuántas veces por segundo es capaz de actualizarse la imagen. Este concepto es especialmente importante en televisores, monitores y videojuegos, aunque también suele confundirse con otros aspectos como la tasa de fotogramas o la latencia. En esta guía explicamos qué es la frecuencia de refresco, cómo funciona y por qué puede marcar diferencias en la experiencia de visualización y juego.

¿Qué es la frecuencia de refresco?
La frecuencia de refresco indica el número de veces que una pantalla puede actualizar la imagen en un segundo. Se expresa en hercios (Hz), una unidad que representa ciclos o repeticiones por segundo.
Por ejemplo, una pantalla de 60 Hz puede actualizar la imagen hasta 60 veces por segundo, mientras que una de 120 Hz puede hacerlo hasta 120 veces. Cuanto mayor es esta frecuencia, menor es el tiempo que transcurre entre una actualización y la siguiente.
La frecuencia de refresco es una característica importante en televisores, monitores y otros dispositivos con pantalla, ya que influye en su capacidad para mostrar imágenes en movimiento. Sin embargo, no debe confundirse con los fotogramas por segundo (FPS), la latencia o el tiempo de respuesta, ya que cada uno de estos conceptos mide un aspecto diferente del funcionamiento de una pantalla.
¿Cómo funciona la frecuencia de refresco?
Para mostrar imágenes en movimiento, una pantalla debe actualizar continuamente la información que aparece en ella. La frecuencia de refresco indica cuántas veces puede realizar esa actualización durante un segundo.
Una pantalla de 60 Hz, por ejemplo, puede actualizar la imagen 60 veces cada segundo. Esto significa que entre una actualización y la siguiente transcurren aproximadamente 16,67 milisegundos. En una pantalla de 120 Hz, las actualizaciones pueden producirse 120 veces por segundo, por lo que ese intervalo se reduce a unos 8,33 milisegundos.
Estas actualizaciones se producen de forma tan rápida que percibimos una sucesión continua de imágenes en movimiento. Sin embargo, para aprovechar una frecuencia de refresco determinada también es importante la señal que recibe la pantalla, ya que no siempre tendrá disponible una imagen nueva para mostrar en cada actualización.
Por este motivo, una pantalla de 120 Hz no necesariamente muestra 120 imágenes diferentes cada segundo. Para entender esta diferencia es necesario distinguir entre la frecuencia de refresco de una pantalla y los fotogramas por segundo, un concepto estrechamente relacionado pero diferente.
Frecuencia de refresco y fotogramas por segundo: ¿son lo mismo?
No. Aunque ambos conceptos están relacionados con la forma en que percibimos el movimiento en una pantalla, la frecuencia de refresco y los fotogramas por segundo (FPS) miden cosas diferentes.
La frecuencia de refresco, expresada en hercios (Hz), indica cuántas veces por segundo puede actualizarse una pantalla. Los fotogramas por segundo (FPS) indican cuántas imágenes diferentes genera cada segundo la fuente de vídeo, como un ordenador, una consola o una cámara.
Por ejemplo, si conectamos una consola que genera un juego a 60 FPS a un televisor de 120 Hz, la consola está produciendo hasta 60 fotogramas diferentes cada segundo, mientras que el televisor tiene capacidad para actualizar su imagen hasta 120 veces durante ese mismo periodo. La pantalla tiene, por tanto, capacidad suficiente para recibir y mostrar esos 60 fotogramas, pero disponer de 120 Hz no hace que el juego pase automáticamente a funcionar a 120 FPS.
La situación también puede darse al contrario. Si un ordenador genera un juego a 144 FPS pero está conectado a una pantalla de 60 Hz, el monitor no puede actualizarse 144 veces por segundo. Su frecuencia de refresco limita la cantidad de fotogramas que puede mostrar.
Por eso, para aprovechar una frecuencia de refresco elevada es necesario que la fuente de imagen pueda proporcionar una cantidad de fotogramas adecuada. En un sistema de videojuegos, por ejemplo, intervienen conjuntamente la capacidad de la consola o del ordenador, el propio juego, la conexión entre el dispositivo y la pantalla y la frecuencia de refresco del televisor o monitor.
Frecuencias de refresco más habituales
A lo largo de la historia de las pantallas se han utilizado diferentes frecuencias de refresco. Algunas están relacionadas con los estándares de televisión y vídeo, mientras que otras se han popularizado especialmente en monitores de ordenador y dispositivos destinados a videojuegos.
24 Hz
Los 24 Hz están estrechamente relacionados con el cine. Las películas se han registrado y reproducido tradicionalmente a 24 fotogramas por segundo, una frecuencia que sigue siendo habitual en contenidos cinematográficos.
En este caso conviene distinguir entre los 24 FPS del contenido y los 24 Hz de una pantalla: los primeros indican la cantidad de fotogramas que contiene la señal, mientras que los segundos hacen referencia a la frecuencia con la que la pantalla puede actualizarse.
50 Hz
Los 50 Hz tienen una relación histórica con los sistemas de televisión utilizados en buena parte de Europa y otras regiones. Durante décadas, las emisiones de televisión estuvieron vinculadas a redes eléctricas de 50 Hz y a estándares de vídeo basados en esta frecuencia.
Aunque los televisores actuales son mucho más flexibles y pueden trabajar con diferentes frecuencias y formatos de señal, los 50 Hz siguen formando parte de la historia y de determinadas señales de vídeo.
60 Hz
Los 60 Hz se convirtieron en una de las frecuencias más extendidas en televisores, monitores y dispositivos electrónicos, especialmente en mercados cuyos sistemas de televisión tradicional estaban basados en 60 Hz.
Durante muchos años, un televisor o monitor de 60 Hz fue lo habitual para el uso doméstico y continúa siendo una frecuencia suficiente para muchas tareas, como navegar por internet, trabajar, ver televisión o reproducir buena parte de los contenidos audiovisuales.
120 Hz
Los 120 Hz se han convertido en una frecuencia especialmente relevante en los televisores y monitores actuales.
Una pantalla de 120 Hz puede actualizar su imagen hasta 120 veces por segundo y ofrece el doble de actualizaciones que una pantalla de 60 Hz. Esto puede resultar especialmente interesante para videojuegos compatibles con frecuencias elevadas y para determinados sistemas de procesamiento y reproducción de vídeo.
En televisores, además, los 120 Hz pueden facilitar la gestión de diferentes frecuencias de entrada y determinados contenidos cinematográficos y televisivos.
144 Hz
Los 144 Hz se popularizaron especialmente en los monitores destinados a ordenadores y videojuegos.
Ofrecen una frecuencia superior a 120 Hz y permiten actualizar la imagen hasta 144 veces por segundo. Para aprovecharlos en un videojuego, el ordenador también debe ser capaz de generar una cantidad elevada de fotogramas por segundo.
Por eso, una pantalla de 144 Hz no convierte por sí misma un juego de 60 FPS en uno de 144 FPS. La frecuencia de refresco determina lo que puede hacer la pantalla, mientras que los FPS dependen de la fuente que genera las imágenes.
240 Hz y frecuencias superiores
Las frecuencias de 240 Hz, 360 Hz, 500 Hz y superiores se encuentran principalmente en determinados monitores de ordenador orientados al gaming.
En estos casos, cada actualización se produce en un intervalo de tiempo muy reducido. Sin embargo, aprovechar realmente una frecuencia tan elevada requiere que el ordenador y el propio videojuego sean capaces de generar una cantidad de fotogramas suficientemente alta.
Además, la diferencia perceptible entre frecuencias cada vez mayores no aumenta de forma proporcional. Pasar de 60 a 120 Hz supone reducir a la mitad el intervalo entre actualizaciones, mientras que pasar de 120 a 240 Hz vuelve a reducirlo a la mitad, pero la diferencia absoluta en milisegundos es menor.
Por tanto, una mayor frecuencia de refresco puede aportar ventajas, pero su utilidad depende del dispositivo, del contenido y del uso que vayamos a darle. No existe una frecuencia de refresco que sea la mejor para todas las situaciones.
¿Por qué una frecuencia de refresco más alta puede mejorar la fluidez?
Cuando vemos un movimiento en una pantalla, en realidad estamos viendo una sucesión de imágenes que se muestran una detrás de otra. Cuanto menor sea el intervalo entre esas actualizaciones, más frecuentemente puede cambiar la imagen que aparece en pantalla y, en determinadas condiciones, más fluido puede parecer el movimiento.
La diferencia se aprecia al comparar distintas frecuencias. Una pantalla de 60 Hz dispone de unos 16,67 milisegundos entre actualizaciones, mientras que una de 120 Hz reduce ese intervalo hasta aproximadamente 8,33 milisegundos. Con 120 Hz, por tanto, la pantalla tiene el doble de oportunidades para actualizar la imagen durante el mismo periodo de tiempo.
Esto puede resultar especialmente apreciable en movimientos rápidos, desplazamientos de cámara o videojuegos. Cuando el contenido proporciona suficientes fotogramas, una frecuencia de refresco elevada permite mostrar esos cambios con mayor frecuencia y puede hacer que el movimiento se perciba más continuo.
Sin embargo, aumentar los Hz no garantiza por sí solo una mayor fluidez. Si la fuente de vídeo solo genera 60 FPS, una pantalla de 120 Hz no dispone de 120 imágenes diferentes por segundo para mostrar. Del mismo modo, otros factores como el tiempo de respuesta del panel, la sincronización entre los fotogramas y la pantalla o el procesamiento de la imagen también influyen en el resultado final.
Por eso, la frecuencia de refresco debe entenderse como la capacidad de la pantalla para actualizar la imagen, y no como una garantía de que cualquier contenido vaya a verse automáticamente más fluido. Para aprovechar una frecuencia elevada, debe existir también una señal capaz de proporcionar suficientes fotogramas.
¿Qué es la latencia?
La latencia es el tiempo que transcurre entre el momento en que se produce una acción, se envía una señal o se genera una información y el momento en que esa acción o información llega a su destino o produce un efecto. Se suele expresar en milisegundos (ms), por lo que una latencia más baja significa, en general, un menor retraso.
El concepto puede aplicarse a diferentes situaciones. En una conexión a internet, por ejemplo, la latencia indica cuánto tarda un paquete de datos en viajar hasta un servidor y recibir respuesta. En un videojuego online, una latencia elevada puede hacer que las acciones del jugador tarden más en reflejarse en el juego. En una pantalla, por otro lado, podemos hablar de latencia de entrada o input lag para referirnos al tiempo que transcurre entre una acción realizada con un mando, teclado o ratón y su representación en la imagen.
Por tanto, latencia y velocidad de conexión no son lo mismo. Una conexión puede ofrecer una gran cantidad de datos por segundo y, al mismo tiempo, presentar una latencia relativamente elevada. Del mismo modo, aumentar la velocidad contratada de fibra no necesariamente reduce el retraso que introduce un televisor al procesar y mostrar una imagen.
Esta diferencia es especialmente importante en videojuegos, donde tanto la conexión de red como el dispositivo de visualización pueden introducir retrasos diferentes. Por eso, cuando hablamos de la respuesta de un televisor o monitor, debemos distinguir entre la latencia de la conexión, la latencia de entrada de la pantalla y el tiempo de respuesta de sus píxeles.
Frecuencia de refresco, latencia y tiempo de respuesta: tres conceptos diferentes
Aunque los tres conceptos están relacionados con el funcionamiento de una pantalla y pueden influir en la experiencia de uso, frecuencia de refresco, latencia y tiempo de respuesta no significan lo mismo.
Frecuencia de refresco
La frecuencia de refresco indica cuántas veces por segundo puede actualizarse la imagen de una pantalla. Se expresa en hercios (Hz).
Por ejemplo, una pantalla de 60 Hz puede actualizarse hasta 60 veces por segundo, mientras que una de 120 Hz puede hacerlo hasta 120 veces.
Latencia o input lag
La latencia de entrada, conocida habitualmente como input lag, es el tiempo que transcurre entre una acción realizada por el usuario y el momento en que esa acción se refleja en la pantalla.
Por ejemplo, al pulsar un botón del mando de una consola, intervienen diferentes procesos antes de que podamos ver el resultado en el televisor. Si el dispositivo introduce un retraso elevado, podemos percibir que la respuesta tarda en llegar.
En videojuegos, especialmente en aquellos que requieren reacciones rápidas, una latencia reducida puede ser importante.
Tiempo de respuesta
El tiempo de respuesta se refiere a la rapidez con la que los píxeles de la pantalla pueden cambiar de un estado a otro. Se suele expresar también en milisegundos (ms).
Un tiempo de respuesta demasiado elevado puede provocar que un objeto que se mueve rápidamente deje una estela o apariencia borrosa detrás de sí, un fenómeno conocido como ghosting.
Por tanto, aunque la latencia y el tiempo de respuesta se expresan habitualmente en milisegundos, no miden el mismo fenómeno.
Las tres diferencias de un vistazo
| Concepto | Qué indica | Unidad habitual |
|---|---|---|
| Frecuencia de refresco | Cuántas veces por segundo puede actualizarse la pantalla | Hz |
| Latencia o input lag | El retraso entre una acción o señal y su representación en pantalla | ms |
| Tiempo de respuesta | La rapidez con la que los píxeles pueden cambiar de estado | ms |
Estos tres factores pueden influir conjuntamente en la percepción del movimiento y en la respuesta de una pantalla. Una frecuencia de refresco elevada no garantiza por sí sola un bajo input lag ni un tiempo de respuesta reducido. Del mismo modo, un monitor o televisor con un tiempo de respuesta rápido no tiene necesariamente una frecuencia de refresco elevada.
Por eso, cuando se comparan pantallas para videojuegos, no basta con fijarse únicamente en el número de hercios. Es necesario tener en cuenta también la latencia, el tiempo de respuesta y las características de la señal que recibe el dispositivo.
¿Tiene relación una mayor frecuencia de refresco con una menor latencia?
La frecuencia de refresco y la latencia son conceptos diferentes, pero sí existe una relación entre ambos. Una pantalla con una frecuencia de refresco más elevada puede actualizar la imagen con mayor frecuencia y, por tanto, reducir el tiempo máximo que puede transcurrir hasta la siguiente actualización.
Por ejemplo, en una pantalla de 60 Hz hay aproximadamente 16,67 milisegundos entre actualizaciones, mientras que en una de 120 Hz ese intervalo se reduce a unos 8,33 milisegundos. Si llega un nuevo fotograma justo después de que la pantalla haya realizado una actualización, en el peor de los casos habrá que esperar hasta la siguiente. Con 120 Hz, ese tiempo máximo de espera es menor que con 60 Hz.
Sin embargo, esto no significa que una pantalla de 120 Hz tenga necesariamente menos input lag que cualquier pantalla de 60 Hz. La latencia total depende de muchos otros factores, como el procesamiento de la señal, el funcionamiento del televisor o monitor, el modo de imagen utilizado y el dispositivo que genera la señal.
Por este motivo, un televisor puede tener un panel de 120 Hz y ofrecer una respuesta muy rápida en su modo Juego, mientras que otro televisor también de 120 Hz puede presentar una latencia mayor. Los hercios indican la capacidad de actualización de la pantalla, pero no constituyen por sí mismos una medida del input lag.
Además, una frecuencia elevada puede resultar especialmente útil cuando la fuente proporciona muchos fotogramas por segundo. Si un ordenador genera 120 FPS y la pantalla funciona a 120 Hz, existe una correspondencia mucho más directa entre los fotogramas generados y las actualizaciones disponibles en pantalla que si esa misma señal se mostrara en una pantalla de 60 Hz.
En definitiva, una frecuencia de refresco elevada puede favorecer una respuesta más rápida y una representación del movimiento más fluida, pero frecuencia de refresco e input lag deben considerarse características diferentes.
¿Es mejor un televisor de 120 Hz que uno de 60 Hz?
Un televisor de 120 Hz tiene una mayor capacidad de actualización que uno de 60 Hz, pero eso no significa necesariamente que vaya a ofrecer una mejor experiencia en todas las situaciones. La importancia de una frecuencia de refresco más elevada depende principalmente del contenido que vayamos a reproducir y del uso que hagamos del televisor.
En videojuegos compatibles, un televisor de 120 Hz puede ofrecer una ventaja importante al permitir mostrar hasta 120 fotogramas por segundo. Esto puede proporcionar una sensación de movimiento más fluida y reducir el tiempo entre actualizaciones, siempre que la consola o el ordenador y el propio juego sean capaces de generar una señal compatible.
También puede resultar útil para la reproducción de diferentes tipos de contenido y para determinadas funciones relacionadas con el procesamiento del movimiento. Sin embargo, para ver películas, series o televisión convencional, disponer de un panel de 120 Hz no significa necesariamente que la imagen vaya a parecer el doble de fluida o que exista una diferencia evidente en todos los contenidos.
Por otro lado, un televisor de 120 Hz no es automáticamente superior en todos los aspectos a uno de 60 Hz. La calidad de imagen depende también de factores como el tipo de panel, el contraste, el brillo, la reproducción del color, el procesamiento de imagen y muchas otras características.
Por tanto, un televisor de 120 Hz ofrece mayores posibilidades, especialmente para videojuegos y determinados usos, pero una frecuencia de refresco más elevada no es por sí sola garantía de una mejor calidad de imagen. Para elegir un televisor conviene valorar el conjunto de sus características y tener en cuenta el uso que vamos a darle.
¿Qué frecuencia de refresco necesito?
La frecuencia de refresco más adecuada depende principalmente del uso que vayamos a dar a la pantalla. Una frecuencia más elevada puede ofrecer ventajas en determinadas situaciones, pero no siempre supone una diferencia importante para todos los contenidos.
Para ver películas y series
Una frecuencia de 60 Hz puede ser suficiente para reproducir películas y series. Sin embargo, muchos televisores actuales incorporan paneles de 120 Hz, que ofrecen una mayor flexibilidad para gestionar diferentes frecuencias de contenido y pueden utilizarse también para otras funciones relacionadas con el movimiento.
Por este motivo, disponer de un televisor de 120 Hz puede ser una ventaja, aunque no resulta imprescindible únicamente para ver películas o series.
Para ver televisión y contenidos habituales
Para la televisión convencional, plataformas de streaming y un uso general, 60 Hz suelen ser suficientes en muchos casos. La mayoría de los contenidos que consumimos habitualmente no requieren una frecuencia de refresco especialmente elevada.
En este tipo de uso pueden tener más importancia otras características del televisor, como la calidad del panel, el contraste, el brillo o la reproducción del color.
Para videojuegos en consola
Un televisor de 120 Hz puede ser especialmente interesante para quienes utilizan una consola compatible y juegan a títulos capaces de funcionar a 120 fotogramas por segundo.
Para aprovechar esta posibilidad, es necesario que la consola, el juego y la conexión utilizada sean compatibles con la señal correspondiente. Además, otras características como un bajo input lag o la compatibilidad con tecnologías de frecuencia de actualización variable también pueden ser importantes.
Para jugar en PC
En ordenadores destinados a videojuegos, pueden resultar interesantes frecuencias superiores a 120 Hz, como 144 Hz, 240 Hz o incluso más.
Sin embargo, para aprovechar estas frecuencias es necesario contar con un ordenador capaz de generar una cantidad elevada de fotogramas por segundo. Un monitor de 240 Hz no ofrecerá todas sus posibilidades si el equipo solo puede ejecutar el juego a 60 FPS.
Por eso, en un ordenador gaming conviene buscar un equilibrio entre la capacidad del hardware, la resolución elegida, los juegos que vamos a utilizar y la frecuencia de refresco del monitor.
No siempre más Hz significa una mejor elección
Una frecuencia de refresco elevada puede aportar ventajas, especialmente en videojuegos y determinados usos, pero no debe ser el único criterio para elegir una pantalla.
Un televisor de 120 Hz puede ofrecer más posibilidades que uno de 60 Hz, pero otros aspectos como la calidad de imagen, el tipo de panel, el contraste, el brillo, la latencia o el uso que vayamos a darle también pueden ser determinantes.
Por tanto, la frecuencia de refresco más adecuada será aquella que se ajuste realmente a nuestras necesidades y al tipo de contenido que vayamos a reproducir.
Preguntas frecuentes sobre la frecuencia de refresco
¿Cuántos Hz son mejores para una pantalla?
No existe una frecuencia de refresco que sea la mejor para todos los usos. Una pantalla de 60 Hz puede ser suficiente para muchas tareas y contenidos habituales, mientras que 120 Hz o frecuencias superiores pueden resultar especialmente interesantes para videojuegos y otros usos en los que se pueden aprovechar tasas de actualización más elevadas.
La elección dependerá también de otros factores, como el dispositivo utilizado, el contenido que vayamos a reproducir y las características generales de la pantalla.
¿Qué diferencia hay entre 60 Hz y 120 Hz?
Una pantalla de 60 Hz puede actualizar la imagen hasta 60 veces por segundo, mientras que una de 120 Hz puede hacerlo hasta 120 veces. Esto significa que una pantalla de 120 Hz dispone del doble de actualizaciones durante el mismo periodo de tiempo.
Sin embargo, para aprovechar esta capacidad es necesario que la señal recibida proporcione suficientes fotogramas. Una pantalla de 120 Hz no convierte automáticamente un contenido de 60 FPS en uno de 120 FPS.
¿Una pantalla de 120 Hz mejora todos los contenidos?
No necesariamente. Una pantalla de 120 Hz ofrece una mayor capacidad de actualización, pero la diferencia dependerá del contenido y de la forma en que se utilice.
Por ejemplo, los videojuegos compatibles con frecuencias elevadas pueden beneficiarse directamente de una mayor frecuencia de refresco. Sin embargo, películas, series o programas producidos a frecuencias inferiores no pasan a tener automáticamente más fotogramas diferentes por reproducirse en una pantalla de 120 Hz.
¿Qué son los FPS?
Las siglas FPS significan frames per second o fotogramas por segundo. Indican la cantidad de imágenes diferentes que una fuente, como una consola, un ordenador o una cámara, genera durante un segundo.
Los FPS no son lo mismo que los hercios de una pantalla. Los FPS indican cuántos fotogramas genera la fuente, mientras que los Hz indican cuántas veces puede actualizarse la pantalla.
¿La frecuencia de refresco afecta al input lag?
Una frecuencia de refresco más elevada puede reducir el tiempo máximo de espera hasta la siguiente actualización de la pantalla y, por tanto, puede contribuir a una respuesta más rápida.
Sin embargo, la frecuencia de refresco y el input lag son conceptos diferentes. La latencia total depende también de otros factores, como el procesamiento de la imagen y el funcionamiento interno del televisor o monitor.
¿Qué significa que un televisor tenga 144 Hz?
Un televisor o monitor de 144 Hz puede actualizar su imagen hasta 144 veces por segundo. Esta frecuencia es especialmente habitual en monitores gaming, aunque también puede encontrarse en algunos televisores.
Para aprovechar una señal de 144 Hz es necesario que el dispositivo conectado, el contenido o videojuego y la conexión utilizada sean compatibles con esa frecuencia.